El calor de este verano dominicano no da tregua. Tampoco la luz. En sectores del Gran Santo Domingo, los residentes describen una escena que se repite cada noche: el sol se pone, los aires acondicionados se encienden y, poco después, la electricidad se va. La queja tiene nombre coloquial —"la luz vive como un arbolito de Navidad, que prende y apaga"— pero el problema tiene una explicación técnica precisa que las autoridades aún no han resuelto.
El sistema tiene capacidad, pero no cuando más se necesita
La República Dominicana cuenta con más de 7,600 megavatios (MW) de capacidad instalada en el Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI). En teoría, casi el doble de lo que el país consume en su hora de mayor demanda. Pero esa capacidad no está disponible toda al mismo tiempo.
Durante el día, la oferta real oscila entre 6,600 y 6,700 MW. Al caer el sol, la generación solar —unos 1,780 MW— sale del sistema. La oferta nocturna cae a un rango de 4,400 a 4,700 MW. Y es exactamente en ese tramo donde ocurre el pico de consumo: cuando los hogares encienden aires acondicionados, televisores y electrodomésticos al terminar la jornada laboral. El resultado es una brecha que se cierra peligrosamente cada noche.
Récords que no alcanzan
El miércoles 31 de julio, a las 9:03 de la noche, el SENI registró una demanda instantánea de 4,330.80 MW, el tercer máximo histórico consecutivo en apenas tres días y el sexto récord del mes. El ministro de Energía y Minas, Joel Santos, lo presentó como evidencia de la resiliencia del sistema. Pero el dato cuenta otra historia: el Organismo Coordinador del SENI proyectaba una demanda de entre 4,100 y 4,300 MW para el período agosto-octubre de 2026. El sistema superó ese techo antes de que terminara julio, y los meses más calurosos del año aún no habían comenzado.
La capacidad instalada casi duplica la demanda máxima registrada. Sin embargo, los apagones no cesan. La paradoja tiene una sola explicación: la energía que el país necesita de noche no es la misma que tiene disponible de noche.
La factura sube, el servicio no mejora
La crisis no se siente solo en la oscuridad. También llega con el recibo de luz. En el Residencial Colinas del Seminario, en Los Ríos, vecinos registran hasta 12 horas sin energía, con el servicio "prendiendo y apagando" de forma intermitente. Las facturas, según denuncian en redes sociales, saltan de RD$11,000 a RD$29,000 en un solo mes.
En Colinas del Bosque, en San Isidro, Santo Domingo Este, vecinos reportan que de un rango habitual de RD$3,500-RD$3,600 a RD$5,610.27 en junio y RD$5,649.31 en julio, para luego bajar levemente a RD$4,566.99 en agosto. Todo esto, dice, pese a mantener "un control excesivo de solo dos bombillos y un aire, en la noche".
El Consejo Unificado de las Empresas Distribuidoras (CUED) respondió con un comunicado de recomendaciones: apagar televisores y consolas en lugar de dejarlos en modo de espera, preferir abanicos sobre aires acondicionados, desconectar cargadores inactivos y evitar el uso de lavadora y plancha entre las 6:00 y las 9:00 de la noche. Para quienes usan aire acondicionado, sugiere programarlo entre 24 y 25 grados Celsius, ya que cada grado por debajo de esa temperatura incrementa el consumo, y un filtro sucio puede elevar el gasto energético hasta un 15%. La respuesta institucional, en resumen, es pedirle a la ciudadanía que consuma menos. No que el sistema produzca más cuando se necesita.
Lo que dicen las distribuidoras
La Empresa Distribuidora del Sur (Edesur) informó que sus técnicos trabajaban en reparar una avería en el interruptor de 34.5 kV de la Subestación Baní Matadero, que afectó comunidades de la provincia Peravia, entre ellas Los Tumbados, Las Calderas, Salinas, la Base Naval de Las Calderas, Villa Fundación y Palmar de Ocoa.
Edeeste, por su parte, aseguró mantener un nivel de abastecimiento del 98%, que solo desciende a entre 94% y 95% durante trabajos de mantenimiento programados, y atribuyó las interrupciones a averías puntuales provocadas por la alta demanda.
Las autoridades, en general, apuntan a la ola de calor como factor externo que dispara el consumo, a las averías en redes de distribución y al mantenimiento estacional de plantas generadoras. Todos son factores reales. Ninguno es nuevo.
Lo que pide la gente
En las calles del Gran Santo Domingo, la paciencia se agota. Residentes que trabajan desde casa se ven obligados a detener sus labores cada vez que se va la luz. Otros denuncian que no pueden dormir con aire acondicionado por los cortes constantes. Algunos, en tono irónico pero con frustración real, piden directamente al presidente: "Abinader, instálenos inversor".
La solución de fondo, sin embargo, no está en los inversores individuales sino en una política energética que resuelva la brecha nocturna de forma estructural: almacenamiento de energía a escala, diversificación de la matriz con fuentes que no dependan del sol y una fiscalización real del consumo en horas pico.
Mientras eso no ocurra, cada atardecer en Santo Domingo seguirá siendo una cuenta regresiva. Cuando cae el sol, se va la luz.
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