El 5 de abril la República Dominicana conmemora el Día Nacional del Periodista, una fecha que recuerda la fundación del primer periódico del país, "El Telégrafo Constitucional de Santo Domingo" (1821), y que invita a reflexionar sobre la realidad de quienes ejercen este oficio.
Este año, la conmemoración llega marcada por una contradicción. Mientras el Índice Chapultepec 2025 de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) colocó al país en el primer lugar de libertad de prensa entre 23 naciones evaluadas, con 82.17 puntos sobre 100, la experiencia cotidiana de los periodistas dista mucho de ese reconocimiento.
La realidad se resume en agresiones durante coberturas, condiciones laborales precarias y una carga emocional que rara vez recibe atención institucional.
Agresiones en cobertura: cuando informar se convierte en riesgo
El 6 de marzo de 2026, dos periodistas fueron agredidas con gas pimienta por un agente de la Policía Nacional mientras cubrían un caso de presunto maltrato infantil en el sector Alma Rosa, en Santo Domingo Este. Además, los representantes de la prensa que se encontraban en el lugar también fueron amenazados con arma de fuego.
Las comunicadoras realizaban su trabajo en un caso de evidente interés público: una docente de un centro preescolar era investigada por presunto abuso contra una niña de dos años. No había disturbios ni violencia. Solo periodistas informando.
La respuesta institucional fue la suspensión del agente involucrado. Sin embargo, el hecho deja preguntas abiertas: ¿existen protocolos claros para la relación entre autoridades y prensa? ¿reciben los agentes formación sobre el rol del periodismo en una democracia?
Casos como este no son aislados. En los últimos años, gremios como el Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), el SNTP y asociaciones de fotoperiodistas han denunciado agresiones, intimidaciones y restricciones al ejercicio periodístico en distintas partes del país.
El patrón es evidente: en algunos sectores, el periodista sigue siendo visto como una amenaza y no como un aliado de la transparencia.
Las heridas invisibles del oficio
Más allá de las agresiones físicas, existe una dimensión menos visible pero igualmente grave: el impacto psicológico de cubrir tragedias.
En los últimos años, el país ha enfrentado eventos devastadores como la explosión de San Cristóbal en 2023 con decenas de víctimas entre fallecidos y heridos y el colapso del techo de la discoteca Jet Set (2025), que dejó 236 fallecidos.
En ambos casos, los periodistas estuvieron en primera línea: documentando el dolor, entrevistando a familiares, narrando en tiempo real escenas de alto impacto emocional.
Un estudio del Observatorio de Salud Mental y Bienestar de la PUCMM reveló que, tras el caso Jet Set, un 27.9 % de la población presentó síntomas depresivos, un 21.7 % ansiedad severa y un 14.1 % señales de estrés postraumático.
Si esos efectos impactaron a quienes observaron la tragedia a distancia, el impacto en quienes la vivieron directamente como parte de su trabajo es aún más profundo.
A pesar de esto, en República Dominicana no existe un sistema permanente de acompañamiento psicológico para periodistas.
Una deuda institucional pendiente
Aunque el país ha dado pasos en materia de salud mental, como la habilitación de la línea 811 en febrero de 2026, estos avances no responden de manera específica a las necesidades del gremio periodístico.
El desafío es estructural y requiere acciones concretas:
- Protocolos claros de interacción entre Policía y prensa, con formación obligatoria para agentes.
- Programas permanentes de salud mental para periodistas, enfocados en trauma y estrés postraumático.
- Sanciones efectivas ante agresiones, más allá de medidas administrativas.
- Compromiso de los medios de comunicación, garantizando apoyo psicológico tras coberturas de alto impacto.
Más que una conmemoración
El periodismo dominicano ha sido, desde sus inicios, un ejercicio de valentía. Desde 1821 hasta hoy, su esencia sigue siendo la misma: informar, cuestionar y dar voz a lo que muchos prefieren ocultar.
Sin embargo, este oficio no puede sostenerse solo sobre vocación.
En este Día Nacional del Periodista, más que discursos y reconocimientos, queda una pregunta clave:
¿estamos realmente protegiendo a quienes garantizan el derecho a la información?
Compartir esta nota
