A: JULIO PÉEREZ RODRÍGUEZ, periodista de Revoltiao y CEO de República Fémina y,  a JENNY GÓMEZ, ex presidenta del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), filial de New York.
«Discurso» de la Srta. María Ponce de León. Listín Diario. 25 de septiembre de 1894. p. 2

El proceso de historización de la CONTRA-HISTORIA, en torno al periodismo de las mujeres en el siglo XIX, lo iniciamos con «periodismo para Señoritas» en 2012. En el 2023 elaboramos  un ensayo  para el  Colegio Dominicano de Periodistas, filial de New York, que iniciamos con ELLAS –EN LA PRENSA DEL SIGLO XIX. Más adelante, estudiaremos el  «género epistolario»,  y el «periodismo de tribuna» realizaremos  la confrontación de la autoría femenina en el periodismo como productoras de significados en torno a la libertad, la sociedad y la política, en el álgido momento posterior a la dictadura de Trujillo (1961 y 1963) donde se produjo una atomización del poder, así como su participación transversal (como voces legitimadas) en el conflicto ideológico de la lucha por la libertad o el continuismo en circunstancias extremadamente conflictivas  y políticas —en específico la transición política de 1978— con el ascenso de  Don Antonio Guzmán a la presidencia de la República, para tener una idea de qué es, en sí, la democratización y, cómo las etapas de crisis nos dan las respuestas necesarias para entender que, las mujeres tenemos un saber de autoridad, o, bien  —como ha escrito mi maestra, la Dra. Catharina Vanderplassts —   analizar en cada una de estas etapas el «fenómeno de heteroglosia marcado por características genéricas» en los discursos de las mujeres en la prensa, porque como dijo Abigail Mejía (1895-1941), en 1937, «Sólo se puede juzgar en paz a los lejanos…»

Es por esto que, abrimos nuestro artículo de manera retrospectiva con esta reflexión  publicada el martes 19 de agosto de 1980, en el periódico ÚLTIMA HORA, en su página 17, y de allí luego nos trasladaremos en el tiempo al siglo XIX:

Qué?

Qué está pasando a nuestro alrededor.

Qué hay.

Qué dice la gente, qué hace.

Los periódicos tienen la respuesta.

Esa es su especialidad: satisfacer

nuestra curiosidad,

nuestro apelativo de comunicación.

El periódico es un pariente cercano

que cada día nos visita lleno de respuestas

e inquietudes.

Leer

Periódicos

es saber qué hay de nuevo…

Ahora vamos a conocer  cómo fue el ambiente político y  social en el cual se desarrolló la relación de las mujeres con  la prensa  en el siglo XIX «para satisfacer nuestra curiosidad». 

I.- ¿QUIÉNES FUERON COMBATIDAS Y COMBATIENTES EN LA PRENSA DE 1821 A 1899?

Pedro Santana, marqués de las Carreras. «El Mundo Militar», Madrid, 1864.

FEMINISMO Y PRENSA

En el siglo XIX desde 1875, en la República Dominicana, hubo una presencia/participativa  femenina  en los periódicos, y el surgimiento de mujeres que interactuaban como periodistas.

Fue  posterior, en una década, a la conclusión del periodo de la  anexión de 1863 a 1865. Nuestra sociedad, entonces  (aparentemente) era una sociedad infecunda, en cuanto a las ideas. Primaba un militarismo mercenario. Estaba en ruina material, en ruina económica, en ruina moral, pero  no en ruina espiritual. No era posible (aún) hablar de una incipiente  burguesía. Era, más bien, un conglomerado con oficios rudimentarios y artesanales. Es por eso, que cualquier abordaje de la presencia de las mujeres en la vida pública/política, desde entonces, debe analizarse desde la perspectiva de si fue o no posible establecer en este siglo un Estado Nación, o, bien, un Estado nacional.

El pueblo  sin instrucción, no tenía conocimientos para entender o resistirse a la propaganda de los grupos políticos que se disputaban la hegemonía del poder.  Todo el siglo XIX fue el siglo de las  insurrecciones,  de un vivo sentimiento de anarquía y de desorden. El territorio era una masa estéril de populacho aldeano.

