Que nadie se llame a engaño. Para las elecciones del año 2024 se proyectan tres competidores, tres partidos que tendrán la principalidad, como cabezas de alianzas que buscarán el voto de la ciudadanía en 2024.

Los partidos no tradicionales, tanto los de la izquierda revolucionaria marxista-leninista, como los de izquierda moderada o progesistas, al igual que los conservadores que han servido como aliados de los partidos grandes, no se vislumbran al día de hoy con posibilidades de convertirse en competidores capaces de disputarles la carrera por la presidencia de la República al PRM, al PLD y a FP.

PRM

El presidente Luis Abinader en un mitin del PRM.

El primero es el gobernante Partido Revolucionario Moderno (PRM). Hay una razón objetiva: La condición de partido de poder es una ventaja en países en los cuales el Estado juega el papel de primer empleador y motor de la economía. En la República Dominicana el Estado es el agente económico –si nos tomamos la licencia de darle tal condición- que más puede influir sobre los segmentos de menores ingresos (mayoría de la población), pero también sobre los sectores medios y en la cúpula social.

Por vía de consecuencia, un partido de gobierno siempre jugará con ventaja frente a la oposición.

Y hay una razón subjetiva: Un competidor con posibilidades ciertas de triunfo atrae más que aquellos con capacidad para convencer y con credibilidad, pero que carecen de la fortaleza necesaria para aspirar a una victoria electoral inmediata. Tanto el segmento más pobre de la sociedad, que aspira a no perder lo poco que tiene, como el más rico, el que practica el rentismo electoral, apuestan a lo seguro. Otra cosa es la clase media, diversa, crítica y electoralmente cambiante.

El PLD

Danilo Medina en uno de los mítines de afiliación que lleva a cabo el PLD.

El Partido de la Liberación Dominicana (PLD), con una experiencia de cinco gobiernos, es un competidor que no debe de ser subestimado, pese a que arrastra una reciente triple derrota en las elecciones de 2020, más una división que todavía perturba su quehacer político. Sus vínculos con todos los sectores de la sociedad son reales, y aunque esa relación sufrió heridas, cisuras, por efecto de las malas prácticas de los gobiernos peledeístas (tanto los de Leonel Fernández como los de Danilo Medina), todavía constituye un factor de fortaleza política no desdeñable.

FP

Leonel Fernández.

El partido Fuerza del Pueblo (FP) no se creó desde cero, nació con miles de dirigentes y miembros del PLD y del Partido de los Trabajadores Dominicanos (PTD). Esta última organización se consideraba marxista-leninista, pero desde 1994 operó como pequeño aliado de partidos del sistema. Primero con el PRD, durante el liderazgo de José Francisco Peña Gómez, y a partir de 2004 con el PLD de Leonel Fernández y de Danilo Medina.

Como hizo antes el PLD, el PTD renunció a las ideas progresistas y de izquierda para jugar con ventajas bajo las reglas de juego del sistema que antes aspiraba a transformar.

Por ser una organización nueva, sus siglas, símbolos y colores todavía no transmiten una identidad política fuerte en el imaginario popular. La mayor fortaleza de FP, hasta el momento, es el liderazgo de Leonel Fernández, tres veces presidente, atractivo para muchos peledeístas que continúan dejando atrás al partido morado para pasarse a las filas de la nueva entidad.

Batalla en tres frentes

La campaña electoral no declarada es más que evidente en los tres partidos de mayor cantidad de seguidores y dirigentes, PRM, PLD y FP.

Hay tres escenarios de campaña:

1-Interna, con cierta repercusión hacia todo el país político.

2-La campaña en los medios de comunicación y las redes virtuales.

3-En el territorio (sobre todo en barrios populares y en zonas rurales).

La campaña interna, aunque se hace sentir en todo el país político, tiene como finalidad principal endurecer el voto tradicional del partido o del líder. Parafraseando a los cristianos evangélicos, es una especie de "culto de avivamiento de fe". Se quiere conservar la lealtad y la firmeza de los seguidores del partido y de su líder. Este tipo de campaña se suele utilizar para hace propaganda que resalte el supuesto o real crecimiento de un partido, su fortalecimiento, su legado, su credibilidad frente a la ciudadanía. Sustentarse demasiado en este tipo de campaña conlleva el riesgo de confundir la situación interna del partido con lo que ocurre en todo el país, y descuidar los demás escenarios.

Medios y redes virtuales. Para nadie es un secreto: Los medios de comunicación constituyen hoy un campo de batalla de acción permanente. Partidos, líderes y gobiernos no se pueden dar el lujo de estar ausentes de los medios y de las redes virtuales (erróneamente denominadas "sociales"). Twitter, Facebook, y las demás, son indispensable para generar atención de un segmento importante de la población y para influir en los medios tradicionales, que cada día más toman de referencia las "tendencias" y asuntos "virales" para generar noticias y tratar captar la atención del público que interactúa en las redes.

No obstante, así como sustentar el trabajo de los partidos en las actividades internas es una debilidad y constituye un riesgo, lo mismo hay que considerar sobre la confianza en el uso excesivos de las redes y en la creación de "tendencias" para promover partidos, líderes, líneas de acción, ataques y contraataques. Lo virtual, por más peso que se perciba que posee en el mundo de hoy, no sustituye el trabajo en el escenario más importante, en el campo de batalla indispensable: el territorio.

