Hace exactamente cinco años, China anunciaba en Wuhan la primera muerte relacionada con Covid-19, entonces un virus desconocido. No se menciona este aniversario en ningún lugar de China, pero en Wuhan, el estigma permanece.
Con nuestra enviada especial a Wuhan, Clea Broadhurst
Cerca de un viejo hospital improvisado en las afueras de la ciudad, todo está desierto… Los edificios han sido abandonados, tras vallas que los hacen inaccesibles. Tang, nuestro taxista, tiene un nudo en la garganta mientras relata cómo era la vida antes.
“En Wuhan, si una persona se infectaba, a menudo era toda la familia la afectada. Si alguien moría, solía desaparecer toda la familia. Luego, cuando veías las noticias en las redes sociales, todo se volvía más alarmante. Veías mensajes y oías el sonido de las sirenas de las ambulancias. A medida que pasaba el tiempo, el miedo empezaba a apoderarse de nosotros porque no podíamos salir, y esos tres meses fueron realmente duros de sobrellevar”, recuerda.
El mercado nunca volvió a abrir
Atrincherado con grandes carteles azules, el otrora famoso mercado de Wuhan nunca volvió a abrir. Como muchos otros negocios que sufrieron la pandemia sin poder volver a ponerse en pie.
“¿El dinero ganado durante diez años? Los últimos tres años lo han aniquilado todo. Esa es la realidad. Toda la economía de Wuhan se ha hundido… Yo ganaba 1.000 yuanes (136 dólares) al día, y ahora apenas 400 yuanes al día. Muchos negocios han quebrado. Muchas tiendas, sobre todo las de las esquinas, han cerrado todas”, se lamentaba un transeúnte.
Cinco años después, la amargura es palpable, pero ahora todos quieren seguir adelante. Dicen que por fin ha pasado agua bajo el puente.