El cierre del estrecho de Ormuz representa una "crisis ecológica latente" y una "enorme amenaza internacional para la bioseguridad", según advirtió un equipo internacional de biólogos marinos en un informe publicado en la revista "Biological Invasions".
Los científicos señalan que el hecho de que los buques permanezcan varados durante meses ha dado a las especies invasoras un tiempo sin precedentes para adherirse a ellos.
Una vez que estos barcos reanuden su navegación hacia destinos de todo el mundo, los biólogos afirman que podría desencadenarse un "evento de superpropagación de bioinvasión marina a gran escala".
Según el informe, se estima que unos 1.500 barcos han quedado varados en el golfo Pérsico (el Golfo) desde febrero, a los que se suman cientos más en el golfo de Omán.
El "peor escenario" posible
Muchos microbios marinos, algas e invertebrados se adhieren rápidamente a los barcos y proliferan en ellos cuando estas embarcaciones permanecen inmóviles durante periodos prolongados. Este fenómeno se conoce como "biofouling" (incrustación biológica).
"Existe todo un conjunto de organismos-típicamente invertebrados y algas- que denominamos sésiles o sedentarios, ya que pasan su vida adheridos a una superficie", explica ecólogo marino Mario Tamburri, autor principal del estudio y profesor de la Universidad de Maryland en Estados Unidos.
Tamburri publicó esta advertencia junto con científicos de Estados Unidos, Argentina, Portugal, Arabia Saudita, Nueva Zelanda, Finlandia, Sudáfrica, Canadá e Israel.
Tamburri explica que, siempre que se introduce una nueva estructura en el mar, esta comienza a ser colonizada inicialmente por bacterias y otros microbios que forman una película microbiana.
"Posteriormente, esa película biológica es colonizada por esporas de macroalgas -como los bosques de algas denominados kelp o quelpos- o por larvas de invertebrados -como percebes, gusanos y organismos similares. Estas comunidades crecen y se expanden, ya que requieren superficies duras para desarrollarse".
El golfo Pérsico cuenta con muy poco lecho marino de superficie dura. Su fondo está compuesto principalmente por barro, limo y arena.
Por ello, en cuanto estos organismos encuentran una superficie sólida -como los barcos- a la que adherirse, lo hacen, explica Tamburri.
Dada su posición central en las rutas marítimas mundiales, el Golfo es tanto un lugar al que los barcos transportan estos organismos incrustantes desde otras partes del mundo como un sitio donde las embarcaciones pueden acumularlos mientras permanecen inactivas.
A raíz del cierre del estrecho de Ormuz, un gran número de buques de gran tamaño ha permanecido inactivo durante un periodo muy prolongado.
Los investigadores dicen que se trata de una situación "sin precedentes" en la historia moderna. Por ejemplo, el bloqueo del canal de Suez en Egipto duró seis días en 2021, mientras que el derrumbe de un puente en el puerto de Baltimore en Estados Unidos interrumpió la actividad de unos pocos barcos durante unas 11 semanas en 2024, señala el científico.
Los científicos señalan que los buques en la región del Golfo suelen permanecer en puerto entre uno y tres días antes de zarpar. Agregan que las especies invasoras pueden acumularse rápidamente en los barcos tras periodos superiores a 10 días.
En 2023, la Organización Marítima Internacional recomendó que los buques que hubieran permanecido inactivos durante largos periodos adoptaran medidas para combatir la bioincrustación antes de volver a navegar.
Muchos buques en el Golfo llevan ya meses inactivos.
"Si hubiera que diseñar el peor escenario posible en cuanto a la bioincrustación de buques y la propagación de especies invasoras, no se podría haber ideado nada mejor que esto", afirma Tamburri.
Además, muchos invertebrados marinos y algas se reproducen en respuesta a los cambios estacionales.
Cuando se cerró el estrecho de Ormuz a finales de febrero, las aguas apenas empezaban a calentarse antes de los meses de verano.
"Ese aumento de temperatura suele inducir a los organismos a reproducirse, desovar, crecer y buscar nuevos lugares donde habitar o superficies sobre las que desarrollarse… si este cierre se hubiera producido en pleno invierno, los riesgos habrían sido menores", explica Tamburri.
El informe señala que Amphibalanus improvisus, un percebe de estuarios de gran adaptabilidad que se ha propagado por todo el mundo a través del transporte marítimo y se encuentra en el Golfo, puede liberar hasta 36 larvas por adulto al día a una temperatura de 30 °C.