La política en el territorio. El partido, el líder, el trabajo de crecimiento político que no se hace en el territorio, no existe. La presencia en medios tradicionales de comunicación y en las redes virtuales no se convierte automáticamente en impacto en la población común, la gente de a pie, mucho menos asegura crecimiento de los partidos ni gana votantes. El trabajo en el territorio, sobre todo en grandes barrios populares en las demarcaciones más pobladas, sin olvidar las zonas rurales de mayor peso por su importancia en la producción agropecuaria, no puede ser sustituido por la campaña mediática ni por la permanente promoción ni la creación de "etiquetas" y "tendencias" en las redes.

En la República Dominicana, como la mayoría de los países latinoamericanos, los partidos han desarrollado y mejorado el quehacer político en el territorio. El Partido Revolucionario Dominicano (PRD) sentó en gran medida las bases de esa labor durante el liderazgo de José Francisco Peña Gómez. Se organizó por zonas, con sus dirigentes locales y sus militantes identificados, permanentemente orientados y prestos a las convocatorias, además de su vinculación con los sindicatos, juntas de vecinos y otras organizaciones cívicas. Se conocía a cada militante, pero también a los votantes de cada barrio y localidad rural.

Posteriormente el Partido Reformista Social Cristiano, luego de la fusión del Partido Reformista con el Social Cristiano, se organizó en los llamados "cuarteles". Esta labor buscaba contrarrestar el dominio del PRD en los barrios populares y al mismo tiempo dar mayor formalidad a las relaciones del PRSC con sus seguidores, que apenas se atenían a votar y a vincularse con algún dirigente medio. Se replicó en gran medida el trabajo hecho por el competidor PRD.

El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) vino a perfeccionar lo hecho por el PRD y el PRSC, con un control estricto de sus miembros a través de los comités intermedios. Al convertirse en partido de masas y dejar atrás el esquema leninista de "partido de nuevo tipo", el PLD creció mucho, y perfeccionó el trabajo en el territorio calcando los mecanismos de control utilizados en los partidos vinculados al Foro de Salo Paulo: tener listas depuradas de sus miembros y simpatizantes, de sus aliados y de los parientes de todos sus relacionados y potenciales electores.

El PLD logró identificar a todos los votantes en cada barrio y comunidad rural, y elaboró un mecanismo de seguimiento para cada centro de votación, número de colegio o mesa. Sabía del horario en que cada quien ejercía el sufragio, quién acudía a votar y quién no lo había hecho.

Y lo más importante: Durante todo el año, cada fin de semana, los simpatizantes y potenciales electores recibían la visita de un dirigente del PLD, de la siguiente manera: un fin de semana correspondía al regidor de la zona, el siguiente correspondía al diputado correspondiente, el siguiente al senador (o en su defecto un alto dirigente del partido) y el siguiente correspondía al o a los dirigentes locales del comité intermedio peledeísta. Esas visitas, además de servir para mantener el control y la comunicación, operaban como mecanismos para canalizar la solución de problemas comunitarios, familiares y personales.

De esa manera, la gente se siente escuchada, atendida, se le toma "en cuenta". Además de este seguimiento, la gente recibía de mano de los dirigentes del PLD algún dinerito o regalo en especie en cada una de esas visitas. El otro ingrediente, no ético, era el uso político de los programas de ayuda social. Este conjunto de acciones le permitió al PLD ganar de manera consecutivas elecciones presidenciales y de medio término desde su regreso al poder en 2004.

¿Perdió el PLD su dominio en el territorio con su derrota de 2020? Nadie podría dar una respuesta tajante ni definitiva. No hay que olvidar que el PLD se dividió con la salida de Leonel Fernández, y ese hecho le debilitó y precipitó su derrota en las tres elecciones de 2020.

El PLD en el presente está tratando de recuperar su espacio perdido, meta que lo mantiene en una lucha tenaz con su competidor Fuerza del Pueblo, organización que -además de sumarse a muchos dirigentes de intermedios peledeístas- trabaja con los mismos métodos que le dieron éxito electoral al partido morado. PLD y FP no cesan en su permanente contacto con el segmento de la población que constituye la mayoría de los electores, y aunque ya no cuentan con los programas de subsidio del Estado, nadie debe de dudar que tienen lo suficiente para mantener algunas ayudas monetarias a sus seguidores a través de los recursos que reciben los partidos por medio de la Junta Central Electoral, más el barrilito y demás privilegios de los legisladores, y los aportes de las personas adineradas que financian la política tradicional.

En el caso del PRM, el partido de gobierno, habría que preguntarse qué tanto está valiéndose de los programas de asistencia social del Estado para fortalecer su base de apoyo en los sectores populares. Los funcionarios responsables han reiterado que no se está incurriendo en esa mala práctica, pero la oposición sostiene que sí pesa la vinculación partidaria a la hora de recibir lo beneficios de esos programas de subsidios.

Para el PRM ha de ser un reto asentarse con firmeza en el corazón de los sectores de menores ingresos, tanto en las zonas urbanas como en las rurales. Pero su batalla más importante será desarrollar una modalidad de trabajo permanente en los sectores populares, que iguale o supere las que hasta ahora mantienen el PLD y FP.

El trabajo político en barrios populares y en las zonas rurales será determinante para la competencia entre el PRM, el PLD y FP, y por vía de consecuencia para decidir lo que ocurrirá en las elecciones de 2024.