Nuestros paseos por Buenos Aires han estrechado
los lazos y nos han enseñado a ver los pórticos
en las calles y las macetas en los balcones,
en los edificios bien cepillados durante nuestra
estancia cerca del Jardín Botánico, y los cafés
donde comimos medialunas y sorbimos capuchinos.
Los paseos nos dieron la oportunidad de viejos juegos:
cómo mantener mi talla justo por encima de tu pelo
oscuro y ondulado hasta que ya no pueda fingir
que camino de puntillas…y la política, tu pasión
por lo que es justo y correcto y verdadero
en un mundo de mentiras recurrentes. Los paseos
porteños volverán de nuevo en nuestros recuerdos,
consolándonos cada noche por estar separados.