El actor mexicano Eduardo Verástegui anunció un aporte de US$100 mil para impulsar la construcción de un templo dedicado a la Virgen de los Dolores en el lugar donde colapsó la discoteca Jet Set, en Santo Domingo. En una intervención centrada en el duelo, la fe y la memoria de las víctimas, el artista pidió que el sitio no quede fijado únicamente como una marca de tragedia, sino que se convierta en un espacio de consuelo para las familias.
“No soy dominicano, soy mexicano. Pero bien sabemos que el dolor no tiene nacionalidad y el amor tampoco”, dijo al iniciar su mensaje, aludiendo a amistades dominicanas que perdieron seres queridos. En su relato, Verástegui describió haber visto “de cerca ese dolor profundo, silencioso”, ese que —señaló— no siempre puede explicarse con palabras.
La intervención ocurrió en un contexto de conmemoración: “Hoy es un día que pesa en el alma”, afirmó, y subrayó que el recuerdo reabre la herida porque “recordar es volver a amar”. A un año de lo ocurrido, evocó las ausencias que persisten en los hogares: “Hay sillas vacías en muchas casas… hay abrazos que ya no se pueden dar… hay palabras que quedaron sin decir”.
Lejos de un tono triunfalista, Verástegui remarcó que no pretendía ofrecer consuelos simplistas. “No vengo a dar respuestas fáciles, no vengo a decir ‘todo está bien’, porque no lo está”, sostuvo. En cambio, enmarcó su mensaje en una convicción religiosa: “El dolor no tiene la última palabra… la última palabra la tiene Dios”. Tras esa idea, enfatizó una visión de esperanza: “esa palabra es vida… es amor… es resurrección”.
Convertir el lugar del dolor en un sitio de consuelo
El centro de su propuesta fue transformar el espacio donde ocurrió el derrumbe en un punto de encuentro espiritual y comunitario. “Que este lugar no se quede como un símbolo de tragedia… que no sea recordado solo por la oscuridad”, planteó, antes de llamar a encender “la luz” allí donde hubo sufrimiento.
En ese marco, invitó a mirar la figura de la Virgen María como madre que acompaña el duelo. Recordó a “la Virgen María… al pie de la cruz”, como imagen de quien atraviesa el dolor sin perder la confianza. “Ella sabe lo que ustedes sienten”, expresó, al describir un acompañamiento espiritual para quienes continúan procesando la pérdida.
Luego formuló explícitamente su iniciativa: propuso —“salvo su mejor opinión”, dijo, dirigiéndose a la Iglesia— que el lugar sea donado para construir allí una capilla dedicada a Nuestra Señora de los Dolores. La describió como “un lugar sagrado”, donde las familias puedan “orar, llorar, recordar y también sanar”, además de mantener viva la memoria de quienes murieron: “un lugar donde nunca se olvide a quienes partieron”.
La intervención fue recibida con aplausos en distintos momentos, especialmente al presentar la idea del templo. El mensaje cerró con una invitación a que la comunidad transforme el sitio, no para borrar lo ocurrido, sino para resignificarlo: que donde hubo muerte “haya vida”, y donde hubo oscuridad “encendamos la luz”.
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