En una sociedad donde la figura paterna suele asociarse con el rol de proveedor y protector, el especialista en salud y bienestar Bernabé Lagrule considera que ha llegado el momento de cambiar esa visión. A su juicio, los hijos no necesitan un padre perfecto, sino uno presente.
Con más de 20 años acompañando a hombres en procesos de transformación física y emocional, Lagrule asegura que detrás de quienes buscan bajar de peso, aumentar masa muscular o controlar enfermedades, con frecuencia hay cargas mucho más profundas que las visibles.
"El verdadero peso que muchos hombres cargan está en su corazón"
"He comprobado que muchos llegan diciendo que quieren bajar de peso o mejorar su condición física, pero después de unos minutos de conversación descubro que el verdadero peso que cargan no está en su cuerpo, sino en su corazón", afirma.
Según explica, detrás de muchos casos existen el estrés de sostener económicamente a una familia, el temor de no sentirse suficientes, la culpa por el tiempo que no pudieron dedicar a sus hijos y heridas emocionales que arrastran desde la infancia.
Para Lagrule, una de las mayores dificultades ha sido el modelo de masculinidad con el que crecieron generaciones de hombres.
"Nos enseñaron que llorar era sinónimo de debilidad, que debíamos resolverlo todo solos y que el valor de un padre se medía por lo que era capaz de proveer. Pero ser padre nunca ha sido solo llevar dinero a la casa".
La historia personal que cambió su forma de ser padre
El especialista comparte nació con escasa presencia paterna y recuerda que vio por primera vez a su padre junto a su madre cuando tenía siete años. Dos años después, asegura, vivió uno de los momentos más difíciles de su infancia al ver cómo este se alejaba de la familia, integrada por seis hermanos.
Con el paso del tiempo tomó una decisión que, según afirma, transformó su vida: perdonar.
"No porque estuviera de acuerdo con lo que ocurrió ni porque el dolor desapareciera de inmediato, sino porque entendí que el resentimiento termina encarcelando a quien lo guarda. El perdón libera mucho más al que perdona que al perdonado".
Ese proceso también estuvo acompañado por una promesa personal: romper el ciclo.
"Mis dos hijos han tenido un padre presente, aunque no perfecto. La perfección no existe, pero sí existe la decisión de estar en los momentos importantes, escuchar, corregir con amor y acompañar", expresa.

"Ser papá no siempre depende de la sangre"
Lagrule asegura que la vida también le permitió convertirse en una figura paterna para algunos de sus hermanos y sobrinos, experiencia que reforzó una convicción.
"Ser papá no siempre depende de la sangre; muchas veces depende de la presencia, del ejemplo, de la protección y del amor que decidimos ofrecer", sostiene.
A su juicio, el pasado puede explicar la historia de una persona, pero no debe convertirse en la justificación para repetir los mismos patrones familiares.
La salud también forma parte de la paternidad
Desde su experiencia profesional, advierte que cada vez observa más padres afectados por obesidad, diabetes, hipertensión, ansiedad, agotamiento, bajos niveles de testosterona y otros problemas de salud que, en muchos casos, pudieron prevenirse.
Muchos, explica, retrasan sus chequeos médicos o abandonan la actividad física porque consideran que primero están las responsabilidades familiares.
Sin embargo, insiste en que cuidar la salud también es una responsabilidad con los hijos.
"Entrenar no es un acto de vanidad; es una decisión de amor. Alimentarse mejor no es una moda, sino una inversión para poder disfrutar más cumpleaños, graduaciones, conversaciones y abrazos".
Añade que dormir adecuadamente, controlar el estrés y atender la salud mental también forman parte del compromiso de ser un padre presente.
Un mensaje para este Día de los Padres
Con motivo de la celebración, Bernabé Lagrule también dirige unas palabras a quienes recordarán a sus padres desde la ausencia.
Afirma que el amor permanece en los valores, enseñanzas y ejemplos recibidos, incluso cuando la persona ya no está físicamente.
Asimismo, envía un mensaje a quienes sienten que cometieron errores durante la crianza de sus hijos.
"Nunca es tarde para pedir perdón, reconstruir una relación, hacer esa llamada pendiente o dar el abrazo que se ha pospuesto durante demasiado tiempo", señala.
Finalmente, invita a que el Día de los Padres vaya más allá de los regalos materiales.
"Más que una corbata, un reloj o un perfume, regalemos tiempo, una conversación sin distracciones y un abrazo sincero. Y si eres padre, hazte también un regalo: comprométete a cuidar tu cuerpo, tu mente y tu espíritu. La mejor herencia que puedes dejarles a tus hijos no es una cuenta bancaria, sino el privilegio de haber compartido la vida contigo".
Compartir esta nota
