Estados Unidos invadió Irak el 20 de marzo de 2003. 20 años después de esa intervención que cambió el rumbo del país y de la región, RFI vuelve a Bagdad para tomar la temperatura en las calles de la capital iraquí. Los ciudadanos se debaten entre el reconocimiento de un país en la actualidad con más libertad y los desastres que conllevó esa invasión.

Informa desde Bagdad, Catalina Gómez

Por momentos, la calle Mutannabbi está tan llena que es imposible abrirse un espacio para poder acercarse a las ediciones que cada librero exhibe en la puerta de sus locales, como lo hace Baraa Al Beyati.

Además de ser editora y escritora, decidió hace siete años abrir esta pequeña librería especializada en literatura con énfasis feminista.

Bara ha sido testigo de cómo el mejoramiento de la seguridad en Bagdad en los últimos años ha hecho que más mujeres jóvenes salgan a la calle y se involucren en diferentes actividades, como la cultura. Algo que no hicieron por años como consecuencia de las diferentes olas de violencia que vivió Irak desde la invasión estadounidense en 2003 que derrocó al exdictador Saddam Hussein. Un episodio que Baraa rechaza totalmente.

“Sí, teníamos un dictador tirano, la gente no tenía libertad de expresión, libertad de opinar, libertad de leer lo que querían, como ahora. Pero el problema es que cuando una sociedad tiene una cultura antigua, una civilización detrás, como la nuestra, y un extraño viene, ocupa el país y actúa como dueño, no como visitante, siempre va a fracasar. Y así fue”, nos explica Baraa Al Beyati.

El recuerdo de la invasión y lo que llegó después es un tema recurrente en las tertulias, tan comunes en los cafés de esta calle. El doctor Salam toma un té con sus amigos, no olvida el día que un carro bomba explotó a pocos metros del coche donde iban sus dos hijos. Dice que nunca pudo recuperarse del susto.

“Ahora tenemos algo de libertad, pero la ocupación americana fue muy mala y trajo al poder estos partidos islámicos”, explica el doctor.

En tiempos de Saddam Hussein cualquier opinión por fuera de la línea oficial era castigada. Pero el precio que los iraquíes han pagado esta libertad, cada vez más amenazada por los partidos de los que habla Salam, ha sido pagada con la destrucción del país y cientos de miles de vidas sacrificadas. Así ve la situación Iman, ingeniera de 50 años

“Yo veo que la vida es muy diferente. La gente de Irak es muy maravillosa, son muy amables. Les dan la bienvenida a todos, a pesar de que las cosas han ido muy mal por 20 años, y claro, también antes con las sanciones, las guerras”, dice Iman.

El escritor Sadeq Eljamal, que acompaña esta mañana a Iman piensa que los americanos actuaron de manera incorrecta. “Son muchos los cambios en el país. Pero, si usted me pregunta por mi opinión personal, me habría gustado que esos cambios los hubieran hecho los iraquíes, no desde afuera del país”, lamenta.

Lejos de esta calle, en el barrio de Sadr City se vivió una de las luchas más intensas contra la invasión estadounidense. Aquí la mayoría son chiitas, la mayoría oprimidos y perseguidos en los tiempos de Sadam Hussein. Si al comienzo dieron la bienvenida a quienes vieron como liberadores, muy rápido los vieron como invasores, como cuenta Raed al Athari

“Inmediatamente después de la invasión americana de Iraq, tendrían que haberse ido y publicar un calendario para su retirada. Peor no lo hicieron. Y le dieron oportunidad a las pandillas para que se activaran. Además, desactivaron el ejército iraquí. También desmantelaron las instituciones, todo lo hicieron a propósito. Hicieron retroceder al país al punto cero”, denuncia.

Hoy la vida parece más o menos normal, pero las consecuencias de la invasión están presentes en la vida de cada uno de los iraquíes.