El tránsito de barcos petroleros por el estrecho de Ormuz se ha desplomado en cuestión de días, tras el estallido de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Así lo muestran las imágenes satelitales del tráfico marítimo que se pueden ver en este video.
La importancia estratégica de este angosto paso marítimo entre Irán y el golfo de Omán es enorme: por sus aguas circula aproximadamente una quinta parte del consumo mundial de petróleo y el 25% del petróleo que se transporta por vía marítima.
Además, alrededor del 30% del gas natural licuado del mundo también atraviesa este corredor marítimo.
"El estrecho de Ormuz es el mayor cuello de botella energético del planeta", explicó a BBC Mundo Rafael Pampillón, profesor de Economía de la IE Business School.
La guerra ha frenado de forma abrupta ese flujo. Hasta el 27 de febrero, unos 37 petroleros cruzaban diariamente el estrecho. Pocos días después del inicio de las hostilidades, el número de buques que transitaban por la zona se redujo prácticamente a cero.
En una declaración de este miércoles, un portavoz iraní afirmó que no permitirán que pase "un solo litro de petróleo" por el estrecho de Ormuz con destino a Estados Unidos, Israel y sus aliados.
"Cualquier petrolero que se dirija a estos países será un blanco legítimo", agregó el vocero Ebrahim Zolfaqari.
La paralización del tráfico tiene implicaciones directas para el mercado energético internacional.
Concretamente, impulsa al alza los precios del petróleo, que llegaron a superar los US$100 por barril de Brent y WTI aunque actualmente están en torno a los US$90.
Al respecto, Zolfaqari señaló en su declaración: "Prepárense para que el barril de petróleo llegue a los US$200, porque el precio depende de la seguridad regional que ustedes han desestabilizado".
Un posible bloqueo prolongado del estrecho tendría consecuencias aún más profundas.
Según Pampillón, impedir el paso por esta ruta amenaza con provocar una reacción en cadena en los países productores de la región.
Si los petroleros cargados de crudo no pueden abandonar el Golfo y las instalaciones de almacenamiento se llenan, algunos países podrían verse obligados a cerrar temporalmente los pozos de petróleo.
Un escenario de ese tipo afectaría aún más los precios globales de la energía.
Cerrar los pozos no es una decisión sencilla. A diferencia de un grifo de agua, los pozos petroleros no pueden abrirse y cerrarse con facilidad. Existen importantes dificultades técnicas para detener la producción de forma segura y, sobre todo, para reanudarla.
Además, existe el riesgo de que los pozos pierdan presión si permanecen cerrados durante demasiado tiempo. Esto podría derivar en que nunca recuperen su nivel de producción original, lo que tendría consecuencias duraderas para la capacidad de extracción de los países productores.
El presidente de EE.UU., Donald Trump, ha dicho que "la muerte, el fuego y la furia" caerán sobre Irán si intenta detener el flujo de petróleo.
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