A simple vista, el centro de San Cristóbal parece haber retomado su movimiento habitual. Los negocios están abiertos, las personas recorren nuevamente sus calles y, en el terreno donde funcionaba Vidal Plast, se construye actualmente un parqueo municipal.

Sin embargo, basta detenerse y observar con mayor atención para comprobar que la explosión del 14 de agosto de 2023 todavía permanece sobre el territorio.

En los alrededores de la denominada zona cero quedan infraestructuras quemadas, paredes golpeadas y edificaciones que conservan señales de la onda expansiva y las llamas. Son rastros que conviven con los trabajos de construcción y con los comercios que intentaron levantarse después de perder mercancías, equipos y parte de sus instalaciones.

Un parqueo sustituye el antiguo escenario

El espacio donde ocurrió la explosión ya no luce como hace tres años. En el terreno se ejecutan los trabajos para levantar un parqueo municipal, una obra que modificará el entorno donde funcionaba el antiguo Mercado Viejo y donde se encontraba el local vinculado a Vidal Plast.

La intervención representa el cambio físico más visible en la zona. El mercado no fue reconstruido para recuperar su antigua configuración comercial; el terreno está siendo destinado a un proyecto diferente para hacer frente a la poca disponibilidad de estacionamientos en la concurrida zona.

Mientras avanza la obra, las edificaciones cercanas cuentan otra parte de la historia. Algunas fueron reparadas y pintadas, pero otras todavía presentan quemaduras, grietas, deformaciones y golpes provocados por la explosión.

La tragedia dejó 38 personas fallecidas, decenas de heridos y nueve edificios destruidos, de acuerdo con los datos presentados al comenzar el juicio de fondo contra los propietarios de Vidal Plast.

Los negocios abrieron, pero las deudas permanecen

Los comerciantes afectados declaran que recibieron de las autoridades una ayuda de RD$50,000, según relataron durante el recorrido. Aunque el aporte les permitió atender algunas necesidades inmediatas, aseguran que resultó insuficiente frente a la magnitud de las pérdidas.

Para reponer mercancías, reparar los establecimientos y reiniciar sus operaciones, varios tuvieron que solicitar préstamos. Por eso, aunque las puertas volvieron a abrir, parte de la reconstrucción se realizó mediante deudas que todavía pesan sobre los propietarios.

La normalidad visible, explican, no necesariamente representa una recuperación económica completa.

José Altagracia y Bernardo Castillo, propietarios de una pequeña sastrería ubicada a pocos metros de la zona cero, aseguran que el comercio no volvió a ser el mismo después de la explosión. Su negocio continúa funcionando, pero ambos perciben un cambio en la actividad económica del entorno.

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José Altagracia y Bernardo Castillo hacen todo lo posible para mantener su sastrería en pie, tras endeudarse para realizar las reparaciones del local y reparar sus equipos tras la explosió. Fotografía por: José Hadonis Cuesta, Acento.

Su experiencia coincide con la de otros propietarios que lograron reabrir, aunque no han recuperado el nivel de movimiento que tenían antes de la tragedia.

“Todavía estamos sufriendo”

El impacto tampoco puede medirse únicamente por las pérdidas materiales. Para quienes trabajaban diariamente en el Mercado Viejo, la explosión también significó la ausencia de clientes, vecinos y comerciantes con quienes compartían la rutina.

Guarionex Castillo, quien continúa atendiendo su cafetería en la zona, explica que la pérdida más profunda no fue económica.

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Guarionex Castillo relata lo difícil que ha sido enfrentar la nueva realidad del centro de San Cristóbal después de la explosión. Fotografía por: José Hadonis Cuesta, Acento.
“La pérdida de esa gente nos hizo falta. No tanto porque vinieran a comprarle a uno, sino porque son seres humanos que dejaron sus hijos huérfanos y todo eso. En fin, todavía estamos sufriendo”, expresó.

Su testimonio muestra que detrás de los negocios reparados permanece una comunidad marcada por las muertes y por el recuerdo de quienes formaban parte de la vida cotidiana del lugar.

La reconstrucción física avanzó primero

El proceso judicial por la explosión comenzó su etapa de juicio de fondo el 22 de mayo de 2026 ante el Tribunal Colegiado de San Cristóbal. En las primeras audiencias, familiares de las víctimas volvieron a relatar sus pérdidas y reclamaron que sean determinadas todas las responsabilidades.

A pocos días de cumplirse tres años de la tragedia, todavía no existe una sentencia definitiva.

El centro de San Cristóbal ha cambiado. Donde ocurrió la explosión se levanta un parqueo, los comercios reabrieron y la circulación regresó a las calles. Pero las estructuras quemadas, los préstamos asumidos y la reducción de la actividad comercial muestran que reconstruir el espacio no ha significado reparar todas las consecuencias.

Abraham Marmolejos

Periodista, docente y estratega de comunicación, con experiencia en medios digitales, periodismo de investigación y creación de contenido.

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