Un therian es un individuo que cree, de manera espiritual o psicológica, que su "esencia" es parcial o totalmente la de un animal, atrapada en un cuerpo humano.
Esta condición, conocida como teriantropía, no se trata de un simple juego de rol ni de una actuación artística, sino de una percepción interna de la propia identidad. Los miembros de esta comunidad experimentan lo que denominan conexión con una especie concreta, a la cual llaman theriotype.
Ante esto, la especialista en crianza con ternura Joselin Rivera, alertó sobre el crecimiento de la subcultura Therian y su posible relación con procesos de construcción de identidad en jóvenes.
En una era marcada por la hiperconectividad y la redefinición constante de paradigmas sociales, ha emergido un fenómeno que desafía las bases tradicionales de la antropología y cuestiona la comprensión de la identidad juvenil: la subcultura Therian. Este movimiento agrupa a personas que afirman poseer una identidad no humana, sintiéndose vinculadas a un animal, al que denominan su “theriotipo”.
De acuerdo con Rivera, lo que muchos interpretan como una moda pasajera en internet o una expresión cultural asociada a nuevas generaciones, podría reflejar transformaciones profundas en la forma en que los jóvenes procesan su lugar en el mundo.
El término proviene del griego thēríon, que se traduce como animal salvaje, y describe una vivencia interna más que una elección estética, en la que el individuo sostiene que su esencia o estructura psicológica corresponde a la de un animal, pese a habitar un cuerpo humano.
El fenómeno ha ganado visibilidad con el auge de redes sociales como TikTok y Instagram, donde el movimiento ha pasado del anonimato de los foros a espacios digitales de alcance masivo. Aunque presenta raíces en Estados Unidos y Europa, su crecimiento en América Latina es acelerado, especialmente en México, Argentina y Chile.
Según la especialista, muchos jóvenes buscan sentido de pertenencia ante la percepción de que instituciones tradicionales como la familia, la escuela o la religión no están supliendo ciertas necesidades emocionales. Desde la psicología clínica, esta identificación podría funcionar como un mecanismo de defensa ante experiencias traumáticas o entornos percibidos como hostiles.
Desde la psicología del desarrollo, Rivera recordó los postulados del psicólogo Erik Erikson, quien planteaba que la identidad se construye en la interacción entre la biología y el reconocimiento social. En este proceso, los padres funcionan como los primeros “espejos” emocionales del niño, determinando en gran medida su percepción de valía personal.
Cuando estos vínculos son débiles o inexistentes, explicó, los jóvenes tienden a buscar validación en comunidades digitales, donde pueden construir identidades alternativas como forma de protección emocional.
Frente a este escenario, shows relevancia el modelo de Crianza con Ternura, promovido por World Vision Latinoamérica y el Caribe, que plantea abandonar la disciplina punitiva y centrarse en la restauración de la dignidad del niño mediante vínculos afectivos sólidos.
Este enfoque, explicó Rivera, fortalece la seguridad emocional y permite que los niños desarrollen una identidad resiliente, basada en la certeza de que su existencia es valorada.
La especialista enfatizó que el fenómeno Therian no debe abordarse desde la burla o la exclusión, sino como una oportunidad para analizar la estructura social actual y los modelos de crianza predominantes.
En ese sentido, recomendó a padres y educadores preguntarse si existe sufrimiento emocional subyacente, aislamiento social o necesidad extrema de validación.
Finalmente, hizo un llamado a las familias y a la sociedad a fortalecer el acompañamiento desde la primera infancia mediante la escucha activa, el diálogo y el vínculo afectivo.
“La identidad sana no significa ausencia de dudas, sino la capacidad de saberse amado a pesar de ellas”, concluyó.
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