El reciente ataque del movimiento político-religioso Hamás a Israel y las acciones militares que este ha asumido como respuesta, son acontecimientos que han puesto en vilo a gran parte del mundo, al tiempo de conmover la conciencia de influyentes pensadores del mundo intelectual y político. Pocas veces eminentes pensadores árabes se han expresado con tanta dureza condenando una acción de una organización política-religiosa árabe contra Israel, mismo que pensadores israelíes y simples judíos hayan sido tan categóricos en su condena a una acción militar del núcleo duro sionista del gobierno de aquel país. Consternados, todos han expresado que el principio de “legítima defensa” tiene límites inviolables de carácter moral y político.

La mayor importancia de tales posiciones es que van más allá de simple condenas, sino que plantean ir a la raíz del problema para tratar de encontrar la salida a una situación que dura ya tres cuartos de siglo que lejos de percibirse, con el reciente conflicto árabe-palestino-israelí ha tomado una deriva de proporciones potencialmente catastróficas no solo para el Medio Oriente, sino para el mundo y para los habitantes de las partes en conflicto. Otro aspecto de esta cuestión que vale la pena señalar es que la toma de posición frente a ese conflicto crea tensiones y divisiones en diversos sectores, sobre todo en los sectores progresistas, que desde particulares miradas tienden a apoyar la justa reivindicación del pueblo palestino a tener un Estado.

En efecto, situar el tema en una perspectiva histórica conduce a una justa valoración sobre la realidad del conflicto. Durante 75 años Israel ha sido sistemático en la apropiación de lo que les queda a los palestinos de su territorio ocupado en 1948, teniendo que emigrar hacia diversos países, viviendo muchos en condiciones de apátridas, sin pasaporte y sin poder viajar a otros lugares para ejercer, entre otros, su derecho a la reunificación o contacto físico familiar. Israel ha violado resoluciones de las ONU para que devuelva los territorios palestinos ocupados durante la guerra de 1967 y los Acuerdos de Oslo de 1993 para detener la ocupación de terrenos como condición para la paz.

También, a pesar de eso, 22 miembros de la Liga Árabe en el 2002 acordaron reconocer la existencia de Israel a cambio de que este abandonase los territorios ocupados y reconociese un Estado Palestino, algo en que están de acuerdo grandes figuras del mundo político, militar e intelectual israelí y árabe. Pero tozuda, arrogante y aviesamente el núcleo duro sionista dentro y fuera de Israel ha ignorado esas y otras iniciativas y propuestas de paz, incrementando los abusos y expulsión forzosa de los palestinos de sus territorios, al tiempo de apoyar las vejaciones que contra ellos cometen los colonos favorecidos con la apropiación de las tierras arrebatadas, una ancestral a y aberrante práctica de los colonialistas al ocupar territorios ajenos.

A este punto, es necesario examinar algunas cuestiones. Israel no podrá tener paz a través de la violencia, jamás la segunda ha podido establecer la primera. Esto lo han entendido los políticos y los más lúcidos intelectuales árabes, sobre todo aquellos con posiciones de izquierda en el mejor sentido de este concepto: laico, aconfesional y moderno, que han tenido la seriedad y valor para condenar la reciente acción del grupo político religioso Hamás y que son reprimidos por su oposición a esas satrapías político/religiosas del mundo árabe que constituyen un insulto no solo al pensamiento moderno, sino al mismo islam. Los grupos fundamentalistas se nutren, esencialmente, del financiamiento de esas satrapías y del odio contra el Estado sionista, como es lógico, que siente gran parte de los árabes pobres y acosados.

Mientras exista el acoso existirán esos grupos por lo cual solo la paz podría determinar su reducción a la insignificancia política y militar y eso lo saben Netanyahu y sus halcones. También, los señores de la guerra enquistados en el poder de los EEUU y de algunos países europeos que, en esencia, sabotean los acuerdos orientados hacia la paz tomados en algunas instancias internacionales. A lo sumo, lo único que les interesa es que el conflicto no se expanda tornándose inmanejable. En ese sentido, el problema del conflicto en Oriente Próximo solo podrán resolverlo los árabes y los judíos, recordemos que una quinta parte de la población de Israel es árabe de origen o árabe/judía. Las grandes potencias occidentales no resolverán un problema que en su origen ellas crearon. Tampoco las asiáticas.

Pero ¡cuidado!, a veces los que han sufrido la arrogancia colonial, el racismo, la xenofobia, también cometen su propia arrogancia, su racismo, su xenofobia y nos olvidamos de la suerte de sus víctimas dentro y fuera de sus territorios, nos advierte Amin Maalouf. Comprender esto es vital para tener esa imprescindible fuerza moral que logre articular y extender el abanico de conciencias de esos árabes que desean la paz y de esos judíos opuestos a que, en su nombre, Israel multiplique sus matanzas y extienda su holocausto en Gaza y finalmente, para encontrar una solución sostenible a los conflictos en esa región. Por mis profundas raíces en la cultura de izquierda, en esa perspectiva sitúo mi apoyo al pueblo palestino.