Acento TV, bajo la conducción de su director, Fausto Rosario Adames, ha llevado a cabo una serie de interesantes entrevistas con dirigentes de izquierda la dominicana, sobre su historia y su papel en el desarrollo y la democracia y las luchas sociales. Sería más interesante aún si se puede hacer una mezcla generacional sobre cómo ha evolucionado el pensamiento progresista, socialista o de izquierda en el país. Desde el origen en los años 60 hasta la actualidad, y cómo perciben los jóvenes -esa franja entre 18 y 35 años- la política y los desafíos presentes. ¿Cuáles son las reivindicaciones de nueva generación que preocupan tanto o más a los jóvenes, frente a las tradicionales reivindicaciones de la izquierda de los 60, 70 y 80 hasta el colapso de la Unión Soviética? Para poder hacer esa evaluación habría que analizar a fondo el pasado y las bases históricas, y qué significado se le da al concepto de “progresismo” para poder entender la evolución del mismo en nuestro país.

El concepto de progreso o progresismo, desde el punto de vista político, nace con la revolución francesa de 1789, basado en el lema de la República hasta nuestros días de Libertad, Igualdad y Fraternidad. Desde los llamados socialistas utópicos hasta el anarquismo, el sindicalismo, la I Internacional y la socialdemocracia marxista del siglo XIX, se van conformando las tendencias que caracterizaron el siglo XX: socialismo, comunismo, fascismo, democracia, liberación nacional y lucha anti colonial. Progreso ha sido sinónimo de Estado del Bienestar, con conquistas en la educación, la salud como bien público universal, pensiones universales y de reparto, la protección social, los derechos democráticos y los derechos humanos consolidados con la firma de la Declaración Universal de los Derechos Humanos al momento del surgimiento de la Organización de las Naciones Unidas, en las cenizas del mundo al concluir la II Guerra Mundial y millones de muertos que tuvo como resultado.

Como dice un artículo enciclopédico, “en el progresismo, como subespectro político tienden a confluir diversas doctrinas filosóficas, éticas y económicas desde la socialdemocracia y del socio liberalismo [hasta el socialismo, el nacionalismo, y componentes de la extrema izquierda]. Como contraste comúnmente se considera que estas corrientes aglutinan fuerzas opuestas al conservadurismo en lo cultural y al neoliberalismo en lo económico”. (https://es.wikipedia.org/wiki/Progresismo). Esa fue la conformación del concepto “progressive” proveniente de la política en Inglaterra a finales del siglo XIX.

En América Latina, el progresismo está asociado a muchas corrientes políticas distintas, a veces contrarias entre si, desde movimientos campesinos por la tierra, movimientos obreros y sindicales por los derechos de los trabajadores, movimientos feministas, movimientos nacionalistas contra la injerencia imperial, y movimientos políticos desde la socialdemocracia, el comunismo y el anarquismo, aunque también a veces compartiendo ciertos espacios comunes con tendencias más nacional-populares. Indudablemente, la división del movimiento obrero internacional con el triunfo de la revolución rusa de 1917, y el apoyo de la socialdemocracia europea a sus gobiernos en la I Guerra Mundial, produjo una división muy clara entre la II Internacional (o Internacional Socialista) y la III Internacional (o Internacional Comunista) que fue disuelta por intereses coyunturales de Stalin en 1943. En América Latina los partidos comunistas surgen como divisiones de algunos partidos socialdemócratas previos, o como entes influenciados por las prédicas socialistas y anti coloniales de la III Internacional a partir de inicios de los años 1920. Las revoluciones latinoamericanas previas a la revolución cubana de 1959, como la mexicana (1910/1917) y la boliviana (1952), se basaron en el nacionalismo revolucionario y el indigenismo latinoamericano. Un ejemplo de ello fueron los peruanos Víctor Raúl Haya de la Torre, creador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), y José Carlos Mariátegui, el Gramsci latinoamericano, fundador del Partido Comunista Peruano.

La irrupción de los movimientos de masas en República Dominicana, justo con la caída de la dictadura de Trujillo en 1961, conllevó una transformación del panorama político dominicano. Un país habituado por más de 30 años al aislamiento de las corrientes políticas e intelectuales más de vanguardia en la región y del mundo, los conatos de organizaciones nacionales de izquierda o progresistas fueron imposibles de desarrollar bajo la dictadura. El breve periodo de “apertura” de mediados de los años 40, justo coincidiendo con el fin de la II Guerra Mundial, permitió el surgimiento de partidos marxistas ligados a las políticas de Moscú, como el Partido Democrático Revolucionario Dominicano (1942), predecesor de la Juventud Democrática y del Partido Socialista Popular (1944), antecedente primero de organizaciones marxistas en el país. Justo cuando las tropas soviéticas estaban a las puertas de Berlín, y las tropas del general De Gaulle entraban en París, en Santo Domingo se abría una breve “primavera” con la huelga de los trabajadores azucareros del este, encabezados por Mauricio Báez y las primeras organizaciones marxistas. En esa breve ventana entre 1944 y 1946, las organizaciones dominicanas en el exilio, como el Partido Revolucionario Dominicano y otras menores, no confiaron en la promesa aperturista de Trujillo y no realizaron actividades en el país. Su desconfianza se mostraría correcta. Trujillo aplastó la apertura desde los primeros signos de la guerra fría. Las manifestaciones más importantes del exilio anti trujillista posteriores a “la apertura trujillista” fueron las expediciones llamadas de Cayo Confites en 1949 y los desembarcos de Constanza, Maimón y Estero Hondo, iniciados el 14 de junio de 1959, ambas organizadas y salidas desde Cuba.