No leemos ni aprendemos, cuando estudiamos, para obtener información. Nuestra meta es el conocimiento. Y todo conocimiento es experiencial, corporal y ejecucional, implica un saber hacer, una competencia y una calidad de desempeño.

Si entendemos lo anterior, veremos que abundan las personas que distintos grados de información que, en la práctica, carecen de el más mínimo conocimiento. Hablan y parlotean sobre algo que no saben.

Semejan a las personas que quieren darnos instrucciones sobre cómo conducir un vehículo, pero que nunca le han puesto la mano a un guía.

Normalmente a este tipo de personas se les suele tildar de “teóricas” (la frase favorita de mi querido amigo, siempre bien recordado, Jimmy Sierra), pero es un apelativo erróneo, porque la teoría es la generalización que deriva de la práctica, un establecimiento de hipótesis y explicaciones útiles para una mayor comprensión de un asunto o fenómeno.

En este caso, son personas que repiten opiniones y puntos de vista de otros, pero que no tienen el valor ni la sensatez para poner en juego esas teorías y procedimientos para constatar su veracidad, viabilidad y certeza.

Hablan por boca de ganso, suele decirse.

Garrulería, verborrea, en esencia. No hay conocimiento alguno, porque no han pasado esa información adquirida por el tamiz de la experiencia para convertirla en saber.

Datos, información y conocimiento

Es importante diferenciar datos, información y conocimiento, pues incluso en ciertas actividades se confunde información con conocimiento, como en el análisis de big data.

Y son tres cosas distintas.

Los datos son la unidad mínima de información. Davenport y Prusak en 1999 lo definián como “un conjunto discreto, de factores objetivos sobre un hecho real”-

Los datos describen una parte de lo que acontece en la realidad, sin juicios de valor o interpretaciones. Un número telefónico es un dato, un porcentaje es un dato. Una fecha es un dato. Una cantidad es un dato.

A partir de los datos y su correlación con otros de los que uno extrae significado y puede ser útil para la toma de decisión, ascendemos a la información.

Estudiantes y maestra.

Entendemos, entonces, como información un conjunto de datos que poseen significado (relevancia, propósito y contexto), por lo que posee utilidad para una persona porque le permite tomar decisiones reduciendo la incertidumbre.

Una característica de la información es que puede modificar la manera en que quien la recibe perciba un fenómeno, influyendo sobre sus juicios de valor y comportamiento.

Los datos se pueden transformación en información si les añadimos valor en una o varias de estas cinco operaciones:

Contextualizándolos: conocemos en qué contexto y para qué propósito fueron generados.

Categorizándolos: conocemos qué unidades de medida nos ayudan a interpretarlos.

Calculándolos: podemos procesar los datos de forma matemática o estadística.

Corrigiéndolos: al eliminar errores e inconsistencias en los datos.

Condensándolos: resumimos los datos de la manera más concisa.

Entendido lo anterior, la información comunica conocimientos o inteligencia que nos permite cambiar la forma en que percibimos algo, afectando de manera positiva o negativa nuestros jucios de valor y comportamientos.

¿Qué es lo típico del conocimiento?

Hay un proceso activo, deliberado, intencional en que ponemos en práctica lo que hemos deducido de la información con distintos propósitos: producir un resultado, verificarla y validarla, comprobarla, generar un cambio.

En ese proceso intervienen todos nuestros sentidos y nuestro cuerpo, nuestras expectativas y entendimiento, nuestros valores y nuestro nivel de habilidades y competencias. Al actuar según nuestras expectativas, entendimiento y metas, originamos una retroalimentación, un resultado (¿recuerdan el bucle Test-Operación, Prueba-Operación, del modelo TOTE o POPS?

En en ese proceso de implementar y poner en práctica en que generamos un feedback por los resultados. Y todos los resultados nos retroalimentan de múltiples maneras, lo que nos permite analizar lo que hicimos: su intensidad, su oportunidad, su frecuencia, las habilidades y destrezas puestas en juego, los factores extrínsecos intervinientes (clima, servicios, etc.), para evaluar los resultados y establecer nuevos parámetros de cara a producir un resultado mejor con el nuevo conocimiento y habilidad aquiridos.

El conocimiento, pues, deriva de la acción deliberada y los resultados, cotejados con las expectativas y los parámetros de evaluación que son nuestras referencias de lo que sería el resultado óptimo o deseable a alcanzar.

La información es un valioso recurso de apoyo, pero podríamos ni siquiera necesitarla para generar conocimiento, aunque siempre será más útil poseerla que no tenerla.

Y la información deriva de los datos.

Algunos pasos útiles en ese proceso de convertir la información en conocimiento son:

Predecir consecuencias

Generar expectativas

Comparar con otros elementos

Comparar con ejecuciones anteriores

Encontrar conexiones

Mentoría

Intercambiar con conocedores y practicantes.

