En 2024, la fotógrafa británica Nima Sarikhani estaba viajando a través de los fiordos noruegos cuando se encontró de frente con una imagen desconcertante: un enorme oso polar dormía sobre un triángulo de hielo que se derretía.
Disparó.
La imagen de Sarikhani ganó premios y dio la vuelta al mundo. Por un momento puso en primera plana una reflexión sobre los devastadores efectos que la emergencia climática tiene sobre el planeta.
Esa misma imagen sirvió de inspiración para que el periodista español Xabier Díaz Cerio, radicado en Perú desde hace más dos décadas, hablara sobre cómo los medios cubren la actualidad ambiental.
"Es evidente que, aunque estamos viviendo la verdad científica más grande en siglos, ésta sigue siendo cuestionada e incluso negada abiertamente en muchos ámbitos. Hay algo entre la investigación y la difusión que no se está haciendo bien", opina Díaz Cerio.
Por eso en los últimos dos años, este periodista, diseñador gráfico y escritor se dedicó a investigar cómo los medios reportan sobre la crisis ambiental y cuáles son los principales errores cometidos y los desafíos en los próximos años.
Los resultados del trabajo los consolidó en su libro Está que quema: Periodismo y ciudadanía frente a la emergencia climática.
"De cada 100 notas que se hacen en el mundo, solo dos tienen que ver con el medio ambiente. Es un porcentaje muy bajo, porque además no hemos comprendido cómo contar esta historia de la forma correcta", señala.
En BBC Mundo hablamos con él para saber más sobre el origen de este libro y la misión que se ha impuesto más allá de sus páginas.
Partamos de lo básico: ¿qué es el cambio climático?
Habrá que decir que la Tierra está sometida al efecto invernadero, algo que es totalmente natural y que básicamente nos permite vivir: la atmósfera de la Tierra es una mezcla de gases que tienen la capacidad de atrapar parte de la radiación infrarroja que el planeta intenta enviar al Universo.
El problema se presenta cuando a este fenómeno le agregamos nuestra actividad desenfrenada y lo calentamos aún más. Y lo que se produce es el cambio climático que estamos viviendo actualmente y que está poniendo en riesgo nuestra posibilidad de habitar este planeta.
¿Por qué hacer un recuento de la historia del cambio climático antes de hablar del problema en sí?
Porque creo que hasta el momento tal vez el reto científico más importante del siglo XXI, tal como destacan encuestas de la Universidad de Oxford y el Instituto Reuters, no ha sido bien contado.
Hay mucho desconocimiento sobre el cambio climático, de lo que realmente es.
Entonces era necesario poner las bases de lo que vamos a hablar. Por ejemplo, que no es un fenómeno nuevo: ya en 1856 se estaba hablando de ello.
Luego durante 100 años prácticamente no se habló del tema hasta 1955, cuando un matemático canadiense hizo un modelo que hacía una predicción, que resultó bastante precisa, y lo llamó cambio climático.
Pero lo que me llamó poderosamente la atención y una de las razones para hacer este recuento es que generalmente cuando se hablaba del tema, se le ponía el micrófono a los políticos, no a los científicos.
Lo que queda claro es que creemos que sabemos del cambio climático, pero a la vez no tenemos una idea común de lo que es realmente.
No sabemos qué es. Por ejemplo, las connotaciones que tiene el concepto de cambio climático normalmente se asocian al calentamiento global.
El calentamiento global es una de las consecuencias, pero tiene muchas más. No solo se calienta el planeta, sino que también hay sequías. Hay lluvias torrenciales. Entonces en el momento de definirlo se decidió que era un "cambio".
No se habló de crisis, porque eso iba a sonar inevitable y la gente se iba a preguntar cómo iba a poder ayudar si ya era algo que no se podía cambiar.
Y ese concepto ahora derivó en "emergencia climática". Pero continuamos sin saber qué es realmente.
Y es ahí donde entra la responsabilidad de los medios, porque creo que no han sabido traducir la evidencia científica hacia el público y sobre todo hacer que las personas entiendan qué es lo que se necesita para afrontar este reto.
Creo que también los medios han sido ineficaces en presionar para que se promuevan políticas efectivas, que las empresas reduzcan sus emisiones, que los gobiernos proclamen leyes que controlen las causas del cambio climático.
Lo que ha pululado ha sido una serie de noticias y reportajes de tono catastrófico, que ha llevado a que la gente se hastíe de la información sobre cambio climático.
De hecho, de acuerdo a varias encuestas, en Reino Unido por ejemplo cerca de 40% de las personas dicen que se sienten hastiadas de la información ambiental. Ahí nos encontramos con otro problema: ya la gente no quiere saber de ello.
En este sentido en el libro dices que "es el acto científico más politizado en el siglo XX". ¿Por qué crees que ocurre esto?
Porque hay un factor económico muy fuerte. El modelo consumista actual lo que hace es explotar recursos naturales y detener esa máquina de producción no es para nada fácil.
Te pongo el ejemplo de la moda: el llamado fast fashion nos obliga casi a usar una prenda nueva cada tanto y los ritmos de contaminación no solo en la producción sino en los desechos de esta industria son enormes.
O el último Mundial de fútbol, cuya huella de carbono es tal vez la más alta de todos los jugados anteriormente.
Pero en el libro señalas que el término "huella de carbono" precisamente fue creado para quitar la responsabilidad de las grandes empresas y depositarla en los individuos.
