Este año se han producido dos acuerdos en el sector de los medios de comunicación lo suficientemente audaces como para transformar la huella estratégica y financiera de las compañías involucradas. El mercado detesta ambos. La falta de entusiasmo por la compra de Warner Bros. Discovery por parte de Paramount Skydance en febrero, por 111 000 millones de dólares, claramente se refleja en un precio de las acciones que se mantiene a la mitad de los máximos de 2025, así como en ocho recomendaciones de «vender» de Wall Street frente a solo dos de «comprar». Este mes, la adquisición de Roku —la plataforma de televisión por streaming, o transmisión en línea, por parte de Fox Corporation, por 22 000 millones de dólares— fue seguida por una caída del 25 % en las acciones de la empresa compradora.
Estas críticas negativas no son, o no solo son, un cuestionamiento de la lógica de estos acuerdos, sino que también reflejan la larga y ardua transformación de la industria televisiva, la cual aún está lejos de completarse, incluso cuando otra ola de cambios está a punto de arrollar al sector.
Para mezclar metáforas: la televisión por cable en EE. UU. solía ser una gallina de los huevos de oro, y ahora es un pastel económico que se está encogiendo. Los consumidores solían pagar una elevada cuota mensual por un paquete de docenas de canales lineales. Los «huevos de oro» provenían de obligar a los clientes a pagar por canales que apenas veían. Si querían el mejor contenido —deportes en ESPN, películas en HBO, noticias en Fox— tenían que comprar una larga lista de canales poco conocidos. La publicidad también se vendía asociada a todo el paquete. Era un negocio estable y de alto margen. Los estudios y los distribuidores se beneficiaban, y el cliente aceptaba lo que le daban.
El servicio de streaming de Netflix ofrecía algo mejor: entretenimiento ilimitado disponible cuando se requería, con un amplio catálogo y a un bajo precio (aunque ahora está aumentando). En respuesta a esto, los clientes han ido abandonando el antiguo modelo: hoy en día, 62 millones de hogares estadounidenses cuentan con una suscripción a la televisión de pago tradicional, 3,5 millones menos que hace un año y 36 millones menos que hace una década, según MoffetNathanson Research.
Los antiguos estudios de producción y los distribuidores han experimentado con diversos modelos nuevos, y han optado por mantener sus negocios lineales, cada vez más reducidos, para generar efectivo, al tiempo que invierten en sus propios servicios de streaming a pedido: HBO Max, Paramount+, Disney+, entre otros. Pero el pastel económico se está reduciendo. Un suscriptor del servicio de streaming genera menos ingresos y ganancias que un suscriptor de cable. Y a las compañías tecnológicas como Apple y Amazon también les gusta el negocio de producir y transmitir contenido por streaming. La competencia hará que los precios se mantengan bajos. La industria nunca volverá a ser tan rentable como antes.
Para los espectadores, esto es motivo de celebración. La televisión por cable era una mala oferta. Netflix se quedó con una parte de las ganancias del oligopolio y se la devolvió a los consumidores. Para la industria, sin embargo, esto la ha obligado a tomar difíciles decisiones. La transmisión por streaming de contenido original solo es rentable de manera sostenible a gran escala. Paramount+ no contaba con eso, por lo que fusionarse con HBO Max, mediante la compra de Warner Discovery, se convirtió en una necesidad para Paramount Skydance. Esto las llevó a pagar en exceso. Incluso Fox, cuya combinación de deportes y noticias ha demostrado ser el modelo de distribución más sólido y sostenible entre los antiguos, tuvo dificultades con la percepción de que carecía de un puente hacia el mundo poscable. Por eso pagó más de lo esperado por Roku, lo que le proporcionó un popular sistema operativo de televisión que conecta a los hogares con diversas plataformas de streaming, además de un servicio gratuito de streaming con publicidad para combinarlo con el suyo propio.
Con el tiempo, la industria alcanzará un nuevo equilibrio estable con un nivel de ganancias más bajo, tal vez con menos participantes. La pregunta es si este equilibrio servirá de manera óptima a los clientes; la situación actual no lo hace.
La mezcolanza de plataformas operadas por creadores de contenido, compañías de telecomunicaciones y grupos tecnológicos ha dejado a los espectadores con una experiencia de usuario fragmentada, confusa y frustrante: múltiples controles remotos; un Apple TV en la sala, un Roku TV en el sótano y una tercera configuración en computadoras portátiles y celulares; y tener que alternar entre múltiples suscripciones en busca de programas. Los aficionados al deporte son los que peor la pasan, persiguiendo a sus equipos de una plataforma a otra. Sí, algunas plataformas de distribución digital (Apple, Charter, Amazon) agrupan diversos canales lineales y opciones de streaming en un solo paquete por un precio único, pero los clientes aún tienen que cambiar de una a otra, y los productores de contenido de mayor calidad tienen un incentivo para mantenerlo en sus propias plataformas, lo que garantiza que la industria siga siendo un caos. Esto es casi suficiente como para hacer que una persona extrañe el oligopolio de ABC, NBC y CBS: un mundo con menos opciones, pero que, en comparación, era un placer usar.
Mientras tanto, los hábitos de consumo audiovisual de los jóvenes —impulsados por los medios sociales— le están dando paso a un nuevo grupo de competidores por la «puerta lateral». Según MoffetNathanson, YouTube ahora tiene la segunda mayor cuota de audiencia televisiva total, extremadamente cerca de la de Paramount y Warner juntas. Los videos cortos, al estilo de TikTok, han dado lugar a los «microdramas»: programas con episodios de uno o dos minutos de duración dirigidos a quienes pasan habitualmente tiempo desplazándose por Internet. Estos «microdramas» ya son un gran negocio en China. Como ha señalado Laurent Yoon, de Bernstein, formatos similares les permitirán a las plataformas de medios sociales robarles audiencia a las plataformas de streaming. Si a esto le sumamos la producción con inteligencia artificial (IA), la cual está mejorando rápidamente, tenemos la fórmula para aún más opciones, repartidas en un panorama de la industria aún más fragmentado.
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