La última vez que el ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Orlando Jorge Mera, visitó Pedernales para dar seguimiento al componente medioambiental del proyecto de desarrollo turístico que impulsa el Gobierno y a denuncias sobre depredación en los parques nacionales Baoruco y Jaragua, lucía entusiasmado, dispuesto a regresar para seguir su faena.

Lo había hecho en diez ocasiones desde su designación el mismo día de la toma de posesión del presidente Luis Abinader, el 16 de agosto de 2020, mediante el decreto 324 (artículo 8).

Y nunca ensacado, ni con corbata, ni con pose doctoral. Había hecho de su indumentaria en kaki o jean, con botas resistentes, un estilo de vestir en el riesgoso trabajo de proteger los recursos naturales frente a intereses súper-poderosos capaces de lo peor.

Su tono bajo y familiar al hablar, y sin mastodontes de guardaespaldas, abría una brecha para el acercamiento de los no influyentes. Sin ruidos, sin discursos estridentes, discreto, sumaba simpatías.

En poco tiempo, él se ganaría el aprecio de la gente de esa provincia del extremo más austral del territorio dominicano, a 307 del Distrito Nacional.

Era 22 de enero de 2022 cuando me escribió por WhatsApp, como si fuese un viejo amigo, y me habló natural, sin pose.

El contacto había ocurrido mediado por su hijo, el diputado Orlando Jorge Villegas, quien había sido mi alumno en la carrera de Comunicación, en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM).

A las 11:32 a.m., comenzaría el breve diálogo: -¡Saludos, Tony! ¿Estás en Pedernales?

Le respondí que no. Y le pregunté a seguidas la razón de su inquietud. Y respondió:

-Enterado. Es que estoy por la zona de Pedernales y me gustaría hablar contigo.

Le referí a un hermano que está en el municipio para que le sirviera en lo posible. Y él, siempre sin ínfulas de funcionario arrogante, me respondió: “Deme su contacto”.

Le animé a que tuviera toda la confianza. Incluso pasar en el transcurso de ese día por la casa donde nací y crecí, en el 4 de la ancha calle Juan López, porque sería atendido igual. Y, con su eterna calma, me respondió:

-Tranquilo, lo llamaré más tarde. Gracias, gracias, gracias. Mañana llamaré a tu hermano.

Unos días antes, el 16 de enero, me había escrito la primera vez: “Saludos, Tony. Es Orlando Jorge Mera. ¿Vas a estar en la capital en esta semana?

Le contesté positivamente. Y él, de inmediato me dijo: “Te aviso mañana para vernos entre martes o miércoles”. Y agradeció ante mi aceptación a su propuesta.

Desde entonces, como suelo hacer con mis contactos, le reenviaba mis historias periodísticas y artículos publicados en mis columnas en medios nacionales. Sobre todo, las referidas a Pedernales. La última fue el 2 de junio: Pozos para Oviedo y Pedernales. Trata de un reclamo de permisos para perforar pozos tubulares por parte de los productos de Oviedo y Las Mercedes, imposibilitados de poner sus parcelas a producir y criar sus animales, por carencia de agua.    https://acento.com.do/opinion/pozos-para-oviedo-y-pedernales-9068348.html.

Había extrañado que no viera el mensaje anexo solicitándole intervenir en lo posible para quitar las ataduras a gente que solo quería producir alimentos conforme la arenga del Presidente de sembrar para satisfacer la demanda de los consumidores locales y de los turistas. Alguien me contó que estaba fuera del país.

Cerca del mediodía del 6 de junio, un amigo de infancia, para él, Fausto Miguel Cruz de la Mota (El curita), cegado por la ambición, le acribilló a tiros en su despacho. Seis de 13 disparos de una pistola Taurus 380, ilegal, impactaron en su cuerpo, algunos a quemarropa.

Tras el crimen, el gatillero de 56 años escapó tranquilo, sin ninguna interrupción, del edificio que aloja al Mimarena, en la avenida Luperón, en el extremo sudoeste del Distrito Nacional, y fue a parar a la iglesia Jesús Sumo y Eterno Sacerdote, en el acomodado sector Renacimiento, donde confesó el hecho al párroco José Arismendy de León.

Según el interrogatorio del Ministerio Público al curita, una de las causas del asesinato fue la negación del ministro a dar un permiso para favorecer a la empresa suiza Aurum Gavia, S.A. para exportar 5 mil toneladas de baterías usadas en violación de los estándares medioambientales.

De punta a punta

El 24 de agosto, ocho días después de su designación, Jorge Mera ya visitaba Pedernales. La tormenta Laura había provocado daños en la comarca. Derribó muchos árboles y el río Pedernales se desbordó. El trabajo duro comenzaba temprano en su gestión.

El 6 de septiembre regresó con el presidente Abinader. El 25 de septiembre de 2021, volvió para recorrer la frontera entre el municipio Pedernales y Anse -a- Pitre, Haití.

El 23 de diciembre de 2021 y el 23 de enero de 2022 estuvo allá y se internó en sierra Baoruco y Aceitillar para motivar a los guardaparques, bomberos forestales de otras provincias y decenas de voluntarios que sofocaban simultáneos fuegos intencionales provocados por dominicanos y haitianos. Favorecida por los vientos, la candela se expandía rápido y consumía miles de hectáreas de pinares y otras especies nativas y endémicas.

“Orlando conocía a Pedernales de punta a punta. Participé junto a él en un operativo para apagar el fuego en Aceitillar y me dijo que nunca nadie le había enseñado tanto como los hombres de Medio Ambiente, y que tenía un proyecto para una escuela de bomberos forestales, y les mejoraría sus salarios”, ha comentado el pedernalense Jovanny González.

Jorge Mera realizó otras visitas, una de ellas acompañando a los embajadores de Francia y Reino Unido, con planes de proyectos ecoturísticos.

Regresaría una y otra vez. No estaba ajeno del gran desafío de luchar contra los humanos depredadores; contra sectores poderosos de armas a tomar. Lo exponía sin temor en las entrevistas televisuales, como presagiando su final.

Los parques Jaragua y Baoruco son agredidos cada minuto; los manglares, los cangrejos, las langostas y el lecho marino, también. Los indolentes arrasan con el guaconejo para vender un empresario haitiano que extrae el aceite base para finos perfumes y lo exporta hacia Europa; arrasan con la aromática y medicinal canelilla para venderla en la capital; matan las iguanas, capturan las cotorras, cortan los árboles maderables, provocan incendios…

El ministro decía que tenía como su misión detener a los ecocidas y garantizar que la ejecución del proyecto turístico cumpliera con la Ley General sobre Medio Ambiente (64 del año 2008), la cual establece en su artículo 194: “Se debe asegurar el uso eficiente y sostenible de los recursos naturales de la nación, acorde con la necesidad de adaptación al cambio climático”.

El ambicioso proyecto de turismo sostenible prometido por el Gobierno sería imposible sin la preservación de los frágiles recursos de la séptima provincia más grande del país (2,075 kilómetros cuadrados).

Con la muerte de Orlando, 56 años, murió un aliado de Pedernales difícil de superar. Allá en la frontera, él dejó una estela de lamentos sentida de verdad porque prebendas no dio.

Y, aquí, en la capital, una reunión pendiente conmigo, para tratar una agenda que se llevó al cementerio Puerta del Cielo.