Sí, por eso te hablo de politización, que no es otra cosa que evadir la responsabilidad o evitar el tema. El concepto de la huella de carbono es el mejor ejemplo de ello.
Fue un concepto creado por la British Petroleum en una campaña de marketing, que lo que hizo fue trasladar la responsabilidad del cambio climático al consumidor.
Entonces en los últimos 20 años nos hemos venido preguntando cómo reducir nuestra huella de carbono en casa, cuando las compañías petroleras, por mencionar una industria, producen un impacto inconmensurablemente mayor.
Eso es parte de esos actos políticos que han desviado toda la atención.
Y, por supuesto, en todo esto hay mucha presión de distintas empresas. No solo del petróleo o de los combustibles. Hablemos de inteligencia artificial y su consumo de agua para poder refrigerar sus servidores. Y el agua es un recurso que cada vez es más escaso.
En el libro dices que parte del problema es que el periodismo ambiental no nace bien, en sus orígenes no tiene forma…
Es que el periodismo ambiental no nace como algo genuino, como la preocupación pública por un tema, sino como una reacción a los problemas geopolíticos y económicos que estaba produciendo el calentamiento global.
Entonces arranca mal.
Entonces, ¿cuáles son los principales problemas que se asocian al cubrimiento de estos temas?
Como decía antes en sentido general, el principal problema es definir qué es: ¿es periodismo ambiental? Entonces tenemos muchos temas de que hablar, no solo del calentamiento y el clima, sino también de biodiversidad, economía circular, reciclaje y mucho más.
Otro problema que encuentro es que no hemos sido capaces y hablo de los medios, de que la gente vea cómo le afecta en realidad.
El cambio climático parece algo invisible, pero necesitamos que me muestren a mí como ciudadano cómo me afecta y por qué es un problema grave.
A esto se suma que hemos sido incapaces de traducir el complejo y denso lenguaje científico en algo más al alcance de todos. No hemos hecho el esfuerzo, porque los científicos sí han hecho su trabajo: no hay forma racional de negar que el calentamiento global está ocurriendo y tiene serias consecuencias.
Ahora el papel de los medios es que la gente entienda sus efectos, pero ¿qué hacemos en vez de eso? Le damos espacio a las personas que niegan sin argumentos serios el cambio climático, bajo el pretexto del falso balance.
En el libro señalas eso precisamente: la incapacidad de traducir lo que dicen los científicos. ¿Cómo se puede resolver o mejorar este problema?
Hay que buscar un punto de encuentro. Y allí radica la principal responsabilidad de los medios. En términos de soluciones posibles creo que el primer punto es hacer una cobertura más humana. Darle un contexto humano a lo que los investigadores científicos han llegado a establecer a través de datos y observaciones.
Que el ciudadano se pueda ver en las historias que contamos sobre otros ciudadanos. Eso significa hacer crónicas, usar la fotografía, el diseño y otras herramientas que tiene el periodismo para acercar el conocimiento científico, para volverlo más amable al público.
Eso tiene un desafío enorme que es que cada vez los medios tienen menos recursos para poder tener redacciones y reporteros en cada lugar donde ocurren los hechos. Cada vez más el periodismo se hace a distancia y eso juega en contra de este contexto humano del que estoy hablando.
Pero eso se contradice un poco con lo que cita precisamente tu libro con una frase del periodista León Anguiano, que dice que hay mucho espectáculo y poco fondo en el cubrimiento de los temas ambientales…
Hay una frase que sustenta lo que él señala: la información es cara, los rumores son baratos.
Es precisamente lo que venimos señalando, que cuando se va a cubrir un tema ambiental, nos quedamos con la tragedia. Y ese abuso lo que hace es que la gente se canse y prefiera consumir este tipo de historias en las redes sociales, donde la información falsa es constante y poco verificada o contrastada.
Una de las cosas que propone el libro, pensando en la nueva narrativa del clima, es que hay que llevar esto a otro terreno y para mí es el terreno del periodismo de soluciones.
Las coberturas sobre temas ambientales deben reflejar el problema pero también deben tener un enfoque de cómo lo solucionamos. Creo que allí está la clave de cómo dejamos de lado esta cobertura "espectáculo" y le damos fondo, profundidad.
Si contamos cómo solucionarlo o contamos casos exitosos ante los problemas ambientales, tal vez seamos más efectivos a la hora de que la gente adopte herramientas para entender y luchar contra el cambio climático. O sea, que ellos emprendan la acción climática.
Dentro de este ánimo, el libro también propone que el periodismo ambiental no debe ser una sección especializada de los diarios o los medios.
El diario británico The Guardian fue pionero en el cubrimiento ambiental. Fue de los primeros en tener una sección especializada y también fue de los primeros que comprendió que el tema ambiental atravesaba todos los aspectos de una sociedad.
No tiene que haber una sección especializada, sino un cubrimiento transversal de cómo nos afecta esta emergencia.
En lo deportivo, por ejemplo, cómo este Mundial fue uno de los más contaminantes de la historia. En lo económico, el impacto de las exportaciones que hace Perú, por ejemplo, de arándanos o de otros productos hacia el hemisferio norte, pensando que cuando se exportan esos productos estamos exportando agua que se necesitó para producirlos. Los países importadores prefieren comprar esos productos y mantener sus fuentes de agua intactas. Y así para todas las áreas.
Entonces lo que nosotros señalamos es que el tema ambiental debería aparecer mucho más en las noticias, en las coberturas de los medios, porque está presente y es transversal, pero no se resalta porque ya existe una "sección" especializada. Eso tiene que cambiar.
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