Un informe de Nature World News, publicado el 15 de abril de 2026, confirma lo que muchos dueños de mascotas han intuido durante siglos: los perros son los primeros animales domésticos en reaccionar ante señales sísmicas previas a un terremoto, superando en reactividad a gatos y aves.

La razón, según el reporte, radica en una combinación única de agudeza auditiva, capacidad olfativa y sensibilidad a los campos electromagnéticos.

Una ventaja sensorial sin igual

El estudio destaca que los perros poseen un sistema sensorial extraordinariamente afinado que les permite captar perturbaciones imperceptibles para el ser humano. Su oído, capaz de registrar frecuencias muy por encima del rango humano, les permite percibir las ondas P —las primeras en propagarse durante un sismo— antes de que lleguen las más destructivas ondas S.

A esto se suma su olfato, que podría detectar cambios en los gases liberados por el suelo ante la presión tectónica, y una aparente sensibilidad a las variaciones en los campos electromagnéticos que preceden a los movimientos telúricos.

Frente a ellos, gatos y aves también muestran comportamientos anómalos antes de los terremotos, pero de manera menos consistente y con menor anticipación, según el informe.

Adaptación en zonas de alto riesgo

Uno de los hallazgos más relevantes del reporte es que los perros que habitan en zonas sísmicas activas parecen volverse más reactivos a estas señales con el paso del tiempo.

Este fenómeno apunta a un posible componente de aprendizaje o adaptación ambiental: los animales que conviven de manera prolongada con la actividad sísmica desarrollarían una especie de «memoria» ante los estímulos que preceden a los temblores.

Este dato abre una línea de investigación de gran interés para la comunidad científica, ya que podría sentar las bases para el desarrollo de sistemas de alerta temprana que integren el comportamiento animal como variable complementaria a los instrumentos sismológicos convencionales.

Un debate científico con siglos de historia

Los relatos sobre animales que se comportan de manera extraña antes de un terremoto se remontan a la Antigüedad. Textos griegos y chinos ya documentaban estas observaciones, y en la actualidad las redes sociales amplifican cada nuevo episodio.

Sin embargo, la ciencia ha tardado en validar estos testimonios con metodología rigurosa.

El informe de Nature World News forma parte de una tendencia creciente de estudios que buscan separar el folklore de la evidencia empírica, y sus conclusiones refuerzan la idea de que el comportamiento animal puede ser una herramienta valiosa —aunque no infalible— en la detección temprana de sismos.

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