Opinión

Imágenes que no emigran

Al transcurrir un año de haberme quedado viudo, por momentos todavía olvido que mi esposa ya no está, y sigo poniendo las llaves de los candados del portón de la marquesina de nuestra casa en un clavo que fijé al lado del closet de ella, con la finalidad de que el referido llavero quedara a su alcance cuando cerrara su vestidor.

Por Edgar Hernández Mejía

En materia de psicología se denomina “miembro fantasma” a la sensación o la percepción que durante algún tiempo sienten las personas a las que les han amputado un pie, una pierna, un brazo, una mano, etc. de que aún ellos tienen ese miembro en su cuerpo. Es como si se les olvidara por momentos que les amputaron un pie, una pierna, un brazo, una mano, etc.

Cuentan algunas personas que han sufrido amputaciones (sobre todo adultos) que en algunas oportunidades ellos mentalmente han ordenado poner en movimiento el miembro faltante. Por ejemplo, ordenan a su brazo derecho inexistente que se extienda para saludar a alguien. En otros casos su mente ordena ponerse de pie, en un momento en que ellos no tienen puesta la pierna ortopédica, y han perdido el equilibrio o han caído al suelo.

De la misma manera, cuando alguien ha convivido maritalmente muchos años con una persona y esta última fallece, durante meses, el viudo (a) mentalmente a veces concibe dialogar o piensa preguntar algo o informar y conversar algún tema de interés con la persona ya ida. Desde luego, esta es una idea fugaz, de segundos. Situación de la cual rápidamente se reacciona… y se suele entonces pensar que es inaceptable o por lo menos de muy difícil aceptación que la muerte de un ser humano cercano sea una realidad absolutamente irreversible, una partida definitiva, sin regreso posible, sin vuelta atrás. Igual que jamás le renacerá al amputado el pie, la pierna, el brazo o la mano perdida traumática o quirúrgicamente.

Equivalente a la experiencia del “miembro fantasma”, existe un tipo de pensamiento que nos lleva a concebir la idea de buscar o de esperar, por ejemplo, para conversar o almorzar, a la persona que ya no está. Idea fugaz que desaparece con rapidez. A este fenómeno mental efímero o pasajero yo lo he denominado “imágenes que no emigran”.

Otra modalidad de lo antes descrito, me ha sucedido personalmente cuando he ido a una tienda a comprar frutas, golosinas o cualquier otro tipo de artículo. La tendencia (durante meses) ha sido adquirir cinco unidades, igual que como lo hacía cuando mi compañera vivía; tiempo en el que compraba para nuestros cuatro hijos y para ella.

Al transcurrir un año de haberme quedado viudo, por momentos todavía olvido que mi esposa ya no está, y sigo poniendo las llaves de los candados del portón de la marquesina de nuestra casa en un clavo que fijé al lado del closet de ella, con la finalidad de que el referido llavero quedara a su alcance cuando cerrara su vestidor. Lo que desde hace un año ya no es necesario, en razón de que no está quien usaba ese guardarropa.

Lo que sucede es que hay imágenes y concepción de ideas que no se van con carácter de permanencia; o sea, no emigran… o por lo menos no desaparecen durante varios meses o años.

Yo que he escrito poesía desde mi adolescencia, en los doce poemarios publicados por mí (en formato de folleto o de libro) he abordado en seis ocasiones el tema de la partida definitiva de las personas; ocurriendo que la escritura de aquellos poemas en ningún caso me hizo concebir la idea de las imágenes que se mantienen vivas y no emigran.

Veamos: a) “Poema del dos mil cuarenta y ocho” (Poemario “Auroras y Sueños”. Edición conjunta Universidad Central del Este (UCE), Taller, Santo Domingo, 1982).

b) “No ansiaré desde mi tumba” (Poemario “Auroras y Sueños”, U.C.E., edición conjunta, Taller, Santo Domingo, 1982).

c) “Meditaciones y flor ante el sepulcro”, (Poemario “Auroras y Sueños”, U.C.E., edición conjunta, Taller, Santo Domingo 1982).

d) “Elegía por la muerte del poeta”, a Franklin Mieses Burgos. (Poemario “Breves Datos del Alma”, U.C.E., edición conjunta, Taller, Santo Domingo, 1982).

e) “Poeta del pincel”, a Gilberto Hernández Ortega. (Poemario “Breves Datos del Alma”, U.C.E. edición conjunta, Taller, Santo Domingo, 1982).

f) “La Vida en Marcha”, versión CD, Buenos Aires, 2005. Edición en soporte de papel, editora Soto Castillo, Santo Domingo, 2010).

Sé bien que ha llegado el momento histórico de incorporar el concepto “imágenes que no emigran” a un poema de mi autoría. Por ese motivo concebí, escribí y ahora publico lo siguiente:

Imágenes que no emigran

A: Luisa

Siento hoy que estás muy cerca

aunque sé que te has ido,

y tu partida cada día olvido

para igual que siempre llegar a ti.

No es necesario ahora llamarte,

ya que tú sigues presente

… y cuando deseo volver a verte,

me basta quedar dormido.

Cada uno de los hijos nuestros

(en su alma y en su sangre)

conserva parte importante de ti,

sucediendo que al yo estar junto a ellos

logramos reunir los dulces elementos

que integraron el ser que fuiste,

y entonces muy cerca de nosotros

percibimos la esencia tuya

aunque estés materialmente ausente.

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