«Tableu Historique et Pittoresque de Paris». 1830. De la biblioteca personal de Altagracia Carvajal

No obstante, es en la segunda década de este siglo que se cristaliza el uso de la imprenta para la prensa escrita y surge el primer medio de efímera existencia a manos de uno de los dominicanos más ilustres de la Nación, José Núñez de Cáceres. En ninguno de los  medios estuvo la pluma de la mujer escribiendo de las cosas del siglo, o, bien, de política, hasta mediados de 1870. Las corrientes de la ilustración francesa y del liberalismo colmaban las páginas de  los tabloides. Desde 1821 se pedía sólo una hecho de marcado sesgo institucional: la  autoridad. La autoridad en contraposición con el desorden y el caos. La autoridad como elemento  de la convivencia en el enterrego de sublevaciones, de insurrecciones e implantación de tres regímenes autoritarios: Santana, Báez y Ulises Heureaux.

Qué ocasión de ser, de existir tenían las mujeres pensantes en esa dialéctica donde estaba ausente de lo público, y  ni siquiera se nombra. Mientras  los diarios y las hojas sueltas inundaban al  país que se intentaba construir, las mujeres no tenían reconocimiento alguno. Eran simples refugiadas en sus hogares, mano de obra en las haciendas, recolectoras y  MADRES de SUS HIJOS  y, después al alcanzar la juventud (sus hijos) integrantes de la milicia de los improvisados ejércitos.  Eran campesinas; sufridas madres, nunca cuadros políticos. No podían cooperar (realmente) en los intentos de organizar al país. Éramos un país semi-feudal.

Dolores (Lola) Santamaría, Lola, en su rol de MADRE DE SU HIJO.

 Sí hubo mujeres que,  en circunstancias excepcionales actuaron. Sí, pero los argumentos de sus actuaciones lo conocemos por la narrativa, a posteriori, de los hombres, no en sí de los elementos de la época (como tal) que no actuaron como interlocutores de ELLAS.

Así, se observa que hubo una doctrina revolucionaria, una fracción mínima del conglomerado femenino social que actuó ante la gravedad de situaciones políticas y de fuerza. Son estas las llamadas FEBRERISTAS, COMUNICADAS O DE LA INDEPENDENCIA que ante la agitación política al interior de sus familias o sus hogares sufrieron el vértigo (quizás involuntario) de correr la misma suerte de los hombres por estricta lealtad o por una forma de que ELLAS tuvieron conciencia.

María del Pilar Sinues y Navarro © José Vallejo y Galeazo, 1858.

Pero dónde actuaron ELLAS.  Unas, en la periferia de la ciudad intramuros y,  otras en la extensa pradera de la batalla. Sin embargo, sus vidas no quedaron blindadas por el testimonio exacto escrito. Recordemos que no eran letradas, ni iluminadas. Todas las aguerridas cuasi analfabetas. Y las viudas de  hombres públicos/poetas, sólo tres hicieron uso de la letra. Es esta la razón por la cual no tenemos pruebas fehacientes de cómo ELLAS actuaron a las órdenes del poder, aún estuvieran atraídas por la política.

De ahí, que nos preguntamos ¿Actuaron  las mujeres periodistas, al igual que los hombres,  bajo las órdenes del poder?  Ese es el leit-motiv de la reflexión a hacer, conocer si nuestras primeras excursionistas en las páginas de la prensa escrita actuaron por la inquietud: 1) de lo espontáneo o novedad; 2) si se integraron a la fisionomía del verbalismo político; 3) Si desearon ser honestas consigo mismas y contar una Historia; 4) Si se dedicaron a ser parte de las querellas del siglo, es decir, el menosprecio a quienes enfrentados por el poder, se descalificaban o deslegitimizaban;  5) Si contribuyeron al despertar de las demás, y a tratar de ponerlas a salvo de la atmósfera del totalitarismo y el  oscurantismo que hubo de 1857 a 1899 luego de la Revolución del Cibao;  6) Si sabían con claridad qué era el arte de escribir desde el privilegio de clase.

Mercedes de la Rocha (hermana del Gral. Domingo de la Rocha), está anónima a causa de la «cultura del olvido». Su hermano no.

República Dominicana – no obstante, el panorama descrito  podemos definirla, entonces, que era una sociedad despierta. Despierta en vivir el día a día y, condenada a la suerte de lo inesperado y,  el cambio constante de gobierno.

