Hay periodistas que informan. Y hay periodistas que forman. Altagracia Salazar pertenece a esa segunda categoría: la de quienes, a lo largo de más de cuatro décadas frente a micrófonos y cámaras, no solo narraron la realidad dominicana, sino que también contribuyeron a moldear la conciencia cívica de un país. Su nombre está asociado a los grandes medios de comunicación de la República Dominicana, pero también —y quizás sobre todo— a los momentos en que el periodismo se jugó su credibilidad frente al poder.

Salazar construyó su carrera en las redacciones y estudios de algunas de las instituciones mediáticas más influyentes del país: El Nuevo Diario, Radio Televisión Dominicana, Teleantillas, Telecentro, CDN, RNN Canal 27 y La Z 101. Ese recorrido por medios de distinta naturaleza —prensa escrita, radio, televisión abierta y por cable— le dio una versatilidad poco común y una audiencia transversal que abarcó generaciones y geografías. No fue una periodista de nicho: fue una periodista de país.

Pero si hay un momento que define su lugar en la historia del periodismo dominicano, ese es el movimiento Marcha Verde. Surgido en 2017 como respuesta ciudadana al escándalo de corrupción de Odebrecht, la Marcha Verde convocó a miles de dominicanos en las calles durante meses, exigiendo justicia, transparencia y rendición de cuentas. En ese contexto de presión política y mediática, Altagracia Salazar se consolidó como una de las voces periodísticas independientes más influyentes del país. Su cobertura y sus posicionamientos públicos durante ese período le valieron tanto el reconocimiento de la ciudadanía como la incomodidad de sectores del poder que preferían el silencio cómplice de otros comunicadores.

La defensa de la libertad de expresión no fue para Salazar una declaración de principios abstracta, sino una práctica cotidiana. En un ecosistema mediático donde la concentración de medios y la dependencia de la publicidad oficial han condicionado históricamente la línea editorial de muchas redacciones, su trayectoria representa una apuesta sostenida por el periodismo que incomoda, que pregunta, que no negocia su agenda con el poder de turno.

Con la llegada de las plataformas digitales, Salazar no se quedó en los formatos tradicionales. Creó y conduce Sin Maquillaje y El Patio, dos programas digitales que hoy alcanzan una audiencia masiva tanto en la República Dominicana como en la diáspora dominicana en Estados Unidos y el resto del mundo. Esa migración al mundo digital no fue una retirada sino una expansión: le permitió llegar a dominicanos que ya no consumen televisión lineal pero que siguen necesitando referentes periodísticos en quienes confiar. Los títulos de sus programas no son casuales: Sin Maquillaje habla de una periodista que no disimula, que no embellece la realidad; El Patio, de alguien que convoca a la conversación franca, sin protocolos ni filtros institucionales.

Su compromiso, sin embargo, no se agota en el periodismo político. Altagracia Salazar ha sido también una defensora activa de la protección del medio ambiente y una promotora de iniciativas educativas y comunitarias. Entre ellas se destaca su respaldo a Lleva un Libro en la Maleta (Bring a Book in Your Suitcase), una iniciativa que invita a los dominicanos que viajan al país a llevar libros infantiles para donarlos a niños de comunidades con acceso limitado a materiales de lectura. El gesto es pequeño en logística, pero enorme en simbolismo: una periodista que entiende que la democracia empieza por la alfabetización.

Nueva York, la venera y la reconoce

Es precisamente esa dimensión integral —la periodista, la activista cívica, la defensora del ambiente, la promotora de la lectura— la que el Asambleísta George Alvarez del Distrito 78 del Estado de Nueva York decidió reconocer con una New York State Citation, el reconocimiento oficial que el Estado otorga a personas cuya contribución a la comunidad merece ser destacada institucionalmente. La ceremonia tendrá lugar el domingo 12 de julio de 2026, a las 3:30 p.m., en Van Cortlandt Park, en el Bronx, organizada por los Patieros de Nueva York, una coalición de profesionales dominicanos de la diáspora.

Que el reconocimiento venga desde Nueva York tiene su propia lógica. La diáspora dominicana en Estados Unidos —con epicentro en el Bronx y en Washington Heights— ha seguido de cerca la trayectoria de Salazar, especialmente a través de sus programas digitales. Para esa comunidad que vive entre dos mundos, ella representa un puente: alguien que habla de lo que pasa en la isla con la misma seriedad con que habla de lo que afecta a los dominicanos que viven fuera. En ese sentido, el homenaje no es solo un gesto hacia una periodista; es también un reconocimiento de la comunidad dominicana en el exterior a sus propios referentes culturales e informativos.

Cuatro décadas de periodismo dejan huella. Dejan archivos, entrevistas, columnas, programas. Pero también dejan algo más difícil de medir: la confianza de una audiencia que aprendió a escuchar una voz y a saber que, del otro lado, hay alguien que no va a mentirle. Eso es lo que Altagracia Salazar construyó a lo largo de su carrera. Y eso es, en definitiva, lo más difícil de lograr en el periodismo: no la fama, sino la credibilidad.

El homenaje del próximo domingo en el Bronx es, en ese sentido, mucho más que un acto protocolar. Es la comunidad diciéndole a una de sus voces más honestas que la escuchó, que la valoró y que no la olvidó.

Elvira Lora

Subdirectora

Periodista especialista en investigación, documentación y derechos humanos. Doctora en Periodismo & Comunicación de la #UAB. Productora transmediática y fundadora de una plataforma de periodismo feminista Ciudadanía Fémina.

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