RFI entrevistó a Hasni Abidi, director del Centro de Estudios e Investigación sobre el Mundo Árabe y Mediterráneo, a propósito de la sorpresiva caída del presidente Assad, cuyo régimen parecía sólidamente establecido gracias a varias décadas de represión y el apoyo de Moscú e Irán. Entrevista de Julien Coquelle-Roëhm, periodista de RFI.
RFI: "El tirano Bashar al-Assad ha huido", anunciaron los grupos islamistas rebeldes que entraron el domingo 8 de diciembre en Damasco. ¿Cómo es posible que un régimen sólidamente establecido durante un cuarto de siglo, que parecía haber recuperado el control frente a los rebeldes y a los yijadistas, pudiera caer en escasos doce días?
El régimen de Assad fue debilitado por la primavera árabe (a partir de 2011), las manifestaciones y también por numerosos grupos islamistas y no islamistas, incluidos sectores laicos. Sin embargo, había logrado sobrevivir gracias a dos grandes apoyos: los rusos, que le brindaron cobertura aérea, y los iraníes. La oposición estuvo a las puertas de Damasco, pero el régimen resistió gracias a estos respaldos internacionales.
Abou Mohamed al-Jolani, líder de Hayat Tahrir al-Sham (HTS, grupo rebelde islamista), siempre dejó claro que nunca abandonó su objetivo de derrocar al régimen. Por eso lo que ha pasado no es sorprendente. Lo que sí resulta llamativo es el colapso espectacular del régimen. Esto se debe a que perdió tanto los apoyos internacionales como el respaldo de su propia población. Y, por supuesto, tampoco contaba con el apoyo del ejército. Esto explica, en parte, la facilidad con la que la oposición pudo avanzar hasta Damasco.
RFI: Lo que vemos hoy parece ser el resultado de un deterioro prolongado del ejército sirio, que terminó por no querer seguir luchando ni defendiendo a un presidente que parecía inamovible.
No solo dejaron de defenderlo, sino que también ordenaron a sus oficiales que no combatieran. En un hecho poco común, el Estado Mayor comunicó que el régimen de Bashar al-Assad había llegado a su fin. Incluso el primer ministro, designado por el propio Assad, fue el primer político en pedir a la oposición trabajar juntos para asegurar una transición pacífica. Esto demuestra que hubo un colapso interno que aceleró la caída del régimen de Assad.
RFI: ¿Eran los iraníes y los rusos clave para el ejército sirio?
Los rusos no podían garantizar la supervivencia de Assad sin respaldo interno. Al constatar que lo que quedaba del ejército sirio ya no quería luchar para proteger el régimen, Moscú no pudo seguir brindando cobertura aérea ni apoyo militar. Lo mismo ocurrió con los iraníes.
RFI: ¿Qué sabemos de las facciones rebeldes lideradas por el HTS que lograron imponerse tan rápidamente? Parece que son grupos muy diversos que se han unido para combatir.
Sí, y esta diversidad complica el panorama tras la caída del régimen. Se trata de una coalición de cinco grupos, todos de orientación islamista, que oscilan entre el salafismo y el yihadismo. Sin embargo, hay matices importantes. Abou Mohamed al-Jolani insiste en que esta coalición tiene un carácter más nacional que global. Su objetivo principal es la caída del régimen sirio, y no necesariamente una agenda islamista global.
Otro aspecto importante es que HTS, la organización más poderosa junto con el Ejército Libre Sirio, ha aprendido de sus alianzas pasadas con al-Qaeda y el Estado Islámico. Esto ha generado confianza en otros grupos del Ejército Libre Sirio, que han aceptado combatir bajo su liderazgo.
RFI: En un país con una diversidad de comunidades —suníes, alauitas, cristianos, kurdos—, ¿deberíamos temer tensiones entre estas minorías?
Sí, el desafío político será enorme. Será necesario tranquilizar a las comunidades chiita, alauita, cristiana y kurda, que requieren un enfoque político más que militar. Al-Jolani no tiene esa capacidad, por lo que será fundamental establecer un proceso de transición y trabajar hacia un gobierno inclusivo. Naciones Unidas hizo un llamado anoche para retomar la resolución que aboga por una nueva Constitución y elecciones libres en Siria.