El ruido de las turbinas aún retumbaba en la pista del Aeropuerto Internacional de Las Américas (AILA).

A pocos metros, otros aviones aterrizaban y despegaban, siguiendo la rutina habitual de una terminal aérea que conecta la capital dominicana con el mundo. Sin embargo, entre las llegadas de este sábado 4 de julio, una tenía un significado distinto.

Se trataba del segundo vuelo humanitario coordinado por el Gobierno dominicano para evacuar a ciudadanos afectados por los terremotos que sacudieron Venezuela. A bordo viajaban unos 80 pasajeros, entre dominicanos y venezolanos, que decidieron abandonar el país sudamericano tras la tragedia.

Entre ellos estaba Morel Enrique.

Con un abrigo blanco sobre los hombros, audífonos colgando del cuello y una pequeña maleta en las manos, caminó por el área de llegadas con los ojos visiblemente humedecidos. Su rostro reflejaba cansancio, pero también alivio. Después de años construyendo una vida fuera de su tierra natal, regresaba en circunstancias que nunca imaginó.

"Ha sido un trabajo excelente. Desde que me enteré de que los vuelos saldrían de Venezuela para República Dominicana, eso habla muy bien del arduo trabajo que hizo el Gobierno para ir a rescatarnos", expresó poco después de bajar del avión.

A su alrededor, otros pasajeros deseaban reencontrarse con familiares y amigos.

En las afueras de la terminal aérea, algunos se abrazaban en silencio; otros no podían contener las lágrimas.

Las escenas de emoción contrastaban con los relatos de incertidumbre que muchos cargaban desde los días posteriores a los terremotos.

Morel aseguró sentirse agradecido por la oportunidad de regresar a Quisqueya. Para él, el viaje no solo representó la salida de una zona afectada por la emergencia, sino también el reencuentro con un país que no visitaba desde hacía casi una década.

"Me siento agradecido. Yo tenía nueve años sin venir a República Dominicana y ahora me toca continuar mi vida en República Dominicana", dijo.

Sus palabras resumían una realidad compartida por muchos de los pasajeros que descendieron de la aeronave: la necesidad de comenzar de nuevo. Algunos llegaron con pocas pertenencias; otros dejaron atrás empleos, viviendas y proyectos construidos durante años. Todos, sin embargo, coincidían en la búsqueda de estabilidad después de una tragedia que alteró sus planes de vida.

El vuelo forma parte de los esfuerzos coordinados por las autoridades dominicanas para asistir a sus ciudadanos en medio de la emergencia. Mientras continúan las labores humanitarias en Venezuela, República Dominicana ha puesto en marcha operaciones para facilitar el retorno voluntario de quienes desean regresar al país.

Para Morel, el aterrizaje en Santo Domingo marcó el final de un trayecto lleno de incertidumbre y el inicio de otro cargado de interrogantes. Pero al cruzar las puertas de llegada y pisar nuevamente suelo dominicano, había una certeza que sobresalía entre todas las demás: después de nueve años lejos de casa, estaba de vuelta.

Karla Alcántara

Abanderada por los viajes, postres y animales. Ha cursado diplomados sobre periodismo económico impartido por el Banco Central, periodismo de investigación por el Instituto Tecnológico de Santo Domingo, finanzas por el Ministerio de Hacienda y turismo gastronómico por la Organización Internacional Italo-Dominicano.

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