Mientras el Gobierno se declaraba en sesión permanente por la emergencia climática, el Voluntariado Banreservas activó un operativo de asistencia humanitaria en cuatro comunidades golpeadas por las inundaciones: Sabana Perdida y Los Alcarrizos, en la provincia Santo Domingo, e Imbert y Montellano, en Puerto Plata —dos de los municipios más afectados por las lluvias de las últimas semanas.
Los voluntarios y las voluntarias distribuyeron colchonetas, electrodomésticos, artículos para el hogar y kits de limpieza y primeros auxilios a familias que perdieron gran parte de sus pertenencias tras los desbordamientos registrados en los últimos días.
Una respuesta privada en medio de una emergencia nacional
La jornada del banco estatal se produce en un contexto de crisis sostenida: el país acumula más de 45 días de lluvias consecutivas, producto de una vaguada profunda y un sistema frontal estacionario al noroeste del territorio. El Centro de Operaciones de Emergencias (COE) mantuvo a Puerto Plata en alerta roja.
En Los Alcarrizos, donde el Voluntariado Banreservas también intervino, al menos 800 familias resultaron afectadas, según datos recogidos por medios locales. El presidente Luis Abinader recorrió el sector Nuevo Amanecer el pasado 13 de abril y prometió recursos de emergencia para los damnificados.
"Continuaremos en atención"
La doctora Carmen Alicia Quijano de Aguilera, presidenta del Voluntariado Banreservas, encabezó el operativo en Puerto Plata y llamó a la ciudadanía a seguir las orientaciones del COE ante el pronóstico de nuevas precipitaciones.
"Desde el Voluntariado Banreservas reafirmamos nuestro compromiso de acompañar a las comunidades en momentos difíciles. Continuaremos atentos a las necesidades de la población para brindar el apoyo oportuno que requieran", afirmó.
La institución advirtió que se mantendrá en disposición de asistir a nuevas comunidades afectadas, en la medida en que el sistema meteorológico continúe impactando el territorio nacional.
Contexto: una vulnerabilidad estructural
Las inundaciones en zonas como Los Alcarrizos, Sabana Perdida e Imbert no son un fenómeno nuevo. Responden a una combinación de factores estructurales: asentamientos en márgenes de cañadas y ríos, déficit de infraestructura de drenaje y una gestión del riesgo que históricamente ha sido reactiva antes que preventiva. La recurrencia de estos episodios pone en evidencia que la asistencia humanitaria, aunque necesaria, no sustituye las soluciones de fondo que estas comunidades esperan desde hace años.
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