El adjetivo radical es usado en el lenguaje político como sinónimo de extremismo o fuera de contexto. “Eres demasiado radical” se puede escuchar en muchas conversaciones políticas. Sin embargo, el significado del concepto radical, que proviene del latín tardío radiccãlis que a su vez deriva del latín clásico radix radīcis, significa raíz. Es decir, el radical significa etimológicamente “ir a la raíz”. A diferencia de enfrentar un problema con parches o con reformas más o menos superficiales.

En la tradición política dominicana de la post dictadura de Trujillo, casi todos los partidos que se establecieron o surgieron en los años de la década de 1960, se consideraban “revolucionarios”, como el Partido Revolucionario Dominicano, el Movimiento Revolucionario 14 de junio, el Partido Revolucionario Social Cristiano, Vanguardia Revolucionaria del Pueblo –que por más extraño que parezca fue una propuesta muy conservadora y muy de derechas- son algunos ejemplos de lo anterior. La gran excepción fue la Unión Cívica que solo le faltó el “radical” para  ser copia de su para argentina. Hasta nuestros días continuamos con partidos revolucionarios en denominación, hasta el reciente Partido Revolucionario Moderno creado en 2015 como una escisión mayoritaria del viejo PRD. Por el contrario, la tendencia neo trujillista y conservadora que se constituyó en 1963 y que llegó al poder en 1966 en las alforjas de las tropas norteamericanas que invadieron el país en abril de 1965 y se mantuvieron ocupándonos formalmente hasta 1967 –porque la ocupación y neo colonización del país ha continuado desde entonces-, se denominó Partido Reformista, para diferenciarse de los partidos revolucionarios. Los agrupamientos a la izquierda se denominaron de otra forma, como el Movimiento Popular Dominicano, el Partido Socialista Popular reconvertido en 1965 en Partido Comunista Dominicano, la Línea Roja del 14 de junio, y muchas otras derivaciones de esos troncos iniciales.

 

En los siglos XVIII y XIX surgió en Europa occidental una corriente política adscrita al liberalismo clásico en economía. Fueron los partidos radicales. Lo realmente radical en esas posturas, que reclamaban un cambio político más acelerado, fueron cambiando a lo largo del siglo XX, y el “radicalismo” no tiene que ver con su orientación ideológica tanto como con sus métodos y el modo de sustentar sus ideas de cambio. Los radicalismos no necesariamente conducen a extremismos y posiciones violentas o incluso terroristas y no deben confundirse con estos términos. Actualmente las tendencias del radicalismo tienden más al centro o incluso centroderecha, en un modelo de renovación de estructuras sociales alejados de los mecanismos revolucionarios. Ejemplos son el Partido Radical de Francia y el Movimiento Radical de Izquierda del mismo país, el Partido Radical de Chile, la Unión Cívica Radical de Argentina, los Radicales Italianos, el Partido Liberal-Demócrata de Reino Unido, La Causa Radical de Venezuela, el partido uribista colombiano Cambio Radical y el mismo Partido Liberal de Colombia y el movimiento Demócratas 66 de los Países Bajos, entre otros. Pueden encontrarse expresiones más a la izquierda como La Causa Radical en Venezuela, más centrista como los Radicales de Izquierda y más a la derecha como Cambio Radical en Colombia.

 

Es decir, los radicales ni son extremistas ni son violentos. Son más bien partidos del sistema capitalista. Ahora bien, hay otra acepción de radical. Es “ir a la raíz de los problemas” de la sociedad, en este caso de la sociedad mundial y nacional del siglo XXI y de 2023. En Dominicana se percibe el concepto Liberal como en EEUU de izquierda, que no tiene nada de izquierda; y Radical como extremismo irrealista respecto a lo posible y la realidad social y económica del país. Nada más alejado de la realidad. Una corriente política radical es la que tiene como meta cambiar el ordenamiento existente por un orden justo. Por ejemplo, uno de los grandes problemas de la realidad actual es el raquitismo y debilidad extrema de la capacidad fiscal del Estado dominicano. El promedio regional de presión fiscal es 27%. En República Dominicana apenas llegas a un 14/15%. Y por más ajustes y cambios que se han hecho regularmente, no sube la presión fiscal. El problema es que no es un sistema fiscal progresivo. No impone contribuciones a la fortuna (Impuesto sobre la Fortuna), depende extremadamente del consumo que castiga más a los pobres y la clase media. Decir que hay que rediseñar totalmente el sistema fiscal dominicano es percibido como una “propuesta radical”.

 

Otro aspecto es el anti-sistema de salud y pensiones del país. Diseñado casi exclusivamente para las ganancias del sector financiero o para excluir a segmentos enormes de la población de atenciones del “sistema sanitario”. El sistema llamado de seguridad social, que llamaría más de seguridad de ganancias, debe ser replanteado en su conjunto. Lo primero es que debe ser un sistema público de carácter universal, tanto en salud como en pensiones, a cargo del Estado y las colectividades locales como municipios y regiones (no existentes desde el punto de vista institucional y político). El sistema sanitario debe ser un sistema nacional, generalizando las cotizaciones de los asalariados y empresas al SENASA, pudiendo existir igualas privadas pero no centro del sistema. Lo mismo en pensiones. Un sistema público universal que todos coticen con beneficios definidos. Recientemente se sometió a la Cámara de Diputados un proyecto bicameral de reforma de la Ley 87-01 que puede ser la base para un cambio radical de la estafa de las AFP que acumulan por 20 años más de un billón de pesos (un millón de millones de pesos) sin existir una sola pensión por vejez desde 2003. Mientras sus accionistas se lucran descaradamente y reparten esos “dividendos” todos los años sin la más mínima vergüenza. Cambiar esto en el sentido planteado es calificado peyorativamente de radical. Pues si, es radical porque va a la raíz del problema.

 

En fin, hay que ser radical para transformar la sociedad en un sentido de más cohesión social y más derechos de los ciudadanos. Solo las propuestas radicales pueden ir a la raíz de los problemas, de los expuestos y de muchos más pendientes en la sociedad dominicana.