Las mujeres, es cierto, no tenían una identidad. No tenían la oportunidad de tener una fecunda vida intelectual, con raras excepciones. Eran, con sus familias, rehenes de la zozobra, de la opresión, de la represión y de la desaparición.

Así, la única epopeya que conocemos del siglo XIX de las mujeres es, la epopeya de ser mártires. Siendo esta, la forma de humanizar al sujeto femenino, y sus vidas, las de ELLAS, al cruzan el firmamento cuál estela de un rayo, por instantes.

Mercedes Tejera, socia de «Amigos del País».

Esta manera de «reconocer» a la mujer, a través de la HISTORIA OFICIAL, es, pues, sólo utilitaria. Eres mujer de la Independencia  si la tragedia cegó tu vida, si estuviste en un complot. Pero cuántas más colaboraron y están anónimas. Dónde están esas otras  que amanecían con la tragedia en las puertas de sus casas. No existen, porque no han sido canonizadas por el poder político que, es, en definitiva (al parecer) el árbitro global del saber, de las supremacías culturales, económicas y, en fin, de la identidad de los pueblos. Es por esto que hay que analizar a  «la cultura del olvido».

«Discurso» de la Srta. María Ponce de León. Listín Diario. 25 de septiembre de 1894. p. 3

La «cultura del olvido» es la imposición del patriarcado, que ha hecho posible que no se tenga la CONTRA-HISTORIA de las mujeres  más allá (a veces) de las lápidas de sus tumbas. Todo lo nuestro ha sido ajeno al discurso elemental del binarismo y las diferencias biológicas. Es por esto que, no tenemos un registro (total) del  periodismo de las mujeres  en el siglo XIX y, salvo, una o dos excepciones sabemos si su  discurso escrito (no el oral, ni tertuliante) repercutió.

Lo cierto es, que muchas incipientes periodistas tuvieron el inminente destino del silencio. Sí es claro, que algunas «militaron»,  por así decirlo,  entre la lucha de los liberales y conservadores del siglo XIX y  que cuando triunfaba  — y, se obtenía, la victoria de sus parciales—  elogiaban al «gladiador» triunfador. Lo hacían en versos, a través de poemas, y en la tribuna de la prensa. Es así que la participación de la mujer en la prensa estuvo al «ritmo de la política». Cada escrito era una artería que expresaba su comportamiento cognoscitivo del momento.

Mercedes Dolores Castro,«señorita ilustradas». [2ª mitad del siglo XIX] © AGN

II.- LA METÁFORA DE AGREGACIÓN DE VALORES. ¿CUÁNDO EMPIEZAN A PUBLICAR ASIDUAMENTE LAS MUJERES EN LA PRENSA? 

En el periódico  literario «El Estudio» que circuló de 1879 a 1881 en la ciudad de Santo Domingo, que era el órgano de la sociedad  «Amigos del País»,  fundado el 1º de febrero de 1879, desde  1871 estuvieron como  «socias honorarias»  Salomé Ureña de Henríquez y Josefa A. Perdomo.

Esta última fue la primera dominicana en dar a conocer  un texto («Delicias del campo»)  en un periódico, el 31 de diciembre de 1854, en «El Oasis» (1854-1855) y, para 1878 publicaba en «El Sufragio» (1878-1879). Otras  «socia honorarias» fueron   Mercedes Tejera y Josefa Martí.

Sin embargo, destaca el periódico «El Estudio» Rosa Adelia (dominicana), que al día de hoy desconocemos quién es realmente. Rosa  es la autora de un artículo (escuchemos bien: un artículo)  publicado en dicho periódico, en sus páginas 39 y 40, titulado « ¿Qué es la vida?», que fue presentado en la reunión de la sociedad «Amigos del País» que no leyó ella, el 1ro. de abril de 1879. Lo leyó por ella (no sabemos si por estar ausente),  don Francisco Henríquez y Carvajal, el esposo de Salomé Ureña.

Fedérico Henríquez y Carvajal, esposo de Luisa Ozema Pellerano. Col. Ylonka Nacidit-Perdomo.

No obstante, lo real es que en dicha sociedad de ilustres hombres, las mujeres no tenían derecho a VOZ, a hacer uso de su voz, de la palabra verbalizada, oral, pero sí podían ver publicadas sus colaboraciones periodísticas allí. Nunca fueron integrantes, tampoco, de su bufete directivo;  no obstante se dedicaron a las  lecturas de libros.

