El debate sobre la Memoria Histórica viene de lejos. La historia la escriben los vencedores dice un viejo adagio. Pero casi siempre es una historia deformada y falsa. La historia de la llegada de los europeos al continente que ahora llamamos “América” es una de ellas. Una empresa llena de codicia, saqueos y genocidios. Genocidio de habitantes originarios –los llamados “indios” que de indios no tenían nada- en una primera etapa, comenzando con los habitantes originarios de Las Antillas, particularmente los tainos que poblaban Borinquén, Quisqueya, Jamaica y Cuba, y parte de las pequeñas Antillas.

 

La búsqueda incesante de oro expuso a los tainos a un régimen de servidumbre, esclavitud y trabajo que mató una gran cantidad de ellos, y las matanzas y las enfermedades traídas de Europa hicieron el resto. Hablar de esto le llaman en España “la leyenda negra de la colonización”. Hablando de negros, la colonización 2.0 vino con la traída de esclavos africanos cada vez mayor.

 

El régimen de plantaciones que se instauró con el agotamiento del oro y la plata en muchos países, se sustentó en el llamado “Comercio Triangular”: mercancías manufacturadas de Europa, intercambiadas en África por esclavos negros y estos a su vez vendidos por oro y plata en El Caribe, Brasil y América del Norte. Entre 12 y 15 millones de africanos fueron así “comprados y vendidos” durante 350 años. Una historia de la infamia y uno de los mayores genocidios de la historia. Ese comercio triangular, la liquidación de un parte importante de la población originaria –en menor medida en los Andes y en el Virreinato de Nueva España hoy México- pero masivamente en los territorios mencionados, cambiaron para siempre la fisionomía y la cultura de “América”. Esto también es considerado en España “leyenda negra” sobre la colonización que según sus defensores vino a “civilizar, traer universidades, humanizar el trato y claro cristianizar” a esas poblaciones de salvajes y africanos.

 

Hay países donde la versión hispanista prevalece como historia oficial, como el nuestro. Hay otros que han habido grandes revoluciones y transformaciones donde la idea de la historia ha cambiado radicalmente, como México después de la revolución mexicana de 1910; Cuba, después de la revolución de 1959; Brasil y Estados Unidos en un proceso más lento pero permanente. Sin embargo la historia oficial dominicana es una mezcla de hispanismo a ultranza en el sentido tradicional, y de negación de la presencia africana por negar y distorsionar la revolución de los esclavos de Saint-Domingue devenido en Haití a partir de 1804. Por ejemplo, la versión de que Toussaint L’Ourvertue y Jean Jacques Dessalines vinieron a la parte española a “matar y degollar dominicanos”, cuando la nación y la consciencia nacional dominicana era inexistente o al menos muy incipiente.

 

En 1795 la Corona Española cede la parte oriental de la isla de Santo Domingo a Francia, a cambio de recuperar los territorios perdidos en la Guerras Revolucionarias de la República Francesa, Cataluña, el País Vasco y Navarra. Por tanto desde 1795 –antes de la independencia de Haití- la isla completa era posesión de Francia, y Toussaint y Dessalines entraron a reclamar la posesión francesa de esta parte de la isla que ponía en peligro la liberación de los esclavos de 1794 o la independencia de 1804. Por tanto toda la construcción ideológica sobre la “invasión de Toussaint y Dessalines” no son más que falsificaciones de la historia. Para ello necesitamos recuperar en ese plano la Memoria Histórica real.

 

En los tiempos presentes tenemos dos casos de Memoria Histórica reclamada y recuperada: Argentina con las violaciones a los derechos humanos y la barbaridades cometidas por la dictadura militar instalada por el golpe militar de 1978, y España con relación a la negación de los crimines del franquismo y el neofranquismo de las deudas con cientos de miles de fusilados, asesinados, exiliados de la dictadura fascista impuesta por Franco en 1939.

 

En República Dominicana tenemos varios elementos necesarios de ajustar y no olvidar de la historia de los últimos sesenta años: las matanzas de los expedicionarios del 14 de junio de 1959 y sus torturadores y criminales; los crímenes semiolvidados de los esténtores finales del régimen de la dictadura trujillista en 1961; los asesinatos y fusilamientos de los alzados contra el golpe de Estado a Bosch en 1963, en particular Manolo Tavárez Justo y sus compañeros fusilados en diciembre de 1963; las fuerzas leales al régimen de San Isidro en 1965 que llevaron a cabo la ofensiva del puente Duarte y la llamada “Operación Limpieza” y finalmente, el caso del fusilamiento del Coronel y ex presidente de la República, Francisco Caamaño Deño atrapado vivo y ejecutado por manos de personeros hoy vivos y exaltados a grandes posiciones de intelectuales e historiadores. El pasado 15 de diciembre de 2022 se hizo de conocimiento público el Acta de Defunción del Coronel Caamaño….casi 50 años después de su asesinato. Los familiares de Caamaño, comenzando por su viuda, han exigido públicamente al Ministerio Público una detallada investigación del caso, y llamar a los responsables a responder a los tribunales de la República. Otro caso no aclarado es el asesinato de Manolo Tavárez Justo en las Manaclas en diciembre de 1963. No hay democracia sin memoria y sin justicia democrática. La nación lo espera y lo exige. Una nueva memoria democrática exige la instalación de una comisión de la Verdad, para investigar y someter estos crímenes aborrecibles.