La estructura de recaudación fiscal del país requiere un rediseño completo. Todos los opinadores de economía y finanzas públicas, políticos, empresarios, académicos, entre otros, coinciden que la actual estructura fiscal y contributiva es regresiva, impide la reducción de la pobreza en el país y amerita una “reforma comprensiva y total”. Sin embargo, en los últimos 20 años, a pesar de las constantes “admoniciones” del FMI y los organismos financieros multilaterales, las reformas realizadas son parches recaudatorios, como la de 2012. Nunca es “buen tiempo” para enfrentar este enorme peligro que amenaza al país.

En un ranking reciente de la revista Forbes, la República Dominicana aparece como el último país en nivel salario mínimo, sólo superado por Venezuela que enfrenta una realidad económica excepcional y muy distorsionada. El ranking está encabezado por Costa Rica con 650 dólares como Salario Mínimo y nuestro país con 245 dólares como promedio del reguero de salarios mínimos en el último puesto. Tenemos un sistema regresivo en el cual los de menos ingresos y los sectores medios cargan con la mayor carga de contribución que en sí es raquítica. Con la reforma de inicios de los 90 realizada por el gobierno del presidente Balaguer, se operó un cambio importante: en lugar de depender de los ingresos de aduanas pasamos progresivamente a un sistema basado en impuestos internos.  Mientras que los sectores privilegiados y empresariales o no pagan nada legalmente (gasto tributario que asciende a más de un 5% del PIB) o evaden de distintas maneras los pagos de contribución: empresas off-shore; paraísos fiscales; doble contabilidad alterada; compra de los inspectores y mil trucos más. De todos los países de América Latina y El Caribe estamos en el segundo lugar con menor presión fiscal, de 14%, superado solamente por Guatemala…!El campeón de la desigualdad continental. ¡Vaya perla!

Uno de los pilares del sistema es el cobro de un Impuesto al Valor Agregado, llamado ITBIS en nuestro país (Impuesto a la Transferencia de Bienes Industriales y Servicios) que fue introducido en 1983 en el gobierno del presidente Jorge Blanco como parte de los acuerdos con el FMI, de muy baja tasa (6%) y poca cobertura. Actualmente se caracteriza por excluir muchos ítems que deberían pagar el impuesto y por reproducir el paradigma neoliberal de que el ITBIS debe ser una tasa única, como también hace con el Impuesto sobre la Renta (ISR) de las empresas. Un absurdo neoliberal que supone que una joya de lujo paga lo mismo que alimentos y artículos de primera necesidad, como la mantequilla, la margarina o el aceite de cocinar.

Por tanto, proponemos que una de las transformaciones del ITBIS sea como sigue; generalizar la aplicación del impuesto a todas las transacciones y servicios hoy excluidas, con pocas muy excepciones, pero reduciendo y diferenciando claramente las tasas de los artículos de primera necesidad. No debería ser que el lujo pague lo mismo que una lata atún o pica-pica o una botella de aceite de cocinar, llegándose al extremo que yates y aviones privados no pagan nada. Hay que cambiar esa estructura cuanto antes.

En primer lugar veamos lo que ha sido hasta hoy el ITBIS Único. En 2012, cuando se aumentó “provisionalmente” a 18%, el ITBIS era de 16%. La provisionalidad de 2012 perdura hasta hoy día casi 12 años después y no hay signos de reducción a su nivel “normal”. Por eso un gran economista decía que no hay nada más permanente que las medidas provisionales. Nuestra propuesta es que el ITBIS base vuelva a su tasa de 16% ó 15%.

Paralelamente se crearían 3 tasas adicionales. El ITBIS-Reducido, con una propuesta de una tasa de 8% para artículos de consumo importantes como ropa, productos de higiene, alimentos no esenciales, entre otros. En algunos países se usa ese IVA especial reducido en los servicios de restauración (restaurantes) para incentivar esa industria y el turismo, como el caso de España. Un ITBIS hiper reducido de 1 ó 2% que se aplicaría a todos los alimentos, a los artículos escolares, a la ropa de niños y niñas, los medicamentos no genéricos entre otros. Y finalmente un ITBIS al Lujo, con una tasa de 25% que incluye ropa importada de marca, joyas de lujo incluyendo relojes, vehículos de más 1200 centímetros cúbicos, lanchas, segunda vivienda, venta de alcoholes en general, entre otros.

De dicha manera se cubriría la totalidad de transacciones para el pago de impuesto al valor agregado, pero se haría de forma tal que será un impuesto bajo o muy bajo para la norma de consumo de las clases populares, y mediano y alto para las clases ricas.

 

Este sistema se aplica en muchos países de Europa y América Latina, y ha dado excelentes resultados: en Alemania, en Argentina, en Francia, en Italia, en España, en Portugal, entre los más relevantes. De 34 países de la OCDE, 31 tienen vigentes sistemas de IVA diferenciados. Otro aspecto importante es que el cobro del impuesto debe ir integrado al precio, no agregado al momento de la adquisición. Podría desglosarse en la factura final, pero el precio ofertado al consumidor debe integrar la tasa del ITBIS en cada caso.

Mediante un modelo de ITBIS diferenciado se amplía la base del impuesto y se incrementan los ingresos del erario. El ITBIS a ciertas actividades especiales, como la explotación minera, los pasajes aéreos, entre otros deben tratarse de forma especial. Igualmente, la Agencia Tributaria que debería unificar la DGII y la DGA, debe diseñar un sistema de reintegro parcial a las Zonas Francas, al personal diplomático y a los consumos determinados de los turistas, para fomentar el turismo de compras.

Uno de los componentes centrales de la futura reforma contributiva debe ser transformar la forma y las tasas del impuesto al valor agregado (ITBIS).