El mundo está conformado por países formados en estados. Hay países gigantes como India, China, Rusia, Brasil, Estados Unidos o Indonesia, entre los más importantes. Hay países y estados de tamaño e influencia media. Como son los casos de Turquía, Japón, Corea del Sur, Nigeria, Sudáfrica, Argentina o México. Pero la gran mayoría somos países pequeños en tamaño, o pequeños en presencia en el mundo global. Son los 193 estados que conforman la Organización de las Naciones Unidas. Algunos países llamados “emergentes” juegan un papel importante y hacen respetar ese papel, como el ya mencionado caso de Turquía, Venezuela, los llamados tigres del Sudeste Asiático -Vietnam, Tailandia, Indonesia, Malasia- y Chile y Colombia, entre otros.

También están los antiguos imperios coloniales que dominaron el mundo desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XX, como España, Francia, Inglaterra, Países Bajos y Dinamarca. Restos de esos imperios siguen existiendo hasta nuestros días, como el dominio de la pequeña Dinamarca sobre la gigantesca isla norteamericana de Groenlandia, y muchos de esos países se niegan a reconocer la realidad internacional. Francia tiene colonias en el Caribe (Martinica, Guadalupe, San Martín y Guyana “francesa” en América del Sur). Son países que se enriquecieron mucho con el colonialismo y el saqueo que este significó, y que permitió un desarrollo económico e industrial importante de esos países.

Algo similar pasó en Asia con Japón, que se anexó por 100 años la totalidad de la península de Corea y parte de la Manchuria China. Pero esos estados, antiguos imperios, por más importante que sea su peso en la arquitectura internacional –como tener dos asientos permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU- ya no son claves en la política internacional. Desde el fin de la segunda guerra mundial perdieron todas sus colonias y gran parte pasó a ser un nuevo tipo  de colonias del gran poder del mundo occidental, desde el punto de vista económico y desde el punto de vista militar. Son países en declive, que se niegan a reconocer su papel secundario en el mundo. ¿Qué es España o Portugal sin el paraguas de la OTAN? ¿Qué es Francia, Inglaterra o Alemania sin el mismo paraguas? ¿Quién es el dueño absoluto y el jefe de la OTAN? Todas las barbaridades cometidas contra la ex Yugoeslavia –como el bombardeo de Serbia-, la amputación por la fuerza de la provincia de Kosovo a Serbia, la destrucción de Libia –el país más rico y próspero de África-, Siria o Afganistán, sin el papel central de la OTAN, no hubieran sido posibles. Incluso, la invasión inglesa de Las Islas Malvinas en el 1982, además de representar un violación de parte de EEUU del Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca (conocido como Pacto de Rio de Janeiro) no habría sido posible por parte de Inglaterra sin el apoyo logístico, militar y político de Washington.

Pero en el mundo contemporáneo la gran mayoría de los países y estados del mundo somos los países pequeños en población, pequeños en territorio, dependientes en económica, e incluso los llamados “micro-estados”, como los países del pacifico y los países del Caribe. Nuestro peso económico, poblacional, económico y de territorio es extremadamente pequeño…pero el derecho internacional, basado en la igualdad jurídica de los estados, al menos desde la fundación y la adopción de la carta de la Organización de las Naciones Unidas de 1945, iguala ese desbalance, lo que no se traduce en una real “relación de fuerzas” y por tanto igualdad de los estados. Hay casos de países pequeños, débiles y de poca población que sin embargo tienen un peso mucho mayor en la política internacional por diversas razones. Por ejemplo, Singapur es un micro-estado, o más bien, una ciudad-estado de 733 KM2 y 5,5 millones de habitantes, con un enorme peso financiero y económico a nivel asiático y mundial. Cuba, a pesar de su debilidad económica se ha labrado un lugar en el mundo y su involucramiento en los procesos de descolonización de África, Medio Oriente y América Latina le han granjeado un gran peso internacional. Otro caso, es el de Israel, un pequeño país en población y territorio, pero con un gran peso por su particular relación con Estados Unidos y determinante en la política global del Medio Oriente.

Se nos ha llegado a llamar, a los países de América Central y El Caribe, como “bananas republic’s” una forma de manifestar la casi nula institucionalidad y el peso insignificante en los asuntos internacionales, antiguamente dominados por la United Fruit productora de bananos. Sin embargo, hay algunos “by-pass” que pueden incrementar el peso los países pequeños en el mundo contemporáneo. Uno de ellos es la integración de muchos países en esquemas económicos, políticos o militares. Un ejemplo importante es el caso de la Unión Europea, que ha construido una unión económica y comercial, más no política y militar. Por eso se dice que la UE es un gigante comercial, un enano político y un gusano militar.

Los países del Sudeste de Asia han construido grupos de naciones cada vez más importantes, como la ASEAN, la Asociación de Estados del Sudeste Asiático, aunque desde el punto de vista de integración económica, comercial y militar todavía queda un largo trecho. En nuestra región del  Caribe, los países ex colonias británicas tienen la CARICOM y en América Central el Sistema de Integración Centroamericana (SICA). Pero el gran proyecto regional de América Latina y El Caribe es la CELAC, Comunidad de Estados Latino Americanos y Caribeños. La República Dominicana es un país a mitad de camino. Somos caribeños a parte total, pero no somos parte de CARICOM; somos culturalmente mas cercanos de América Central pero a pesar los pasos de avance en SICA, nos falta la plena integración con esa región –como la exención de visas-, y nuestra participación en la CELAC es más que modesta.

Fortalecer esas líneas de acción, y acercarnos a nuestros hermanos regionales de Caribe como Cuba, Jamaica, Haití y Puerto Rico, y los demás territorios y países de las Pequeñas Antillas es una agenda importante para el gobierno y los gobiernos dominicanos en el porvenir. Otro aspecto inconcebible es que la República Dominicana con la mayoría de su población de origen africano o mezcla de africanos, no tiene una sola embajada o representación en el África Subsahariana (llamada África negra). Solo tenemos representación en Marruecos, Egipto –países árabes- y en Sudáfrica –país “sui generis” por el peso de su población blanca derivada de la época del Apartheid. Al menos debemos tener representación en Nigeria –el país más poblado de África- en Angola, Guinea Ecuatorial, Mozambique y Guinea Bissau por los lazos lingüísticos, Senegal, la base de los envíos de esclavos al Caribe, y Etiopía, sede de todas las instituciones de integración africanas, entre ellas la Unión Africana.