El sector educación ha vivido dos años con muchas inquietudes por la pandemia, por la gestión y por los resultados de aprendizaje. El presidente Luis Abinader ha nombrado un nuevo ministro de Educación. Estamos ante el Ministerio más complejo y de mayor densidad de empleados. Además, es un Ministerio que tiene bajo su responsabilidad la introducción de los niños, de los adolescentes y de los jóvenes, al mundo del conocimiento, de las ciencias y de la vida. Asimismo, es el Ministerio que fortalece las competencias y moviliza las mentalidades de adultos que deciden completar sus estudios. Los compromisos son muchos; las demandas, innumerables; los problemas, constantes. Esta realidad no es algo casual, es la cotidianidad del Ministerio de Educación. Por ello los desafíos del nuevo ministro son de alto voltaje. Consideramos que esta nueva gestión tiene cinco desafíos que no pueden ser obviados ni mucho menos olvidados.

El primer desafío es organizarse estratégicamente para iniciar un proceso de erradicación de la cultura clientelar que existe en el sector educación. El clientelismo político-partidario es una patología que obstaculiza la calidad y el desarrollo de la identidad de las personas, instrumentaliza a los actores, a la escuela y a la comunidad educativa en general. Este desafío es fuerte; pero, si no se enfrenta, los esfuerzos caerán en el vacío. La cultura hegemónica de los compañeritos no puede tener espacio. Fomenta la exclusión y quiebra la institucionalidad.

El segundo desafío es erradicar, sin ambages, la corrupción característica del sector educación. Es una corrupción abierta y encubierta que drena el alma educativa. Su incidencia constituye una vergüenza pública y privada. La cultura corruptora bloquea la posibilidad de ser y de hacer a favor del bienestar común. Las acciones contra la corrupción educativa constituyen un compromiso ineludible. Es una tarea difícil, pero hay sectores de la sociedad dispuestos a colaborar para la superación progresiva de este mal histórico. Este desafío tiene conexión sustantiva con la ejecución efectiva y ética del 4%.

 

El tercer desafío se relaciona con la calidad de la educación. Es hora de procurar que sea una realidad en el mismo Ministerio, en los centros educativos y en las aulas. Es urgente la calidad integral que le aporte fundamento científico, rigor sistemático y equidad permanente a los procesos educativos. Para ello, es necesario empujar cambios estructurales en el sistema educativo dominicano con el apoyo de las organizaciones nacionales e internacionales comprometidas con una educación capaz de propiciar aprendizajes innovadores.

 

El cuarto desafío es priorizar una formación consistente y actualizada de los docentes, de los gestores de los niveles alto, medio y bajo. La consistencia profesional y ética es una necesidad impostergable, empezando por el Ministerio de Educación. Sin miedo, hay que develar las necesidades de formación cualificada en un alto porcentaje de la plantilla de la sede central del Ministerio de Educación. De igual manera, es evidente que el perfil de ingreso a la carrera de educación y la formación de los docentes requiere un cambio de 360°. Se han de eliminar del sector educación las acciones desarticuladas y sin direccionalidad. Urge poner en ejecución una política de formación docente de calidad integral y con equidad. Desde esta perspectiva, se requiere un trabajo articulado entre el MINERD y el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología. Para avanzar en esta dirección, es importante, también, que la Asociación Dominicana de Profesores clarifique sus opciones y asuma, sin vacilación, un proceso de transformación, de su cultura, decisiones y prioridades.  Ha de fortalecer su capacidad de alianza estratégica y de investigación.

 

El quinto desafío invita al nuevo ministro de Educación a liberar el MINERD de la diversidad de negocios que lo mantienen atado (desayuno y almuerzo escolar; útiles escolares y uniformes). Estos procesos económicos distraen y empobrecen la atención plena a los verdaderos focos de un Ministerio de Educación. Son aspectos calificados de necesarios por la pobreza de las familias y la vulnerabilidad de la permanencia de los estudiantes en la escuela, pero requieren un tratamiento distinto. Tendrá que revisar, también, si debe continuar con los negocios relativos a infraestructura y reparaciones mayores.  El MINERD tendrá que repensar las estrategias más adecuadas. Además, tendrá que alinearse con las directrices de la Oficina de Compras y Contrataciones Públicas y, sobre todo, con la normativa propia del mismo Ministerio.

 

Los desafíos del nuevo ministro de Educación comprometen, al mismo tiempo, a todos los ciudadanos que creen en la educación y están dispuestos a aportar lo mejor de sí para que otra educación sea posible en nuestro país.