Es posible que se hayan liberado millones de larvas durante este periodo de inactividad en el golfo Pérsico.
"Es simplemente la magnitud, la escala y el alcance lo que preocupa. Y el radio de acción de los barcos en esta zona, ya que navegan a todas partes", explicaTamburri.
Daños "enormes"
Si estos organismos son transportados a nuevos hábitats, pueden causar daños económicos y ecológicos "enormes", afirma Tamburri.
Pueden desplazar a organismos autóctonos y provocar extinciones locales, afectar a la pesca y la acuicultura, e incluso obstruir los sistemas de enfriamiento de las centrales eléctricas, añade. "Una vez que las especies invasoras se establecen, especialmente en sistemas marinos, resulta muy difícil eliminarlas".
Los autores del informe señalan que estos organismos invasores también pueden transportar parásitos y patógenos nocivos, y que las aguas cálidas de la región del Golfo podrían favorecer la proliferación de cepas resistentes al calor.
Si se introdujeran en otras zonas, estas cepas podrían mostrarse más resistentes que las especies autóctonas ante un futuro aumento de las temperaturas.
Además, la acumulación de organismos incrustantes resulta perjudicial para los propios barcos.
A medida que estos organismos crecen, aumentan el peso de la embarcación y la resistencia al avance en el agua, lo que reduce su velocidad.
"Los barcos terminan consumiendo más combustible para mantener la velocidad", explica Tamburri.
"La simple capa de biopelícula microbiana que crece en el casco puede suponer un gasto de combustible entre un 2 % y un 5 % mayor".
"Si existe una fuerte incrustación biológica, con presencia de percebes y mejillones, el consumo de combustible podría aumentar hasta un 25 %".
Se ha desarrollado pintura antiincrustante que contiene biocidas tóxicos para repeler esta acumulación de organismos marinos no deseada.
"Esas pinturas funcionan bien cuando los barcos navegan con frecuencia… pero no son realmente eficaces cuando las embarcaciones permanecen inactivas durante largos periodos", explica Tamburri, ya que terminan "superadas por la acumulación de incrustaciones biológicas".
Tras tener en cuenta factores como el tráfico marítimo, la duración de las travesías y las condiciones ambientales, los investigadores identificaron varios puertos que podrían ser especialmente vulnerables a la llegada de estas especies.
Entre ellos figuran Yeda (Arabia Saudita), Bombay (India), Colombo (Sri Lanka), Singapur, Alejandría (Egipto), El Pireo (Grecia), Algeciras (España) y Róterdam (Países Bajos). Los puertos con condiciones ambientales similares -como aguas cálidas y salinas- podrían ser "extremadamente susceptibles", señala Tamburri.
Cooperación internacional
Los científicos afirman que, en un escenario ideal, los barcos inactivos deberían limpiarse antes de abandonar el Golfo.
Sin embargo, limpiar la gran cantidad de buques enormes y fuertemente incrustados supone un desafío.
Los expertos destacan la importancia de recoger y eliminar los organismos para evitar que se dispersen en el agua, así como de no desprender la pintura antiincrustante, que contiene toxinas y microplásticos.
Es posible limpiar los barcos y capturar los organismos mediante tecnologías como robótica. Sin embargo, la mayoría de los servicios de limpieza submarina en el Golfo no capturan los residuos, ya que se trata de una práctica relativamente reciente, señala Tamburri.
También existe un problema de capacidad debido a la enorme cantidad de buques con una fuerte acumulación de incrustaciones, añade.
Dada la magnitud del problema, la urgencia de reanudar el transporte marítimo y evacuar a las tripulaciones varadas, así como las diversas limitaciones logísticas, los científicos consideran poco probable que limpiar los barcos adecuadamente antes de su partida sea una solución práctica.
Afirman que la cooperación internacional será fundamental y que los puertos que esperan recibir buques procedentes de la zona deberían estar preparados para limpiarlos a su llegada, a fin de mitigar el riesgo de propagación de especies invasoras.
"Estamos bastante seguros de que la reapertura del estrecho de Ormuz provocará la introducción de organismos no nativos", afirma Tamburri.
"Algunas especies invasoras pueden permanecer en un segundo plano: están ahí, pero pasan inadvertidas o no causan impactos significativos. Otras, en cambio, sí lo hacen".
Los investigadores señalan que la posibilidad de que el problema se convierta en un evento mundial de "gran propagación de bioinvasiones" depende ahora menos de lo que haya crecido en los buques, y más de la futura respuesta internacional.
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