En julio de 1960, Jean Paul Getty organizó una fiesta en la que gastó el equivalente a US$400.000 actuales en Sutton Place, la mansión de estilo Tudor del siglo XVI situada en Surrey, en el sureste de Inglaterra, que había adquirido un año antes.
Al evento asistieron más de 2.000 miembros de la alta sociedad, aristócratas y celebridades, y acaparó los titulares cuando un fotógrafo de prensa demasiado insistente fue arrojado a la piscina.
El magnate petrolero estadounidense, que temía volar y viajar en transatlántico, residió allí hasta su muerte en 1976, a los 83 años. En esa casa, llegó a instalar teléfonos públicos de monedas para que sus invitados no acumularan elevadas facturas de llamadas de larga distancia.
En 1963, Alan Whicker, de la BBC, entrevistó a Getty —conocido por su carácter esquivo— en aquella mansión que había servido como residencia de verano de Enrique VIII.
Getty tenía un santuario privado en el interior de una mansión fuertemente fortificada, donde coleccionaba obras de los grandes maestros de la pintura.
El multimillonario comía en una mesa de casi cinco metros de largo, acompañado únicamente por su perro guardián, un pastor alemán.
Y fue desde esa extensa casa de campo británica —y no desde un rascacielos de Manhattan o el palacio de un potentado en Medio Oriente— desde donde Getty dirigió su vasto imperio petrolero durante sus últimos años.
El hombre más rico del mundo
Getty entró en el Libro Guinness de los Récords como el hombre más rico del mundo en 1966: había ganado su primer US$1 millón a los 24 años, cuando se descubrió petróleo en un yacimiento de su propiedad en Oklahoma.
Para cuando falleció, su fortuna se estimaba en unos US$4.000 millones (equivalentes a US$23.500 millones actuales), y ganaba al día más de lo que una persona promedio ganaba en toda una vida. Una de las máximas del magnate para alcanzar el éxito era: "Levántate temprano, trabaja duro y encuentra petróleo".
En una serie de artículos para la revista Playboy —que más tarde se publicarían como libro bajo el título How to Get Rich (Cómo hacerse rico)—, Getty señaló "la importancia de tener un criterio propio y no dejarse influir por lo que dicen los demás".
Sin embargo, al reflexionar sobre su fortuna en 1963, no lograba determinar con exactitud qué le había permitido amasar sus miles de millones.
"La diferencia entre un empresario de éxito y otro que tal vez no lo tenga, radica en que, para alcanzar un gran éxito, quizá se requieran 37 cualidades distintas; si un hombre posee 35 de ellas, su éxito será más modesto. Pero no sé cuáles podrían ser exactamente esas dos cualidades que faltan".
Cuando Whicker le preguntó por qué él había triunfado mientras otros habían fracasado, respondió: "Realmente no conozco ninguna cualidad que yo posea y que muchos otros no tengan".
Tras mencionar rasgos que él pensaba que compartía con otras personas —como la ética de trabajo, la inteligencia y la imaginación—, añadió con modestia: "Siempre he deseado tener una personalidad más agradable, saber entretener mejor a la gente y ser más hábil en la conversación. Siempre me ha preocupado resultar un poco aburrido como compañía".
A pesar de su reticencia a señalar una clave del éxito en los negocios, reconoció a su padre como un factor fundamental. "Sucedió porque mi padre había construido un negocio muy sólido, un negocio próspero. Yo era hijo único y tuve que continuar con el negocio".
Convertir una casa señorial en una fortaleza
El padre de Getty tuvo un origen humilde, pero en 1903 adquirió 1.100 acres en el territorio indígena de Oklahoma por US$5.000 (equivalentes a US$190.000 actuales) y encontró petróleo.
Cuando falleció en 1930 a los 74 años, poseía una fortuna de US$10 millones (US$200 millones hoy en día).
Metodista y más religioso que su único hijo, dejó a Getty solo US$500.000 (US$10 millones actuales), disgustado porque este ya se había casado y divorciado.
