Los presidentes de Brasil y Argentina, Luis Ignacio Lula da Silva y Alberto Fernández proponen caminar hacia la unión monetaria de la región. En la reciente VII Cumbre CELAC que se realizó en Buenos Aires, los presidentes Fernández y Lula lanzaron la idea de que la región requiere una moneda común para impulsar el desarrollo y la integración. ¿Puede un subcontinente tan vasto y tan variado como América Latina y El Caribe llegar algún día a tener una moneda común? ¿Es una idea peregrina de unos presidentes izquierdistas soñadores o una meta posible y realista? ¿Qué habría que hacer para caminar en esa ruta?  ¿Cuánto tiempo tomaría hasta llegar a una moneda común?

 

En las actuales condiciones de las economías y el comercio intrarregional parecería una propuesta sin fundamentos. Pero entendemos que no lo es. Sí retrocedemos en el tiempo, tan poco como ochenta años, encontramos una Europa devastada por la guerra, ocupada por los Estados Unidos y la Unión Soviética, con hambrunas generalizadas, decenas de millones de muertos, desplazados y la base industrial  y económica destruida, además de unos odios comunes aparentemente insalvables. Nadie habría podido decir que 34 años después se iniciaba un proceso de creación de una moneda común o que tan cerca como seis (6) años después, en 1951, se inició un proceso –la Comunidad Europea del Acero y del Carbón- con tan solo seis países (Alemania, Francia, Italia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo), que terminó en la actual Unión Europea y la creación en 1999 del Euro como moneda común de para 19 de sus 27 países miembros. También habrían espetado que era un loco el que pensara.

 

Evidentemente, más que desarrollo económico, muy necesario, integración comercial, que es fundamental, o fortaleza monetaria, lo que se ha requerido es voluntad política. Voluntad de metas aunque parezcan imposibles. ¿Qué pueden tener en común Chipre con Finlandia o Grecia con Alemania?  ¿Tiene América Latina y El Caribe esa voluntad política para acometer una empresa de tal magnitud? El silencio de muchos presidentes y primeros ministros a la propuesta de los gigantes regionales, pareciera que es algo que no ha despertado entusiasmo. Solo el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, hizo público su apoyo y entusiasmo.

 

Los países de la región deben avanzar mucho más en la integración comercial. Subconjuntos como el de América Central (SIECA), los países de El Caribe (CARICOM), evidentemente MERCOSUR y la Comunidad Andina de Naciones deberían iniciar debates e intercambios en la manera de aumentar la integración económica entre ellos y entre los distintos bloques. ¿Sería imposible fusionar los subconjuntos en una Unión Latina y Caribeña (ULAC) como paso previo coordinado por la CELAC? Ese sería un primer paso. Queda pendiente el papel de uno de los gigantes regionales, México. Pero el abandono del neoliberalismo en este gobierno del Presidente López Obrador, el avance en las metas de la Cuarta Transformación y el seguro triunfo de el o la candidata de MORENA en las próximas elecciones, mejoran la situación de México en las relaciones regionales. Quedan también pendientes, como México, los estados aislados de los esquemas de integración como Cuba, Haití y República Dominicana.

 

El siguiente paso debe ser crear entre todos los bancos centrales de la región una Unidad de Cuenta Monetaria, que facilite la estabilidad de tipos de cambio entre las monedas regionales, algo parecido al ECU (Unidad de Cuenta Europea) que precedió al Euro, o los DEG (Derechos Especiales de Giro) del Fondo Monetario. La idea central es crear un escalón previo a la creación de una moneda común. Además hay otros problemas a enfrentar. Uno es la segura oposición del Tesoro de los Estados Unidos, ya que una moneda regional o incluso un primer paso a través de una Unidad de Cuenta común pone en jaque el papel del dólar de los Estados Unidos en la región. Un segundo problema son los países que han renunciado a la soberanía monetaria y que han adoptado el dólar norteamericano como moneda nacional, caso de El Salvador, Panamá y Ecuador. Integrar el dólar en la eventual Unidad de Cuenta Monetaria de la región deforma la naturaleza de la propuesta.

 

En la región de El Caribe existe una pequeña unión monetaria entre seis (6) países independientes: Antigua y Barbuda, Dominica, Granada, San Kitts & Nevis, Santa Lucía y San Vicente & las Granadinas, y dos (2) Territorios de Ultramar británicos, Anguila y Montserrat. Su moneda común, el dólar del Caribe Oriental, es emitida por un mismo banco central, el Banco Central del Caribe Oriental con sede en Basseterre, capital de San Cristóbal & Nieves. También existe otra experiencia de unión monetaria, en este caso en África Occidental, que emite el Franco CFA, moneda común de Benín, Burkina Faso, Costa de Marfil, Guinea-Bissau, Malí, Níger, Senegal y Togo. El Banco Central de los Países de África Occidental tiene sede en Dakar, capital de Senegal. El Franco CFA es un reflejo de la dependencia colonial de África Occidental respecto de Francia, que tuvo como garante de su convertibilidad al Franco Francés hasta 1999 y a partir de dicha fecha, esa función pasó a cumplirla el Banco Central Europeo y el Euro.

 

Las llamadas Áreas o Zonas Monetarias Óptimas la constituye una región geográfica en la que se maximizará la eficiencia económica si la región entera comparte una única divisa. Describe las características óptimas para la fusión de divisas o la creación de una nueva divisa. Esta teoría suele utilizarse para argumentar tanto a favor como en contra de la posibilidad de que una determinada región esté lista para convertirse en una unión monetaria, uno de los pasos de la integración económica. La zona monetaria óptima fue desarrollada por el economista canadiense, Premio Nobel de Economía de 1999, Robert Mundell. La compleja teoría de Mundell es difícil de exponer en un artículo como este, pero es importante resaltar que la formulación de Mundell, se realiza en base a la llamada “teoría económica de la oferta” y por tanto a la necesidad de achicar o recortar los impuestos para tal fin e introducir la desregulación de los mercados.

 

¿Podría usarse la teoría de la zona monetaria óptima para un proceso de unificación monetaria en América Latina y El Caribe? Dados los resultados nefastos de las políticas neoliberales, dentro de las cuales redujeron el Estado, se asumió como dogma la desregulación de los mercados y los servicios sociales en América Latina (Consenso de Washington), en Europa (Tratado de Maastricht), en particular en la llamada Zona Euro, los llamados principios del “Reganomics” en EEUU a partir de 1980, y la más brutal terapia ultraliberal en el llamado “espacio post soviético” después de la disolución de la URSS, será casi imposible construir una teoría para la unidad monetaria regional en base a la teoría del área monetaria óptima.  Sin embargo, la crisis económica y monetaria dejada por la crisis de la COVID y el debilitamiento del dólar norteamericano en la actualidad, y el surgimiento de nuevas alternativas monetarias mundiales, la construcción de una unidad monetaria latinoamericana requiere de ser pensada e implementada en este nuevo contexto mundial.