Monseñor Héctor Rafael Rodríguez evitó profundizar en el tema, pero dijo que la palabra “corrupción” ya no quiere mencionarla porque “siempre sale un bendito rumor”. Ante el presidente, advirtió que así “no se hace patria” y llamó a un patriotismo basado en el servicio, la solidaridad y el respeto a la dignidad humana.
De esta manera, el arzobispo de Santiago lanzó este lunes un mensaje con tono crítico sobre el clima de rumores y desconfianza en el país, al aludir a la corrupción y advertir que ese tipo de prácticas y actitudes “no” contribuyen a la vida democrática ni a la construcción de la nación.
“La corrupción es una palabra que ya yo no quiero mencionar en ningún escenario, pero es que no me dejan tranquilo”, afirmó entre risas, antes de insistir en que “siempre, siempre sale un bendito rumor que no deja a uno tranquilo”. En ese marco, y en presencia del mandatario, remarcó: “Parece que es un tema serio, señor presidente”.
Rodríguez evitó entrar en detalles o formular señalamientos concretos, pero dejó planteada la gravedad del asunto y sus efectos sobre la convivencia. “No nos dejan tranquilos, ¿verdad? Entonces, por ahí no se hace patria, por ahí no mantenemos la auténtica libertad con esas actitudes”, sostuvo, vinculando el impacto de los rumores y la sospecha permanente con el deterioro del debate público.
En la segunda parte de su reflexión, el arzobispo corrió el foco hacia una definición de patriotismo anclada en valores sociales y en la doctrina cristiana. “El verdadero patriotismo nace del amor, del sacrificio y del servicio”, dijo, y citó a San Pablo para reforzar la idea de “vivir según el espíritu”, entendida como la obligación de “construir una sociedad donde reine la justicia, la solidaridad y el respeto a la dignidad humana”.
También cuestionó una mirada reducida del civismo limitada a la conmemoración de efemérides. “Ser patriotas hoy no es solo recordar el 27 de febrero, el 30 de marzo, el 19 de marzo, el 16 de agosto, la restauración, no es solo eso”, enumeró, en referencia a fechas históricas. En contraste, planteó que el patriotismo debe expresarse en decisiones y acciones concretas: “Ser patriota hoy es comprometernos con el bien común, especialmente con los más pobres y vulnerables”.
Con esa apelación, Rodríguez cerró un mensaje que combinó una advertencia política —sin acusaciones directas, pero con una señal clara al presidente— con un llamado social orientado a recomponer la confianza y priorizar a los sectores más postergados como medida de la calidad democrática y del rumbo del país.
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