Roberto Cassá es uno de los más importantes y brillantes historiadores dominicanos de los últimos 50 años. Surgidos en el periodo del post trujillismo, esa oleada de nuevos historiadores pusieron en duda todas las ideas y certezas de la historiografía anterior, desde la fundación de la República, basada en la exaltación del hispanismo católico, hasta la ideología trujillista. Particularmente cuestionaron la ideologización de la relación histórica entre el pueblo dominicano y el pueblo haitiano. Dominicanos y haitianos somos productos de las luchas coloniales entre España y Francia, el abandono de España de la parte occidental de Santo Domingo, y habitamos la misma isla y en gran medida compartimos los mismos males y problemas. Desde la perspectiva histórica hay que conocer realidades y no ficciones creadas ideologizadas.

Esa camada de historiadores recuperaron las metodologías más modernas  de interpretación de la historia, el materialismo histórico de la escuela marxista y la escuela de los anales, entre otras, para reinterpretar los últimos 200 años de historia de la isla de Santo Domingo, La Española, Quisqueya, Haití o Hispaniola según la denominación norteamericana. El aporte de Cassá a esta nueva historia ha sido fundamental, junto con otros autores como Hugo Tolentino Dipp, Franklin Franco, Rubén Silié, Emilio Cordero Michel, Alberto Despradel Cabral, Juan Manuel Balcácer, Frank Moya Pons entre otros, con similitudes y diferencias entre ellos, pero con nuevas metodologías mucho más objetivas. En esa nueva historiografía dominicana Roberto Cassá ocupa un lugar destacado, no solamente por sus obras e investigaciones publicadas, sino también por la gran labor desarrollada desde 2004 en el Archivo General de la Nación. El AGN fue radicalmente transformado en estos últimos 18 años, por la dirección de Cassá, de una institución moribunda a una institución restaurada, dinámica, respetada y admirada por la enorme labor de recuperación de la memoria histórica de la nación dominicana.

 

En esa labor de la nueva historiografía dominicana, la reinterpretación de la historia basada en un hispanismo católico y un antihaitianismo mistificador de la historia, ha jugado un papel central la objetividad respecto a la relación dominico-haitiana de los historiadores mencionados a partir de la revolución haitiana contra la esclavitud de 1791, con la proclamación de la abolición de la esclavitud por la Convención Nacional de París en 1794 dominada por los jacobinos en plena Revolución Francesa. ¿Cómo era posible adoptar la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y el Ciudadano en Francia en 1789 y no en sus territorios coloniales? ¿Libertad, Igualdad y Fraternidad no eran aplicables a los negros a los mulatos y a los “petit blanc” sometidos?

El segundo acto de la revolución de los esclavos y los negros traídos de África a la parte francesa de la Isla fue la segunda campaña de la guerra contra el colonialismo francés una vez asesinado Toussaint Louverture por el engaño de Leclerc, enviado por Napoleón para reinstaurar la esclavitud, que concluye en la independencia y la fundación de la República por medio de la guerra conducida por los generales herederos de Toussaint y encabezados por Jean Jacques Dessalines entre 1801 y 1804. Todos esos conflictos de fuerzas sociales que opusieron el colonialismo francés, pero también inglés y español desde 1791 hasta 1804 han sido ideologizados, tanto de la parte resultante de los antiguos españoles que heredamos la creación del Estado nación dominicano en 1844 y los herederos a partir de 1804 de la independencia de la parte oeste, convertida en la nación haitiana.

 

Recientemente el país ha conocido una polémica basada en unas declaraciones dadas por Dr. Roberto Cassá en el programa “El gobierno de la mañana” de la emisora Z 101, en relación a la actitud de los historiadores haitianos respecto a la República Dominicana y su existencia, así como al tratamiento a los migrantes trabajadores haitianos presentes en nuestro país. Literalmente, Cassá afirmó que “la mayoría de los intelectuales haitianos creen que los dominicanos somos los responsables de sus desgracias”. Que los haitianos tienen que aceptar que “somos un país distinto” y que las secuelas de esa percepción es una “falsificación de los haitianos de la historia, que concluye que la República Dominicana no tiene derecho a la existencia”; “que la frontera no existe, que esto no es un país, y que ellos (los haitianos) son los verdaderos dueños de toda la isla”. Además que “eso se enseña en los manuales de historia de Haití, y que desde luego, este país debe defenderse de esa actitud”. Quien escribe no es un experto en historia haitiana, sobre todo la visión de los haitianos hacia “la Dominicanie” como le llaman en creole a este país.

 

Pero sí hemos leído las posiciones de autores centrales como Jean Price-Mars, autor de una obra central en la visión de ambos países (“La República de Haití y la República Dominica” 1953) escrita precisamente siendo Prices-Mars embajador haitiano en Ciudad Trujillo. Es probablemente la obra de intelectual haitiano alguno más importante en la visión de la intelectualidad haitiana sobre la relaciones entre las dos naciones nacidas de las colonizaciones española y francesa. En ningún momento Price-Mars negó la existencia del pueblo o la nación dominicana, sino que hizo consideraciones que derivan del “europeísmo o hispanismo” de la elite y la ideología dominante en Dominicana. Pero si coincidimos con el concepto de “bovarismo colectivo” de las elites tanto dominicana como haitiana.

 

En el debate resultante sobre las declaraciones del Dr. Cassá han intervenido varios y varias estudiosos y estudiosas de la enseñanza de la historia en Haití y en RD. Por ejemplo, Cesar Pérez, ex compañero de Roberto Cassá en el PCD publicó un trabajo crítico de la postura expresada por el historiador, como también Carlos Julio Báez, sociólogo e historiador dominicano emigrado a España y ex compañero de Cassá en el Partido Socialista (PS), planteó apoyar la postura expresada por el director del AGN. Por otra parte, las historiadoras como Quisqueya Lora o María Filomena González quienes expusieron análisis comparativos sobre la enseñanza de la historia y la visión mutua en la educación tanto dominicana como haitiana, disienten de la opinión de Roberto Cassá. Mezclar el análisis histórico con los problemas o fenómenos migratorios, es mezclar dos asuntos que no son necesariamente el mismo. Haití es la economía más estancada y pobre en estos momentos del continente, mientras que durante más de 80 años la economía dominicana ha experimentado tasas de crecimiento y expansión que ha integrado la mano de obra haitiana indocumentada como un factor de ganancias extraordinarias de los dueños del capital. Sí existe un problema migratorio haitiano es debido a que los capitalistas dominicanos o extranjeros instalados en nuestro país han servido como imán poderoso para su utilización.

 

Las relaciones dominicanas y haitianas deben despojarse de mitos y de ideologizaciones mal intencionadas o falsas, de un lado y otro de la frontera. Y como dijo el gran físico y científico italiano Galileo Galilei ante el Tribunal de la Inquisición que lo juzgaba, en el caso de los dos pueblos que habitan esta isla, Eppur si muove.