Más de 930 libros en español para niños, niñas y adolescentes fueron recolectados este año y enviados a la República Dominicana como parte de una iniciativa comunitaria que, desde hace seis años, promueve la lectura y apoya la educación.
La iniciativa es impulsada por los amigos de la reconocida periodista dominicana Altagracia Salazar y su programa El Patio, con el valioso apoyo de “Lleva un Libro en la Maleta”, creada por la escritora dominicana Virginia Read Escobal.
Los libros fueron donados por dominicanos y no dominicanos residentes en Estados Unidos. Quienes organizan esta actividad anual viven en Nueva York, Florida y Canadá, demostrando que la distancia no impide contribuir de manera concreta con la educación de nuestros niños, niñas y jóvenes.
Durante el encuentro anual de Los Patieros en Nueva York, decenas de personas llegaron con libros, mochilas y útiles escolares. En ese marco, Altagracia Salazar recibió un reconocimiento del Estado de Nueva York, entregado por el asambleísta George Álvarez, representante del Distrito 78, por su trayectoria y sus aportes a la comunidad.
Más de 700 libros llegan a Pizarrete
De los más de 930 libros enviados a la República Dominicana, más de 700 fueron entregados el 28 de agosto a la Escuela Fe y Alegría de Pizarrete, en Baní, junto con mochilas y útiles escolares.
El politécnico cuenta con aproximadamente 309 estudiantes de cuarto a sexto de secundaria y recibe también a jóvenes de comunidades cercanas como Las Barias, El Carretón, Catalina y Santana.
Pero una de las mayores satisfacciones de esta entrega no fue simplemente ver llegar las cajas llenas de libros. Fue escuchar a los estudiantes hablar, casi de inmediato, sobre todo lo que querían hacer con ellos.
Los jóvenes propusieron crear clubes de lectura para distintos grupos de estudiantes y establecer media hora de lectura colectiva, diariamente o varias veces por semana, para que la comunidad escolar pueda hacer una pausa y dedicar ese tiempo exclusivamente a leer.
Sus ideas fueron aún más lejos. Como deben completar 60 horas de trabajo comunitario, plantearon utilizar parte de esas horas para promover la lectura entre niños y niñas de escuelas cercanas. Entre sus propuestas está visitar escuelas primarias para leerles a los más pequeños o invitarlos al politécnico para organizar tardes de lectura infantil.
Esa reacción representa precisamente el propósito de esta donación: que los libros no permanezcan guardados en cajas o anaqueles, sino que circulen, se lean, se comenten y lleguen a otras manos.
Un libro donado por una persona en Nueva York puede viajar miles de kilómetros hasta Pizarrete, llegar a las manos de una estudiante de secundaria y luego ser compartido por esa joven con un niño de una escuela primaria de otra comunidad. La solidaridad viaja, los libros circulan y el conocimiento se multiplica.
El nuevo desafío: rescatar la biblioteca
La llegada de más de 700 libros puso en evidencia una necesidad que se ha convertido en el próximo gran reto de esta iniciativa: rescatar la biblioteca de la escuela.
Actualmente, ese espacio presenta un profundo deterioro debido a filtraciones de agua que se extienden desde el techo hasta el piso. No tendría sentido haber realizado un esfuerzo tan grande para recolectar, clasificar, empacar y transportar cientos de libros, para luego colocarlos en un lugar donde puedan deteriorarse por la humedad.
Antes de organizar adecuadamente los nuevos libros, será necesario reparar las filtraciones y rehabilitar por completo el espacio. Pero la visión va mucho más allá de reparar paredes y techo.
La escuela necesita nuevos anaqueles con capacidad para proteger y organizar cientos de libros, además de mesas, sillas cómodas, sofás, computadoras y diferentes áreas de lectura. La meta es transformar la biblioteca en un lugar acogedor: un espacio donde un estudiante quiera entrar, sentarse con un libro, investigar, hacer sus tareas, reunirse con sus compañeros o participar en uno de los clubes de lectura que ellos mismos han comenzado a imaginar.
Queremos una biblioteca viva; no un depósito de libros, sino un verdadero punto de encuentro para la lectura, la curiosidad, el conocimiento y la creatividad.
Los más de 700 libros ya están en Pizarrete. Ahora el desafío es crear el espacio que permita sacarlos de las cajas, protegerlos y, sobre todo, ponerlos en las manos de los estudiantes.
Una comunidad detrás de cada libro
Junto con los libros fueron entregadas mochilas y útiles escolares. Paula Matos Guerrero y la hermana Petronila del Rosario asumieron el compromiso de distribuir estos materiales entre estudiantes del politécnico y de otras escuelas de Fe y Alegría.
Junto a las maestras y los maestros del plantel, también se responsabilizaron de acompañar a los estudiantes en la implementación de sus ideas para utilizar los libros. Nuestro grupo dona libros únicamente a escuelas que cuentan con programas de lectura y con personas comprometidas a guiar y acompañar a los estudiantes en ese proceso.
Detrás de cada libro hay una cadena de solidaridad: la persona que compra o dona un libro en Estados Unidos; quienes organizan la recolección; quienes clasifican y empacan; quienes ayudan a transportarlos; quienes los reciben en República Dominicana; los educadores que los incorporarán al aprendizaje y, finalmente, los niños y jóvenes que los abrirán.
Después de seis años realizando esta actividad, hemos aprendido que el impacto no se mide únicamente contando libros. Este año podemos decir que fueron más de 930 y que más de 700 llegaron a Pizarrete. Sin embargo, el verdadero resultado se medirá en cuántos jóvenes descubren el placer de leer, cuántos libros pasan de unas manos a otras y cuántos niños son inspirados por otro estudiante a abrir un libro.
Esta labor cobra todavía mayor importancia frente a los desafíos de lectura que enfrenta el país. Los recientes resultados de las pruebas PISA revelan una realidad preocupante: apenas el 23 % de los estudiantes dominicanos evaluados alcanzó el nivel mínimo de competencia en lectura; es decir, aproximadamente 77 de cada 100 estudiantes no lograron ese nivel básico.
Ante esta realidad, la educación debe ser una responsabilidad compartida entre el Estado, los educadores, las familias y toda la sociedad. Cada iniciativa que acerque un libro a las manos de un niño o joven, fortalezca una biblioteca o acompañe a un estudiante a descubrir el placer de leer puede contribuir a cambiar esa realidad.
No pretendemos cambiar el sistema educativo dominicano con 930 libros. Pero sí podemos aportar: donar un libro, recuperar una biblioteca, crear un club de lectura, apoyar a un maestro y motivar a un niño a leer.
En Pizarrete ya comenzó ese sueño. Hay más de 700 libros esperando salir de sus cajas y un grupo de jóvenes que ya está imaginando cómo leerlos, compartirlos y llevarlos a otros niños.
Ahora tenemos una nueva meta: rescatar su biblioteca y convertir ese entusiasmo en oportunidades reales de aprendizaje. Porque cada libro donado es una oportunidad, y un niño, una niña o un joven que lee es un futuro que crece.
¡Gracias a todos los que hacen de este sueño una realidad!
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