La Iglesia católica conmemora este domingo a los fieles difuntos, una fecha dedicada a la oración por las almas de quienes han fallecido. El calendario también recuerda a figuras como el beato Pío Campidelli, san Victorino y la beata Margarita de Lorena.
¿Qué se celebra el 2 de noviembre?
Cada 2 de noviembre, la Iglesia católica celebra la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, conocida popularmente como el Día de los Muertos o Día de las Ánimas.
La jornada está dedicada a recordar a las personas fallecidas y orar por quienes, según la tradición católica, se encuentran en proceso de purificación antes de alcanzar la gloria de Dios.
La Iglesia invita a los creyentes a ofrecer oraciones y buenas obras por sus seres queridos fallecidos, como expresión de fe y esperanza en la vida eterna. Esta conmemoración recuerda también el vínculo espiritual entre los vivos y quienes han muerto.

Santos y beatos del 2 de noviembre
Beato Pío Campidelli
El beato Pío Campidelli nació en una familia campesina humilde e ingresó al seminario pasionista cuando tenía 14 años. Se distinguió por su vida de oración, obediencia y espíritu alegre.
Al tomar el nombre de Pío de San Luis Gonzaga, vivió con humildad y devoción a la Pasión de Cristo. Antes de recibir la ordenación sacerdotal enfermó gravemente de tuberculosis y ofreció sus sufrimientos por la Iglesia y el papa. Murió a los 21 años, dejando un ejemplo de entrega religiosa.

San Victorino
San Victorino fue un obispo de Pettau, ciudad ubicada en la actual Eslovenia, y escritor eclesiástico del siglo III. Según los registros históricos, sufrió el martirio probablemente en el año 303, durante la persecución del emperador Diocleciano.
San Jerónimo destacó su labor como autor de comentarios sobre distintos libros de la Biblia, entre ellos Génesis, Éxodo, Isaías, Ezequiel y el Apocalipsis. Aunque la mayor parte de sus escritos desapareció, se conservan algunos fragmentos atribuidos a su obra.

Beata Margarita de Lorena
La beata Margarita de Lorena fue una noble francesa que, tras enviudar en 1492 del duque Renato de Alençon, asumió la regencia del ducado durante 22 años para proteger los derechos de sus tres hijos.
Durante ese período se distinguió por su labor en favor de los pobres y por impulsar reformas en monasterios de sus territorios. Cuando sus hijos alcanzaron la mayoría de edad, renunció al gobierno, distribuyó sus bienes y se retiró al monasterio de las Clarisas de Argentan.
Allí profesó como religiosa y llevó una vida de austeridad hasta su muerte, ocurrida el 2 de noviembre de 1521.

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