Ha sido un milagro, sí, un milagro que  pude rescatar este artículo de Rosa Adelia, que la revela agobiada por el sufrimiento, procurando ofrecer a través de un argumento exculpatorio sus experiencias familiares, personales, en fin, lo vivido que no es más (epistemológicamente) que la herencia de la hegemonía del patriarcalismo y la cultura androcéntrica, expresando una subjetividad reprimida, el antagonismo persistente de la relación sexo/género, la marginalización y el dilema de si aceptar o no la opresión. Escuchemosla, ya que es posible que este sea el PRIMER ARTÍCULO  (propiamente dicho)  de una dominicana en la prensa nacional del siglo XIX:

«Qué ha sido, pues, la vida para mí? Falté yo a la sublime moral que emana de las supremas e incorregibles leyes del Creador? Insulté yo al mundo? Cometí algún crimen contra la sociedad? 

»No; yo soy la hermana que ha secado las lágrimas, y curado las heridas y llagas de sus hermanos; yo soy la hija que ha bendecido la palabra de sus padres, que ha soportado humilde sus caprichos, que ha atendido a todas sus necesidades, sin rehuir a tan grata obligación; yo soy la amiga que ha abrazado con su corazón a todas sus amigas, que a todas las ha amado igualmente, y a todas ha brindado el pan sano del consejo de virtud, y a todas ha amparado en sus dolores, y a todas ha fortalecido en sus debilidades; yo soy, por fin, la que ha tenido siempre las puertas del hogar abiertas a la humanidad indigente, y ha dado pan al que tenía hambre, agua al que tenía sed y asilo al peregrino, Ay! Solo he cometido un crimen: haber amado con profundo amor, con un amor puro, a quien no se lo merecía…». 

1. Qué es la vida Rosa Adelia. «El Estudio», 1879

En la columna de la derecha de la página 40, este  periódico quincenal «El Estudio» inserta esta inocente nota, por supuesto, no creíble para mí: «Recomendamos al bello sexo el artículo de la Sta. Rosa Adelia. Lo hemos recibido a última hora. Sin duda la firma es un seudónimo; pero, quien que sea, la felicitamos y animamos a que siga escribiendo, e invitamos a nuestras señoritas ilustradas a que la imiten.» 

Y, el llamado fue aceptado por las «señoritas ilustradas». Y así, en mayo de 1879, en las páginas  68 y 69 publican un artículo  de ERNESTINA (otra colaboradora incógnita) titulado «Los Niños», que está dedicado a su amiga Carmita García de Henríquez.

Al parecer, la emergencia de la voz de las mujeres, en la prensa del siglo XIX, tiene muchas aristas. Primero, al parecer, no lo hacían desde una función reivindicadora. El deseo de reconocerse como sujeto lo justificaban y, no lo justificaban a la vez. Sus improntas se advertían  o semi-develaban, pero su mundo femenino, feminizado, les impedía hacer recurso de la «decibilidad», ya que los cánones de la relación mujer/iglesia continuaban siendo parte de los entramados de poderes fácticos y, todo era un minué.

 Cuando ocurre el proceso electoral de 1882 y, posterior a éste, la prensa que se presentaba como soldado y guardián de las libertades, se organiza y, surge la  primera «Convención de la prensa»  o documento de intención para el ejercicio del periodismo en la República Dominicana de la cual se tiene noticias y,  data del 12 de Julio de 1883 suscrita (en Santo Domingo) por los directores representantes de ocho medios impresos, a saber: Por «El Eco de la Opinión» Francisco G. Billini. Por «El Progreso» Federico Llinas. Por «El Mensajero» Federico Henríquez y Carvajal. Por «El Diario del Ozama» César N. Pénson. Por «La Industria» José Ma. de  Castro. Por «La Revista Científica» G. de la Fuente y J. J. Pérez. Por «El Teléfono» José A. Bobadilla y España. Por «El Maestro»  F. Henríquez y Carvajal. 

2. Qué es la vida Rosa Adelia. «El Estudio», 1879

La Convención tuvo seis cláusulas o acápites. Los dos primeros dicen:

Primera.- Propagar y realizar los grandes intereses sociales que tienen por fundamento la verdad de las doctrinas democráticas, la armonía de las leyes y de los pueblos bajo el imperio del derecho común.

