En República Dominicana, miles de familias todavía duermen, comen y crían a sus hijos sobre pisos de tierra. No es una imagen del pasado: es una realidad presente en comunidades rurales y periurbanas del país que concentran los mayores índices de pobreza. Cambiar ese piso —literalmente— puede cambiar la salud de una familia, el desarrollo de un niño y las condiciones de vida de una comunidad entera.

Con esa premisa, la Asociación Dominicana de Productores de Cemento Portland (ADOCEM) se sumó a la jornada del programa «100,000 pisos para jugar», impulsado junto a Hábitat para la Humanidad República Dominicana. La iniciativa apunta a sustituir pisos de tierra por superficies firmes, higiénicas y seguras en hogares de familias en situación de vulnerabilidad.

¿Qué son los pisos de tierra y por qué siguen siendo un problema en República Dominicana?

Los pisos de tierra no son solo una carencia estética. Son un factor de riesgo sanitario documentado. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y múltiples estudios en América Latina han establecido una correlación directa entre los pisos de tierra y la prevalencia de enfermedades parasitarias intestinales, infecciones respiratorias y dermatológicas, especialmente en niños menores de cinco años.

En República Dominicana, las encuestas de hogares del fusionado Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo (MEPyD) habían registrado que este déficit habitacional se concentra en las regiones del Cibao, el suroeste y las zonas de bateyes, donde la pobreza multidimensional es más aguda. Para estas familias, el acceso a un piso de concreto no es un lujo: es una intervención de salud pública.

¿Qué hace exactamente el programa «100,000 pisos para jugar»?

El programa, liderado por Hábitat para la Humanidad República Dominicana, tiene como meta la instalación de 100,000 pisos de concreto en hogares con piso de tierra a nivel nacional. La iniciativa opera mediante jornadas comunitarias en las que equipos de voluntarios —en este caso, con la participación de ADOCEM y sus empresas afiliadas— instalan directamente las superficies en las viviendas seleccionadas.

El nombre del programa no es casual: el piso es el espacio donde los niños gatean, juegan y pasan sus primeras horas de vida. Garantizar que ese espacio sea firme, limpio y seguro es, en términos de desarrollo infantil temprano, una de las intervenciones de mayor impacto y menor costo que puede ejecutarse en comunidades de bajos ingresos.

¿Por qué se involucra la industria cementera en un programa social?

La participación de ADOCEM en esta iniciativa no es solo voluntariado corporativo. Responde a una tendencia creciente en el sector privado dominicano de alinear sus operaciones con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en particular el ODS 3 (Salud y bienestar), el ODS 11 (Ciudades y comunidades sostenibles) y el ODS 17 (Alianzas para lograr los objetivos).

Para la industria cementera, cuyo producto es precisamente el insumo central de esta solución, la participación tiene además una lógica de coherencia: el cemento como herramienta de transformación social, no solo como commodity de construcción. ECORED, la red empresarial de sostenibilidad que agrupa a ADOCEM entre sus asociados, destacó esta acción como un ejemplo del modelo de articulación entre sector privado, sociedad civil e instituciones que puede escalar soluciones de alto impacto.

¿Qué impacto real tiene cambiar un piso de tierra?

La evidencia internacional es contundente. Un estudio publicado en The American Economic Review que evaluó un programa similar en México —el programa "Piso Firme"— encontró que la sustitución de pisos de tierra redujo en un 78% la prevalencia de parásitos intestinales en niños, disminuyó en un 49% la incidencia de diarrea y mejoró significativamente los indicadores de desarrollo cognitivo infantil. Los efectos sobre el bienestar de las madres también fueron medibles: menor estrés, mejor salud mental y mayor satisfacción con las condiciones del hogar.

En el contexto dominicano, donde el déficit habitacional cualitativo supera al cuantitativo en muchas zonas del país, este tipo de intervenciones representa una vía directa y eficiente para reducir vulnerabilidades sin necesidad de grandes obras de infraestructura.

La acción de ADOCEM se enmarca en un momento en que el debate sobre vivienda digna y déficit habitacional ha cobrado mayor visibilidad en la agenda pública dominicana. El gobierno ha anunciado programas de construcción de viviendas de bajo costo, pero los déficits cualitativos —pisos, techos, paredes en mal estado— en viviendas ya existentes reciben menos atención institucional, a pesar de que afectan a un número significativo de hogares.

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