¿Cómo sabemos que algo funciona o no?

El resultado lo es todo.

Dado un resultado, podemos entonces revisarlo a la luz de variables:

  1. ¿Era el momento oportuno?
  2. ¿Eran los pasos correctos y en el orden correcto?
  3. ¿Apliqué las habilidades y destrezas apropiadas?
  4. ¿Empleé los medios y recursos correctos?
  5. ¿Usé la intensidad correcta?
  6. ¿La frecuencia fue la adecuada?
  7. ¿Se mantuvo por el tiempo correcto?
  8. ¿Los factores externos fueron apropiados?
  9. ¿Qué siento que faltó o sobró?
  10. ¿Qué aprendizaje derivo de estos resultados y de la experiencia?

Esa batería de preguntas y otras que se nos puedan ocurrir nos servirán para evaluar nuestros resultados y obtener retroalimentación, lo que genera conocimiento.

El conocimiento es algo que vamos construyendo internamente y que involucra todo nuestro ser.

No es algo intelectual.

Es físico, es corporal, es vital.

Cada persona construye su propio conocimiento a través de su experiencia

Si queremos que las personas aprendan, tenemos que orientar a las personas a la construcción de su propio conocimiento a través de la experiencia.

El conocimiento no se transmite ni por la lectura, ni por la disertación, ni por ver un video, observar algo, etc.

Por esas vías se transmite y comparte información.

El conocimiento se construye a través de la experiencia.

La función del docente es apoyar, guiar y supervisar esa experiencia, supliéndole la guía y las expectativas, así como los recursos; nunca engañándose y engañando de paso al alumno, haciéndole creer que la repetición de una retahíla de datos, creencias y juicios equivale a poseer un conocimiento.

Lamentablemente, así es nuestra escuela.

Estudiantes de Química que nunca han visto una probeta, una placa de Petri, un mechero, un tubo de ensayo y un microscopio. Y en muchos casos el docente tampoco.

Las nuevas corrientes pedagógicas reconocen cómo se adquiere el conocimiento

La escuela verbalista, explicativa y escolástica que impera en nuestras aulas ha fracasado.

No construye conocimiento ni enseña al estudiante a aprender.

Las nuevas corrientes pedagógica se apoyan en un enfoque constructivista y facilitan que el estudiante asuma el rol protagónico del aprendizaje y la construcción de su propio conocimiento.

Desde sus mismos nombres, podemos sentir su orientación:

Aprendizaje basado en proyectos

Aprendizaje basado en problemas

Aprender al revés o flipped learning

Aprendizaje basado en el pensamiento

Aprendizaje basado en casos

Aprendizaje cooperativo

Aprendizaje por competencias

Aprendizaje autónomo

Aprendizaje significativo

Aprendizaje colaborativo

Todos buscan que los estudiantes asuman el rol de actores de su propio aprendizaje y se genere un ambiente que estimule salir del modo pasivo y receptivo al modo activo y automotivado.

Empezar por el error es empezar en la forma correcta

Si no sabemos, es lógico que los primeros intentos serán torpes, insuficientes, equivocados e infructuosos.

A través de errores y equivocaciónes, el modo de prueba y error, vamos construyendo experiencias y puliendo nuestras habilidades, vamos construyendo conocimiento.

El error, la equivocación, la metida de pata y el disparate son valiosísimos recursos de aprendizaje y cometerlos es ascender por los peldaños de la experiencia práctica hacia el éxito.

Reif Hoffman, cofundador de LinkedIn y miembro de la junta directiva que creó Paypal expresó en una ocasión: “Si no te avergüenza la primera versión de tu producto, lo lanzaste muy tarde”.

En el mundo de la tecnología son las famosas versiones Beta en que la sociedad opera como laboratorio y brinda una potente retroalimentación que permite perfeccionar las versiones posteriores.

Y eso lo hemos visto hacer a corporaciones poderosísimas como Microsoft, cuando lanzó y permitió descargar de manera gratuita Windows 10 hace unos años.

Avergonzarse es una reacción infantil, prerracional.

Todo fallo es un regalo valioso. Un premio. Incluya la crítica, e incluso la burla y el ataque. En todo hay un regalo oculto que nos hará perfeccionar, pulir, mejorar.

No hay que temer equivocarse.

Al revés, hay que temer no equivocarse, porque significa que estamos paralizados, estancados, impedidos de avanzar.

Si los niños temieran caerse cuando bebés, tendríamos un mundo de tullidos y paralíticos.

El bebé cae, se levanta de nuevo, vuelve y cae, vuelve y se levanta y así hasta que da sus primeros pasos inseguros y luego camina con cierta facilidad.

Entonces corre.

Adquirió la habilidad de caminar.

Es tiempo de recordar cómo aprendimos a hacerlo.

No fue porque nadie nos lo explicó.

Aquiles Julián. Presidente del Centro PEN RD Internacional