Durante sus cinco matrimonios de corta duración, Getty tuvo cinco hijos, quienes a su vez tuvieron19 descendientes. Uno de esos nietos, John Paul Getty III, fue secuestrado en Italia en 1973.
Ante la exigencia de un rescate de US$16 millones (US$120 millones actuales), su abuelo se negó a pagarlo, argumentando: "Tengo otros 14 nietos y, si pago un solo centavo ahora, acabaré teniendo 14 nietos secuestrados".
El nieto de Getty, de 16 años, permaneció cautivo durante cinco meses; sus captores le cortaron una oreja y la enviaron a un periódico.
Finalmente se pagó un rescate de US$2,8 millones (US$21 millones actuales), pero no se reveló la contribución de Getty.
El multimillonario habló sobre su tacañería en 1963, mencionando anécdotas, como esperar fuera de una exposición canina a que el precio de la entrada bajara dos o tres chelines, o cenar tarde en los restaurantes para evitar pagar el suplemento por la orquesta.
"Nunca tuve la sensación de andar sobrado de dinero", declaró a Whicker. "Si alguna vez vendiera todo… entonces tal vez tendría algo de dinero".
Sin embargo, Getty se rodeó de símbolos de riqueza: la colección de obras de los grandes maestros que albergaba en Sutton Place —su residencia de 72 habitaciones— incluía pinturas del Veronés, Gainsborough, Renoir, Rembrandt y Rubens. Su colección, compuesta por más de 600 piezas, también se encontraba en su rancho de Malibú, el cual abrió sus puertas al público en 1954 como el Museo J. Paul Getty.
Se sintió lo suficientemente amenazado como para fortificar su mansión de estilo Tudor tras adquirirla en 1959, después de años de dirigir sus negocios desde suites de hoteles en Londres y París.
Todas las estancias —incluidos los 14 cuartos de baño— se equiparon con un sofisticado sistema de seguridad, y se colocaron rejas en puertas y ventanas. Se instalaron carteles de "Prohibido el paso" por toda la finca de 300 hectáreas, que contaba con dos piscinas, 30 construcciones, canchas de tenis y un arroyo.
Getty se mostró evasivo sobre qué era exactamente lo que temía y le dijo a Whicker: "No diría que temo nada en particular. Supongo que es simplemente una precaución necesaria". Al insistirle, explicó que podría haber "chiflados… volando el lugar con dinamita" y añadió: "Tengo los perros policía principalmente porque me gustan".
Su nieto, John Paul Getty III, habló de esos temores en una entrevista de 1974 con la revista Rolling Stone, poco después del secuestro. "Muchas cosas le asustan. Por eso permanece en su castillo todo el tiempo, vestido con sus trajes de tres piezas y luciendo una actitud rígida y estirada. Tiene perros de ataque patrullando la finca, un león mascota llamado Nerón que se pasea por allí, además de guardaespaldas y ayudantes. Las vallas que rodean el castillo son eléctricas y tienen alambre de púas en la parte superior".
Los mejores momentos de la vida "no me costaron dinero"
Más allá de su séquito, el multimillonario reservado era un hombre solitario. Sin embargo, en 1963 declaró: "No diría que me haya sentido especialmente solo".
"He estado demasiado ocupado para sentirme solo… como la ardilla en la jaula: corres para mantenerte en el mismo sitio". No obstante, no era una persona particularmente alegre y decía que "las grandes responsabilidades financieras no son garantía de alegría".
Cuando Whicker le comentó que a menudo parecía tan desdichado que la gente debía pensar que su dinero no lo hacía feliz, respondió: "Bueno, supongo que es el efecto de la responsabilidad. Creo que, desde que murió mi padre y me dejó la responsabilidad del negocio, ya no he vuelto a sentir esa vitalidad que tenía antes".
Sobre la carga que supone la riqueza, explicó: "Creo que algunos de los mejores momentos que he vivido no me costaron dinero… estar en la playa, sobre la tabla de surf, esperando a que llegara una gran ola para montarla hasta la orilla, sin gastar ni un centavo. Las olas son gratis. El sol es gratis".
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