Nicole Haddad, investigadora y especialista en educación del carácter de la Universidad Francisco de Vitoria (España), fue una de las voces internacionales de la primera Semana del Carácter organizada en República Dominicana. Su mensaje fue directo: este enfoque produce efectos positivos tanto en el rendimiento académico como en el comportamiento de los estudiantes.
"Hoy hay colegios y universidades que se unen porque ven en ello la posibilidad de que los alumnos florezcan, para que no sean solo grandes profesionales, sino grandes personas", afirmó Haddad durante su participación en el encuentro. Para la especialista, ese florecimiento no ocurre sin un trabajo deliberado sobre las virtudes, que define como "el eje central de la educación del carácter".
Un modelo con raíces en la crisis social británica
La educación del carácter no es una corriente nueva. Haddad sitúa su expansión contemporánea en Inglaterra, en 2011, cuando una serie de disturbios sociales empujó al sistema educativo a buscar respuestas más allá del currículo académico tradicional. Desde entonces, el modelo se consolidó como la vertiente práctica de la ética de la virtud y la psicología positiva, dos disciplinas que, combinadas, proponen que el carácter se puede enseñar, practicar y fortalecer.
La pregunta que Haddad lanza a los docentes resume la filosofía del enfoque: ¿qué tipo de persona querés que sea tu alumno cuando termine sus estudios? La respuesta, sostiene, debería guiar cada decisión pedagógica.
Virtudes, talentos y sociedad
Para Haddad, el objetivo no es producir estudiantes obedientes ni moldear personalidades, sino acompañar a cada alumno en el descubrimiento de sus fortalezas y ponerlas al servicio de la comunidad. Los valores y principios, en ese marco, no son contenidos que se memorizan sino hábitos que se construyen con el tiempo.
La especialista ve en la Semana del Carácter dominicana una señal de que la región avanza en esa dirección. Instituciones educativas de distintos niveles, dice, empiezan a reconocer que la formación académica y la formación humana no compiten entre sí: se refuerzan.
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