Otra mirada

Educación y literatura (y No. 2)

Es justo nombrar que hay docentes en las áreas de Lengua Española y Literatura entregados a su proceso de formación, pero son los menos.

Por Virgilio López Azuán

Lectura.

En los centros educativos la motivación hacia la lectura y la buena escritura disminuyó en las últimas décadas en la República Dominicana. Tanto así que se creó una palabra para los bachilleres con deficiencias: “bachiburros”. El nivel de conocimiento, tanto en Lengua Española como en Matemática, de licenciados y hasta de masters no supera el nivel de secundaria. Si hay algo que influye en estas deficiencias, es precisamente, la escasa lectura. No se niega que otras vías sean fuentes para la adquisición de conocimientos. Pero la lectura, “tirar páginas para la izquierda”, es fundamental. La era digital ofrece más oportunidades y cada vez empuja a que la gente lea más aunque en muchos casos sean banalidades. El proceso de lectura comienza en el lóbulo occipital, el cual reconoce los estímulos visuales. Se generan cambios neuronales y la corteza visual se especializa aún más y se vuelve más precisa para poder reconocer las letras (Álvarez, H., 2014). Todo este proceso contribuye al desarrollo de un lenguaje creativo al cual llamamos literatura, que es una producción intelectual donde se utiliza el lenguaje y la escritura como expresión. Se hace por medio de conocidos géneros literarios. Se reitera que la lectura es básica (aunque no única) para la comprensión de la realidad y los imaginarios.

A pesar de las deficiencias de la educación en nuestras aulas, cuando se trata el tema de lectura y escritura se puede afirmar, haciendo referencia a estudios recientes, que “ahora se lee más que antes”. Sin duda alguna. En algunos países, por supuesto, se lee más que en otros por una serie de variables: culturales, políticas, inversiones, editoriales, económicas, y un largo etcétera. Por ejemplo previo a la pandemia de la covid-19,  según la Federación de Gremios de Editores de España, sobre los hábitos y compras de libros, el 68.5% de la población española lee libros con un promedio de 11 libros leídos en el año (Andrés, T. 2020). Estos datos resultan muy altos si se hace referencia con nuestros países Latino Americanos, principalmente la República Dominicana.

El docente debe tener la capacidad para identificar las potencialidades de cada estudiante.

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¿Qué hacer desde las aulas? Lo primero es que un profesor desmotivado transmite esa desmotivación a los estudiantes, consciente o inconscientemente. Dentro del proceso educacional el docente debe estar motivado, transmitir la pasión por la lectura, leyendo. Ese es otro de los problemas del sector educativo, la escasa formación y estímulo del docente por la lectura y más cuando se trata de algún género literario. A los estudiantes no se les imprime pasión por esa actividad diciéndoles: “Tienen que leer”, “Tráiganme un resumen del libro tal”, “si me lo traen daré cinco puntos de la nota”.

Esta práctica es la más utilizada de las últimas décadas. Y precisamente, esto no fomenta la lectura ni la escritura, por lo contrario, contrapone los objetivos educacionales en el área.

No es de nuestro interés salir crucificado por este escrito cuando aludo al docente. Ni diré lo siguiente para salvarme. Es justo nombrar que hay docentes en las áreas de Lengua Española y Literatura entregados a su proceso de formación, pero son los menos. Los más, tampoco necesariamente son culpables del todo. Las críticas van dirigidas a las políticas públicas y privadas en materia de la educación y muy en particular en educación literaria; también a las instituciones y formadores de docentes que descuidan el debido proceso de aprendizaje en el nivel de pregrado y universitario.

En las aulas no todos los estudiantes serán poetas, cuentistas, ensayistas o novelistas. No. Siempre será un reducido número de ellos que sientan pasión por algún género literario. ¿Usted se imagina un país de literatos? ¿Quién aguanta a tantos poetas o novelistas creando paisajes ficcionales o mundos imaginarios?

Siempre en las aulas habrá uno, dos o tres estudiantes que pueden tener tendencias y habilidades para la producción artística en cualquiera de sus manifestaciones: literaria, plástica, musical y otras. El docente debe tener la capacidad para identificar las potencialidades de cada estudiante. En el caso de los interesados en la literatura, estos siempre saltan a la vista: son buenos lectores y se preocupan por la buena escritura. Expresan incluso, cuál de los géneros literarios les gusta leer. Si su pasión es por la poesía, deben impulsarse por la lectura y escritura de poemas. A los docentes que no gasten su tiempo “metiéndoles con cucharitas” que debe leer y practicar con la novela porque ese es el género que “más se vende”. Podrían estar “matando el poeta” por decirlo de alguna manera. Lo mismo sucede si el estudiante evidencia cierta inclinación por otro género literario, ejemplo: la novela, cuento, teatro o ensayo. ¡Impúlselo a que lo desarrolle!

13 de mayo del 2022

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