Crease o no, desde aquel fatídico 11 de septiembre en Chile al día de hoy las cosas han cambiado: ya no
hay incondicionalidad ante Washington; ya la Casa Blanca no se atreve a conspirar contra ningún
Gobierno en América Latina (y, si se atreve, Venezuela le saca la lengua); ya la Revolución Cubana le
resulta demasiado grande; ya ninguno de sus presidentes manda en Europa, ni mucho menos en
Asia; ya los chinos son su plena competencia comercial en cualquier lugar del mundo, incluyendo la sede
del imperio…En fin, se ha hecho más que evidente que, contra todos los lógicos pronósticos, el “Imperialismo” ya está entrecomillado.