Las repatriaciones de extranjeros en situación irregular es un derecho de todo Estado soberano. Con las presiones migratorias crecientes en todo el mundo y la xenofobia creciendo en multitud de países, esas acciones son moneda corriente en todo el planeta. Por ejemplo, son muy conocidas las jaulas de menores y las cargas de vaqueros a caballo de la Patrulla Fronteriza en EEUU en los limites con México. Haitianos, dominicanos, hondureños, salvadoreños, guatemaltecos, -con excepción de los venezolanos y cubanos que tienen un trato migratorio especial- son objeto de esas acciones de control migratorio. Y por mas que ofendan la consciencia humana son derechos soberanos de los Estados la manera de hacer cumplir sus leyes migratorias.

 

Recientemente se verificó una matanza espeluznante en la frontera entre Melilla –España- y Marruecos. Ciudad española enclavada en territorio africano, al igual que Ceuta. Unos 24 africanos fueron asesinados y todavía se cuentan 70 desaparecidos. Tanto Marruecos como España escurren el bulto, pero la gravedad de los acontecimientos no pueden ocultarse. Los países de la Union Europea han creado todo tipo de obstáculos, por mar, por tierra y por aire para intentar detener la avalancha de refugiados y migrantes que intentan ingresar desde Asia Central, Medio Oriente y África. Sin embargo, la política migratoria de la UE ha sido muy diferente con los refugiados ucranianos que huyen a la guerra. Se han acomodado en distintos países unos 3 millones de ucranianos en cuestión de meses, siendo los que mayor número acogen Polonia, Alemania, y Rumania. Alemania fue el único país europeo que respondió al drama de los refugiados sirios, afganos e iraquíes, aceptando en 2015 más de un millón de estos en plena crisis de los ahogados en el Mediterráneo.

 

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El trato a los migrantes en situación irregular se rige por la ley de migración de cada país y por los tratados internacionales que al respecto ha firmado cada nación. No existe la mínima duda. Pero también las situaciones de excepción requieren respuestas excepcionales. Sí Francia no hubiera abierto su frontera a los refugiados republicanos en 1939, es probable que el ejercitó franquista hubiera matado cientos de miles. Por esa razón las Naciones Unidas llevaron un proceso de negociaciones con sus 193 países miembros desde 2015 para firmar un acuerdo mundial para garantizar cierto orden en estos desplazamientos regulares o excepcionales. De ahí surgió el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular firmado en Marrakech, Marruecos, el 10 de diciembre de 2018 por 164 países. La República Dominicana fue de los pocos países de América Latina que, junto a Chile, se negó a firmar el Pacto Mundial sobre Migración.

 

Veinte y nueve países no participaron del pacto. Como hemos visto solamente dos países latinoamericanos decidieron no firmarlo. Algunos lo rechazaron como Estados Unidos, Israel, Hungría, Austria, República Checa, Eslovaquia, Polonia, Lituania y Australia. De esos solo cinco votaron en contra en la Asamblea General. Por su parte Argelia, Australia, Austria, Bulgaria, Chile, Italia, Latvia, Libia, Liechetenstein, Rumania, Suiza y Singapur se abstuvieron. Y otros diez países no asistieron a la votación, entre los cuales nuestro país.

 

¿Qué razones provocan las migraciones? Varias razones, pero las más importantes son las condiciones económicas, los conflictos armados, sean internos o con otros países, y la persecución política, entre los más importantes.

 

En los siglos anteriores al siglo XX, desde la unificación del globo con la circunnavegación de la tierra, los traslados de población de aquellos países  que tuvieron el llamado “bono demográfico” –población joven excedente a su mercado de trabajo- se movieron hacia nuevos destinos, y es una constante verificable. Desde el siglo XVI en adelante enormes contingentes de europeos se trasladaron a América, sean españoles a Hispanoamérica, portugueses a Brasil, ingleses a América del Norte, irlandeses a las posesiones inglesas en el mundo, franceses a la Nouvelle France (Quebec), a Luisiana y a Saint-Domingue (Haití); italianos, polacos y alemanes a EEUU, Argentina y Brasil mayormente.

 

Esta migración no incluye los africanos traídos forzadamente como esclavos, que cambiaron la fisionomía de todo el continente. Los africanos no pueden considerarse “inmigrantes”, dada la condición forzada del trafico de esclavos transatlántico. En 350 años llegaron más de 12 millones de africanos esclavizados a América, particularmente del occidente de África. Una cifra igual o mayor murieron en la travesía y en la “captura” en tierras africanas. Quizás es el genocidio más grande de la historia, sin tomar en cuenta la matanza generalizada de los neandertales por parte de los homo sapiens.

 

Particularmente importante fue el trasvase de población excedente en Europa del Sur y Occidental hacia todas las zonas del continente americano, pero principalmente hacia EEUU, Brasil, Argentina y Cuba. En esos desplazamientos casi no existían trabas jurídicas. No habían pasaportes. Ni visas. Los nuevos países independizados estimulaban la migración europea para poblar zonas enteras de América, entonces con muy baja densidad de población nativa. La mayoría de los migrantes eran campesinos iletrados. Pero también había profesionales, artesanos, intelectuales y comerciantes soñando expandir sus actividades. Este fenómeno también se verificó en Australia, Nueva Zelanda y Canadá.

 

Pero en la segunda mitad del siglo XX y las primeras décadas del siglo XXI esos movimientos de población pasaron a denominarse inmigración o o emigración. Si venían de entrada o de salida. La República Dominicana es un país de emigración neta. Mas de 2 millones de dominicanos han emigrado masivamente desde la década de los años 1970. La mayoría de ellos a EEUU, y particularmente a la ciudad y estado de New York, y la costa este de Estados Unidos. También se han verificado grandes emigraciones de dominicanos hacia Puerto Rico, España y las Pequeñas Antillas. La política migratoria del país está contenida en varios instrumentos jurídicos, desde la Constitución de la República, el Código de Trabajo, la Ley General de Migración y otros instrumentos internacionales, parte del llamado “bloque de constitucionalidad”.

 

Pero también somos un país con fuerte inmigración laboral, particularmente desde Haití, nuestro vecino siamés en la Isla de Santo Domingo. Sectores fundamentales de la economía dominicana, que es una de las de mayor crecimiento en la región, dependen de mano de obra haitiana. La industria de la construcción, la agricultura –banano-arroz-azúcar-ganadería-café-cacao- servicios y últimamente el turismo. No existen estudios rigurosos de detalle sobre la cantidad de haitianos que trabajan y viven en el país, y tampoco de los dominicanos de origen haitiano. Solamente la Encuesta Nacional de Inmigrantes (ENI) da algunas pistas. Pero con las limitaciones de una encuesta.Es una tarea pendiente de calcular el impacto de la mano de obra haitiana en la economía dominicana y su rápido crecimiento. Tampoco sabemos cuánto es el monto de las remesas que esos inmigrantes envían a su país. Es una tarea también pendiente, pero resulta muy negativa la ideologización de esa migración. Haití es el único País Menos Avanzado (PMA) del todo el continente americano. El PIB dominicano es casi 10 veces más grande que el de Haití. Por eso el crecimiento económico acelerado dominicano se convierte en un imán a la migración de haitianos jóvenes y sin perspectivas en su país. Como también sucede con Bahamas, con Estados Unidos, con Brasil, con Chile y con los territorios y naciones de la Antillas Menores. Las políticas migratorias deben hacerse en el contexto del respeto más escrupuloso a los derechos humanos y yo agrego al humanismo de los dominicanos.

Posición del Gobierno dominicano sobre el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular