La segunda Encuesta Nacional sobre Agresiones Sexuales contra las Mujeres desarrollada por el Centro de Investigación para la Acción Femenina (CIPAF), en colaboración con AGARESO y el Grupo Arista SRL, evidencia el problema de la violencia sexual en República Dominicana.

Un 44 % de las mujeres encuestadas dijo haber sido víctima de algún tipo una agresión sexual, pero sólo el 16.5 % de ellas denunció los hechos ante las autoridades. La infradenuncia puede explicarse por un dato aún más preocupante, apenas el 18.8 % reconoció lo vivido como una agresión en el momento en que ocurrió. Cuando la agresión se produjo siendo menores de edad, 53.8 % de las personas entrevistadas indicó que sus padres o tutores no se enteraron de la agresión sufrida.

Las formas de agresión que más extendidas, según la encuesta, incluyen envío de fotos íntimas sin consentimiento 25.6 %, ofrecer dinero a cambio de relaciones sexuales 24.7 %, comentarios o sugerencias sexuales no deseadas 24.6 %, contacto físico no consentido un 19 %, acoso digital 18.1 % y acoso presencial en un 11 %, intento de violación 12 % y violación un 8.7 %.

El 75.8 % de las mujeres agredidas no asistieron a un centro de salud, siendo la principal razón en un 73.8 % por no considerarlo necesario, seguidas del desconocimiento sobre si debían hacerlo (11 %). Este dato está relacionado con que un 30.6 % desconoce los derechos que le asisten tras una agresión sexual.

El estudio también realizó levantamientos de zonas con mayor índice de casos, donde las agresiones sexuales son más frecuentes en áreas urbanas, siendo la región Metropolitana la de mayor incidencia (38.6 %). No hay grandes diferencias entre los grupos de edad, así que podemos concluir que la violencia sexual afecta a las mujeres en todas las etapas de su vida.

El perfil de agresor es un hombre adulto, en el 93 % de los casos, en el caso de las mujeres que sufrieron la agresión siendo adultas, en el 63.2 % de los casos el agresor es parte del entorno cercano y supuestamente seguro de la víctima: un amigo o conocido con un 31.7 %, la pareja es identificada como el agresor en un 17.7 % de los casos, y algún familiar en el 3.8 %.

El agresor es identificado como un desconocido en el 46.8 % de las entrevistadas. El porcentaje sube hasta el 73.4 % cuando las víctimas son menores de edad, siendo un 24.2 %  un familiar.

Esto va en correlación con los datos arrojados por este estudio que muestra que un 73.7 % de los casos ocurrieron en lugares “confiables” para la víctima, como su propio hogar, con un 37.1 %, seguido de en casa de un relacionado (11.4 %) y donde un familiar (15.2 %).

En lugar público o la calle serían solo un 23.5 %. También destacan los casos ocurridos, ya a través de redes sociales (7.6 %). Los porcentajes más bajos se reportan en contextos como la escuela (4.5 %) y el trabajo (2.3 %).

“Esto desmiente la creencia común de que la violencia sexual es un acto aleatorio y el mayor peligro viene de extraños en lugares oscuros o públicos, cuando en realidad el riesgo está también, y en gran medida, en entornos cercanos y supuestamente seguros”, expresó Syra Taveras, directora del CIPAF.

Si bien los desconocidos representan un riesgo significativo, el peligro mayoritariamente proviene de personas en quienes la víctima confiaba. Esto exige un cambio en cómo abordamos la seguridad personal, la educación sexual y las políticas de prevención: la agresión sexual no es solo un crimen callejero, sino una violencia arraigada en estructuras sociales cercanas.

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