El pionero médico australiano Richard Scolyer falleció tres años después de ser diagnosticado con un agresivo tumor cerebral.
Scolyer, de 59 años, acaparó titulares internacionales por su decisión de someterse a un arriesgado tratamiento experimental, pionero a nivel mundial, para su glioblastoma, a manos de su amiga, la profesora Georgina Long.
Este tratamiento se basó en los avances científicos de ambos en el cáncer de piel.
Su trabajo sobre el melanoma avanzado, antes considerado una sentencia de muerte, ha salvado innumerables vidas, y los alentadores hallazgos en el tratamiento del tumor cerebral de Scolyer impulsaron un ensayo clínico en fase inicial en Estados Unidos.
"Quería seguir contribuyendo, incluso en mis momentos más difíciles", expresó Scolyer en una carta abierta anunciando su muerte.
"Escribo esta carta como despedida final a todos aquellos a quienes tuve el inmenso privilegio de amar, con quienes compartí las aventuras de la vida, con quienes trabajé y a quienes conocí durante lo que solo puede describirse como una vida llena de felicidad, optimismo, oportunidades y pasión".
El primer ministro australiano, Anthony Albanese, calificó al profesor Scolyer como "una de nuestras mentes más brillantes y una persona de gran corazón".
"Cada día, este hombre extraordinario —el especialista en cáncer que se convirtió en su propio sujeto de estudio— nos brindaba su confianza y, en el proceso, nos inspiraba a todos".
Considerado una de las mentes médicas más respetadas del país, el profesor Scolyer se convirtió en un tesoro nacional. En 2024, fue nombrado Australiano del Año junto con Long.
Como codirectores del Instituto Australiano del Melanoma, durante la última década, la investigación de ambos sobre inmunoterapia —que utiliza el sistema inmunitario del cuerpo para atacar las células cancerosas— ha mejorado drásticamente los resultados para los pacientes con melanoma avanzado en todo el mundo.
La mitad de los pacientes están prácticamente curados, comparado con menos del 10% anterior.
Scolyer también destacó la mentoría de jóvenes patólogos como un motivo de orgullo en su carrera.
"Siempre me ha impulsado la convicción de que todos tenemos la responsabilidad de intentar cambiar el futuro de los demás y dejar el mundo en mejores condiciones… He vivido esa filosofía al máximo".
Convertirse en un "conejillo de indias"
En una entrevista con la BBC en 2024, Scolyer afirmó que se negaba a aceptar su impactante diagnóstico sin hacer nada.
Los glioblastomas, que se encuentran en el tejido conectivo del cerebro, son notoriamente agresivos y el protocolo general para tratarlos —extirpación inmediata seguida de radioterapia y quimioterapia— ha cambiado poco en dos décadas.
La mayoría de los pacientes con el tipo de tumor que padecía Scolyer sobreviven menos de un año.
"No me parecía bien… simplemente aceptar una muerte segura sin intentar nada", declaró el profesor Scolyer.
"¿Es un cáncer incurable? ¡Pues que se fastidie!".
Long estaba igualmente decidida. Pasó las horas posteriores a la noticia del diagnóstico de su amigo lamentando su enfermedad y luego tramando un plan.
En el caso del melanoma, su equipo descubrió que la inmunoterapia funciona mejor cuando se utiliza una combinación de fármacos y cuando se administran antes de cualquier cirugía para extirpar un tumor.
Así, en 2023, el profesor Scolyer se convirtió en el primer paciente con cáncer cerebral en recibir inmunoterapia combinada preoperatoria.
También recibió una vacuna personalizada para las características de su tumor, que potencia la capacidad de los fármacos para detectar el cáncer.
Scolyer y Long sabían que las probabilidades de curación eran mínimas, pero esperaban que el tratamiento experimental prolongara la vida del profesor.
Las exploraciones posteriores parecieron mostrar una respuesta inmunitaria positiva en el cerebro, y un pequeño ensayo clínico está intentando replicar esos resultados.
"¡Esto fue ciencia en acción!", declaró el reconocido cirujano de melanoma John Thompson en un comunicado en homenaje a su amigo.
Al describir a Scolyer como un "joven alegre y sencillo de Launceston" y un científico brillante y reconocido internacionalmente, afirmó: "Será recordado como un australiano verdaderamente excepcional".
Albanese declaró el lunes: "El camino de Richard fue difícil y desafiante. 'Mi camino incierto', como él mismo lo denominó con su característica modestia. Sin embargo, lo recorrió con valentía, determinación y una gracia que siempre fue admirable. La forma en que lo compartió con nosotros fue un acto de profunda generosidad".
A Scolyer le sobreviven su esposa, la también patóloga Katie Nicholl, y sus tres hijos.
En su carta, expresó que tuvo "quizás suerte" de que las repercusiones físicas y cognitivas de su cáncer cerebral le impidieron ser plenamente consciente de su propio deterioro durante estas últimas semanas.
"Escribo esto sabiendo que mi maravillosa familia estuvo a mi lado en todo momento, como lo ha estado durante todo mi proceso oncológico… Son un ejemplo brillante de lo mejor de la humanidad y me llenan de orgullo".
Scolyer, quien documentó su tratamiento en línea, también agradeció a los australianos por las numerosas muestras de cariño.
"Han reído conmigo, llorado conmigo y me han brindado ánimo y apoyo para seguir adelante justo cuando más lo necesitaba. No he endulzado mi experiencia y les agradezco sinceramente que me hayan dado el espacio y la oportunidad de compartirla con ustedes, con sus luces y sus sombras".
Hizo un llamado a los científicos para que sigan siendo valientes e inquisitivos, y a los gobiernos para que financien sus innovaciones.
"Podemos y debemos seguir superando los límites para impulsar el avance en el campo de la oncología".
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