Kelly Díaz cree que su cuerpo sigue funcionando porque está en estado de alerta, porque está convencida de que la vida tiene que vencer.
Responde así al preguntarle cómo saca fuerzas para buscar sobrevivientes junto a un edificio colapsado después de que la mejor amiga de su hija muriera en sus brazos.
La tragedia sucedió en el colegio Nuevo Edén en el sur de Cali, la tercera ciudad más habitada de Colombia y una de las más golpeadas por el terremoto.
La cúpula del edificio se vino abajo.
La niña y una maestra fueron alcanzadas por los escombros y murieron minutos después. Otros niños sufren lesiones graves.
Díaz, psicóloga, es una entre muchos voluntarios movilizados por la ciudad.
Mientras las autoridades y equipos de rescate llegan a los puntos afectados, Díaz resalta la importancia de la ayuda de todos.
Especialmente en colegios como el de su hija, el único edificio impactado en algunas manzanas que parecen intactas.
"Es en esos lugares donde no llegan ni medios ni equipos de rescate, los más pequeños, los que de verdad dan dimensión de todo el dolor que sufrimos", dice la psicóloga.
Díaz recuerda la tragedia y describe la lucha por encontrar sobrevivientes.
"El escenario era desolador"
El lunes en la mañana dejé a mi hija en el colegio.
Estaba caminando de vuelta hacia la casa cuando se sintió un sismo pequeño que en segundos se hizo demasiado fuerte. No era común esa intensidad.
Regresé corriendo hacia la institución, pensando solamente en que mi hija podía estar muy asustada.
Pero al llegar había muchísima gente. El escenario era desolador.
Habían evacuado uno de los salones del colegio hacia fuera, pues se había caído una parte de la cúpula. Es un colegio pequeño, de unos 14 niños por 4-5 salones.
Entre los escombros había dos personas en el suelo.
Una de ellas era la mejor amiga de mi hija, de 10 años. La otra era la docente de su clase.
Inmediatamente ingresé, ya que tengo entrenamiento en primeros auxilios.
Primero revisé a mi hija. Luego a otros alumnos. Tomé signos vitales.
Luego me acerqué al suelo para asistir a la otra niña. Había un charco de sangre. Tenía lesiones en el cerebro.
Ella y la profesora tenían signos vitales, pero no llegaba ayuda.
Entonces no sabíamos que la catástrofe existía en toda la ciudad.
La tragedia en Cali
De acuerdo al alcalde de Cali, Alejandro Éder, hasta este miércoles se habían reportado 74 personas fallecidas y 150 desaparecidas en la ciudad.
Es una rebaja de la estimación de muertes de hace apenas unas horas, que situaba la cifra en 95 decesos.
Con también más de 50 estructuras colapsadas y otras tantas evacuadas por el riesgo de desplome, la capital del Valle del Cauca es una de las zonas más golpeadas por el terremoto, que ha dejado al menos 239 muertos en todo el país.
Se trabaja sin parar para encontrar sobrevivientes.
Por la noche y en las primeras horas del día, cuando hay más silencio, rescatistas y voluntarios apuran esfuerzos para escuchar signos vitales entre los escombros.
Hay expectación y decenas de personas junto a un edificio destruido a pocos metros de la plaza de toros.
Desde debajo de los escombros llegan signos vitales de Martín, un niño atrapado junto a su madre y su abuela.
Tras el trauma del primer día, Kelly Díaz es parte de los trabajadores en la zona.
Se aferra al rescate con vida de Martín para expurgar algo del dolor que la acompaña desde el lunes.
"Un caso invisibilizado"
Las ambulancias no llegaban.
Lo único que se hizo fue esperar a que los padres recogieran a sus hijos golpeados mientras otros atendíamos heridos.
La directiva del colegio estaba en shock.
Fuimos nosotros, voluntarios, quienes levantamos los cuerpos.
La niña grave tenía levedad de movimiento y reacciones, pero es difícil determinar si estaba en estado de conciencia. En los últimos minutos había movimientos reflejos.
Murió en mis brazos. Luego recibimos a su madre.
De esperar por ambulancias, habríamos estado hasta la madrugada.
No éramos prioridad porque era una comunidad pequeña. Son noticias que no salen en medios, que nadie distingue porque fue el único sitio en varias manzanas que no se vio afectado.
Pero otros niños quedaron afectados. Uno tuvo un rasguño en un riñón. A otro le colapsó una vértebra.
Hasta el momento no se conoce de más fallecidos. Esperamos que el resto de niños esté bien.
La importancia de los voluntarios
Como Díaz, decenas, si no cientos, de voluntarios trabajan a destajo por todo Cali.
Excavan con sus manos, evacuán escombros, reparten comida y agua, organizan centros de acopio.
"Es el pueblo quien salva al pueblo", dice Díaz.
"Aquí donde estamos mucho lo hacemos las personas voluntarias. La parte médica, el reparto de insumos, el centro de acopio, la distribución de cascos y recursos. Es lo que podemos hacer en lo que llega más ayuda", afirma la psicóloga.
En la zona que visité en la mañana del miércoles ya habían llegado rescatistas mexicanos, expertos en colarse entre rendijas para buscar personas. Les llaman los Topos de México.
Pero en lo que llegaban fueron voluntarios como Juan A. Carabalí quienes arriesgaron sus vidas buscando sobrevivientes.
Llegó el martes a las 11:00 am desde el municipio de Suárez, en Cauca, a unos 70 kilómetros de Cali.
"No hemos dormido en toda la noche. La labor ha sido entrecortada por los riesgos que corremos, pero nos vamos acercando a posibles sobrevivientes", cuenta Carabalí.
"No paramos porque solo pensamos en el dolor de las familias. Eso es lo que nos mantiene vivos y funcionando", añade Díaz.
Mientras habla, la maquinaria pesada remueve escombros y columnas despedazadas.
Voluntarios y rescatistas hacen piña. Aplauden. Renuevan fuerzas para rescatar a personas como el niño Martín.
Están convencidos de que la vida tiene que vencer.
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