Segunda.- Fomentar los intereses morales y materiales de cada provincia y de la República, mediante las reformas que tiendan al progreso positivo y a la consolidación de las instituciones libres.

Sin embargo, vale resaltar la última cláusula que dice:

«Quinta.- Se admite el ingreso en esta Convención de todos los periódicos que lo deseen, que no sean anónimos y que tengan las doctrinas y principios establecidos en los artículos primero y segundo.» 

Como se puede observar, las mujeres no eran parte de esta Convención. No existía un solo medio dirigido por una mujer.

Es en el LISTÍN DIARIO fundado en 1889 —que es del cual vamos a partir para nuestro estudio—   que se promovía como el «Periódico esencialmente noticioso y de mayor circulación de los de la República» que encontramos publicaciones de las decimonónicas (periodistas con colaboraciones regulares o fijas los LUNES). En este medio XIX  se promovía la libertad, y es donde se conocen  las estrategias discursivas de expresión de ELLAS, de sus perspectivas políticas y culturales.

Quizás fue, en este decano de la prensa nacional (con presencia en tres siglos),  donde ELLAS (periodistas amateur) se afianzaron  como una categoría legítima desde la autoridad de la escritura. De este período no se ha podido reconstruir totalmente su presencia en la prensa  (totalmente). Por ejemplo,  sus  metanarrativas. Por lo cual, resta un análisis profundo de sus incursiones  en la prensa, ya que la categoría género (entonces) estaba desestabilizada, no así las tradiciones.

«El Estudio». Recomendamos al bello sexo este articulo de la Srta. Rosa Adelia

Las nuevas subjetividades,  de la mujer y en torno a la mujer,  del siglo XIX, sin dudas, las aportan las periodistas, por ejemplo,  con una visión universal y cosmopolita en respuesta a las reglas de exclusión que hubo para ELLAS, aun fueran brillantes. No sabemos (al presente) si los textos de autoría femenina tuvieran lectores, o, suficientes lectoras, y cuántas de ELLAS produjeron un lenguaje revitalizado.

En otro medio, en  el periódico «El Porvenir» de Puerto Plata (fundado en 1872) en 1893 (en el número 1053 del 25 de noviembre):2,   la periodista extranjera  María del Pilar Sinués había publicado un artículo titulado «EL MATRIMONIO» donde afirmaba: «Pienso que en toda división profunda de un matrimonio tiene la mujer la mayor parte de culpa […] la mujer, según mi pobre opinión, ha de ser constantemente dulce y condescendiente […] para que su matrimonio sea dichoso, ser a la vez que verdaderamente buena positivamente agradable, tolerante benévola.» María del Pilar Sinués de Marco había iniciado sus colaboraciones con «El Porvenir» el 22 de junio de  1873 con un artículo titulado «Estudios morales. La poesía del hogar doméstico».

No obstante, en este mismo número de «El Porvenir» otra periodista extranjera, Concepción Álvarez Ocampo» publica su artículo «CULTURA DE LA MUJER»,  como si pretendiera dar una idea hacia el futuro, próxima a los adalides del progreso, desmintiendo la incapacidad intelectual de la mujer  y, el demérito a su inteligencia. Concepción se dirige a la mujer que vendrá, la del siglo XX y, es como si  lanzara una proclama, no ficticia, y sin candidez, dice:

«Ha llegado una época brillante para la mujer, que indudablemente ocupa ya la página más bella 

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de la historia. […] No hay duda que la mujer ejerce influencia poderosa en la sociedad; y que tanto más valdrá ésta cuando más ilustración alcance aquella. Instrúyasela, pues, póngansela en condiciones de ser útil a sus semejantes, de hacerse indispensable en los centros de instrucción, de coadyuvar a las nobles empresas, a los grandes proyectos, y se prestará a la humanidad el más señalado servicio, puesto que la mujer, por su inteligencia, puede alcanzar el mismo grado de ilustración que el hombre.» 

Así, el  «Listín Diario»  fue el  ágora de las mujeres,  de ELLAS que incursionaran en «la ciudad de la prensa» y, que lo que los OTROS llamaban «el bello sexo» .