El 22 de enero, día de la celebración del año nuevo chino (año del conejo) llegamos a la Bahía D’Opunohu en Moorea, Polinesia Francesa a las 7:00 am. Este día nos anunciaron que íbamos a ser transportados en lanchas desde el barco hasta la costa. Las actividades continuaron de manera normal en el barco, para aquellos que prefirieron quedarse: clases de estiramientos, abdominales, mahjong, pickleball (juego de raqueta similar al tenis), origami, ping pong, la rueda de la fortuna y otras atracciones más. Además, hubo misa y servicios religiosos para personas que practican otra denominación. En estos cruceros hay muchas personas retiradas, y otras que prácticamente viven en el barco ya sea porque no tienen familia o porque se les hace más fácil este tipo de vida; lo cierto es que tienen los medios para ello. Además, este tipo de cruceros cuenta con todos los servicios que se puedan necesitar: médicos generales, odontólogos, terapistas, médicos chinos, acupunturistas y masajistas para sólo mencionar algunos.

Moorea, o “lagarto amarillo” en tahitiano, está ubicada a sólo 10 millas náuticas al noroeste de Tahití. Es la segunda isla más importante de las Islas de la Sociedad de la Polinesia Francesa y es considerada como la hermana pequeña de Tahití.  Es de origen volcánico con una superficie de 134 km2, esculpida por una intensa erosión, con un territorio montañoso y accidentado y selvas tropicales con muchos arroyos y suelos fértiles. Dividiendo la costa norte, hay dos bahías, la Bahía de Cook y la Bahía de Opunohu que están conectadas por una carretera. Además de estas dos grandes bahías, Moorea posee ocho valles que forman una estrella. Tiene, además, ocho picos de montaña que se elevan desde su laguna y crean una silueta que se puede ver desde Tahití. El pico más alto, el Monte Tohivea, está a 3,960 pies. Si se mira desde arriba, Moorea tiene forma de corazón.

Esta hermosa isla tiene clima tropical, cálido y muy húmedo, beneficioso para la gran vegetación que posee y temperaturas que fluctúan entre 28 y 30°C con ligeras variaciones durante el año.

El censo de 2017 reportó 17,816 habitantes que están dispersos en pequeños pueblos y aldeas, con un centro administrativo compartido entre los pueblos de Afareaitu y Vaiare en el medio de la costa este.

Moorea es un atolón conocido por sus aguas turquesas, los delfines y las ballenas, playas de arena blanca, altas montañas interiores, plantaciones de víveres y ricas frutas tropicales y paisajes exuberantes y, además, por ser uno de los principales destinos turísticos de la Polinesia Francesa, con una magnifica oferta de hoteles de lujo y múltiples opciones de aventura.

La mayor parte de la población es cristiana, como consecuencia de la colonización europea y de grupos misioneros católicos y protestantes.

Hay cuatro iglesias católicas y un centro religioso, también católico: la Iglesia de San José en Paopao, la Iglesia de la Sagrada Familia en Haapiti, Iglesia de San Miguel en Papetoai, Iglesia de San Patricio en Afareaitu y el centro religioso San Francisco Javier en Varari.

Dos jóvenes lugareñas en trajes típicos sostienen las imágenes de la Virgen de la Altagracia. Al fondo, a la derecha, parte del cuarteto que nos dio la bienvenida.

 

Moorea nos recibió con un cuarteto muy animado, al ritmo de diferentes tambores.  Ahí, había una carpa con una venta de artesanías y joyas.

Cuarteto local que nos recibió al ritmo de tambores.

Visitamos la Iglesia de San Miguel en Papetoai donde nos dieron una gran bienvenida, con mucho amor por parte del Padre David-LT, y la Sra. Greta Maitaitai, almas maravillosas que nos acogieron calurosamente y se sintieron muy honrados con la visita de la Virgen de la Altagracia. El Padre nos manifestó que era la primera vez que una virgen los visitaba y mostró mucho interés por el lienzo que llevábamos, por lo que le regalamos una imagen que teníamos para estos fines.

Sra. Smith Micheline, voluntaria de la iglesia, recibe las ofrendas en la misa.

Participamos de la misa, con muchos cantos y rituales muy diferentes a lo que nosotros conocemos. La misa la dedicaron a Nuestra Señora de la Altagracia y se nos brindó la oportunidad de presentarla ante todos los fieles que estaban en la iglesia.

Al concluir la misa, nos quedamos a compartir con ellos y el sacerdote del barco, que se integró a la conversación explicándoles a ellos nuestra misión y pudimos tomar fotos muy emotivas con personas que se conmovieron con nuestra Virgen y a quien también dejamos souvenirs de nuestra visita. No podemos explicar con palabras la emoción que sentimos el día de hoy cuando veíamos a los fieles acercarse a tocar a nuestra amada virgen con mucha reverencia, y a preguntarnos de donde éramos y por qué hacíamos esta peregrinación. Nos regalaron collares de flores como es su costumbre, nos bendijeron y nos desearon mucho éxito en nuestro peregrinar con la Virgen.

Pudimos visitar con la virgen varios puntos de interés con un taxista del lugar que se ofreció a llevarnos y dijo sentirse muy honrado de llevar una virgen con él. Así, fuimos a la playa y nos encontramos con la Sra. Urahutia Riveta y su familia, no católicos pero que nos trataron con mucho respeto y cariño; a ellos también le presentamos a nuestra Virgen. También nos encontramos a una joven que nos pidió que oráramos por ella.

Rubén Núñez, el Padre David-LT y Elizabeth Farinho de Núñez en el altar de la Iglesia San Miguel en Papetoai.

Para ver más fotos y videos de Moorea, de la bienvenida, la misa, los sacerdotes y los lugareños, donde pueden ver la alegría y la emoción con la que la Virgen de la Altagracia y nosotros fuimos recibidos, pueden dirigirse a nuestra página de Instagram @virgenviajaporelmundo y en la página de Facebook, Virgen viajando por el mundo.

A las 4:30 de la tarde, dejamos esta isla maravillosa con mucha alegría y emoción y a partir de este momento la llevamos en nuestros corazones, porque aquí vivimos uno de los momentos más conmovedores de esta peregrinación.

Salimos en la última lancha que nos llevó al barco para dirigirnos a nuestro próximo destino que es la isla Raiatea. A esa hora, en una terraza al aire libre del barco había pautado un “happy hour” para disfrutar de la vista mientras se navegaba lejos de Moorea. A las 6:30 de la tarde, una trivia sobre los Océanos, un baile a las 8:00 pm y un show de comedias con el trío The Biddys. Nosotros, particularmente, nos reunimos después de cenar, con un grupo de nacionales chinos a celebrar el año nuevo chino.