"Estas son algunas cosas que ahora hago en bikini y que antes no habría hecho: uno, ponérmelo; dos, comer con él puesto; tres, sentarme con él puesto". Así lo dijo la comediante Riona O’Connor en un video viral reciente, dándole una suave palmadita a su abdomen con una sonrisa.
Este era un mensaje alegre de empoderamiento para otras mujeres: la preocupación por el peso está en nuestras mentes. Tenía tantas ganas de creerlo. Pero, lamentablemente, nuevas pruebas sugieren lo contrario.
La mayoría de la gente sabe que las personas más ricas tienden a ser más delgadas. Lo que no se suele tener en cuenta es que esta brecha está impulsada en gran medida por las mujeres.
Según datos recopilados entre 2021 y 2023, el tercio más pobre de las mujeres en EE. UU. presentaba una tasa de obesidad 14 puntos porcentuales más alta que el tercio más rico. En el caso de los hombres, la brecha era de menos de un punto porcentual. En Europa, las tendencias son similares.
Esta desigualdad plantea la posibilidad de que el peso no sea simplemente una consecuencia de la pobreza, sino también un factor que la impulsa. Si el sobrepeso merma la confianza de las mujeres, eso podría limitar su capacidad de generar ingresos.
O si los empleadores discriminan especialmente a las mujeres con sobrepeso, tener más peso podría reducir los ingresos. Lamentablemente, un estudio reveló que, mientras que las mujeres con sobrepeso sufren una penalización salarial en ocupaciones que implican hablar en público, los hombres con sobrepeso no la sufren.
La reciente revolución de los medicamentos GLP-1 ofrece ayuda a las mujeres que tienen dificultades con su peso y les da a los economistas la oportunidad de explorar los efectos del cambio de peso.
Un nuevo estudio realizado por Rebecca Diamond, de la Universidad de Harvard, compara a las mujeres que toman medicamentos GLP-1 para bajar de peso con aquellas que deseaban hacerlo, pero aún no habían comenzado.
Diamond observa efectos sorprendentes. Después de 18 meses, las mujeres que toman medicamentos GLP-1 y que al inicio no tenían empleo presentan tasas de empleo 27 puntos porcentuales más altas que las mujeres sin empleo que, por lo demás, son similares, pero que no toman estos medicamentos.
En el caso de las mujeres que al inicio ya tenían un empleo, su tasa de empleo desciende ligeramente y, aunque los efectos sobre los ingresos no están claros, los datos sugieren que los ingresos de sus hogares aumentan un 10 por ciento.
Ese segundo efecto sorprendente podría explicarse por cambios paralelos en la vida sentimental de estas mujeres. Diamond estima que los medicamentos GLP-1 les dan a las mujeres solteras un aumento espectacular de 29 puntos porcentuales en sus posibilidades de iniciar una relación de pareja.
En promedio, sus nuevas parejas son más ricas que ellas, lo cual aumenta los ingresos de sus hogares. Lo anterior podría explicar por qué algunas de las mujeres que bajan de peso se sienten entonces capaces de dejar de trabajar.
Estos son efectos extraordinariamente grandes, lo que obliga a ser cautelosos al establecer una relación causal. Las mujeres que usan medicamentos GLP-1 podrían diferir de las que no los usan por razones distintas al uso del medicamento, como su compromiso con el cambio de estilo de vida.
Sin embargo, Diamond sí señala que los dos grupos parecen similares antes del tratamiento y que los efectos surgen lentamente, lo cual concuerda con los efectos graduales de la pérdida de peso más que con un arranque de motivación.
La buena noticia del estudio es que los medicamentos GLP-1 parecen estar ayudando a algunas mujeres. La mala noticia es, ante todo, la gran carga que representa el sobrepeso para las mujeres.
La evidencia de Diamond sugiere que, aunque las mujeres que toman medicamentos GLP-1 se mantienen fieles a sus parejas en la misma proporción que las que no los usan, los hombres que los toman no son ni de lejos tan fieles. Las mujeres ya se han dado cuenta.
En EE. UU., una encuesta estimó la proporción de mujeres que usan medicamentos GLP-1 en un 15 por ciento, en comparación con el 9 por ciento de los hombres. Voy, un proveedor británico del sector privado de medicamentos para bajar de peso, expide casi ocho de cada diez de sus recetas a mujeres.
Conforme más mujeres tomen medicamentos GLP-1, la magnitud de la desventaja asociada a la obesidad podría cambiar. Durante las décadas de 1980 y 1990, cuando aumentaron las tasas de obesidad, también lo hizo la prima asociada a la delgadez, cada vez más escasa.
Si los medicamentos GLP-1 hacen que estar delgado se convierta en algo completamente común, entonces un giro en la tendencia histórica significaría que esa prima podría reducirse.
Me sentiría más optimista si no fuera por otra desigualdad en la revolución de la pérdida de peso: los medicamentos GLP-1 son utilizados de manera desproporcionada por los ricos.
En el estudio de Diamond, dos quintas partes de las mujeres pagaron los medicamentos de su propio bolsillo, a un costo promedio de US$275 al mes. Otras investigaciones muestran cómo el uso se inclina hacia las zonas más acomodadas. Si la obesidad se convierte en una señal aún más fuerte de desventaja económica, el estigma asociado podría aumentar.
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