«Eran los momentos del hipnotismo colectivo, salpicadas de promesas y anuncios de futuro luminoso, que le permitieron establecer un vinculo estrecho con la población, azuzar los odios de las clases y extender su poder». – Yoani Sánchez-.

En el pasado hubo un armazón electorero color purpura que vistió de corrupción e impunidad las instituciones del Estado. Ese mismo, que producto de la pugna interna que provocan las crisis democráticas cuando una institución se erige por encima de las normas establecidas para el control y sostenimiento de la democracia, hoy se tiñe también de verde con las mismas características genéticas y el mismo amor por el Presupuesto Nacional, pese a la petición del presidente, hay que mirarlo con detenimiento para no cometer los errores que nos sumieron en una de las peores crisis de la historia.

No mirar para atrás, bajo ningún concepto significa olvidar la depredación, el hurto y la dilapidación que de manera indiscriminada se manifestó en los sucesivos gobiernos en que el PLD, morado y verde, un órgano político-empresarial dirigido por un cenáculo cuyo único interés, fue atrofiar el destino de una nación inocente que por creer en promesas huecas, cayó en las garras de su victimario, seducido con estrategias de manipulación mediática, un clientelismo desbordante y un asistencialismo coaccionante, pagados con la sangre de la desnutrida respública.

Nos toca, para comprender la magnitud del daño que significó aquel desastre y que alteró la vida de todos a causa de la instauración de una cuasi dictadura, sostenida con recursos del erario,  evaluar los riesgos que significarían retroceder al pasado y, por consiguiente, evitar a toda costa que quienes hoy ofrecen recetas para la administración de las entidades estatales vuelvan a tocar nuestros chelitos, de los que se convirtieron en usufructuarios como si fueran herederos naturales del sudor de los dominicanos.

Si fuéramos a interpretar el llamado enfático y crítico de un líder que ha demostrado no tener más interés que el de gobernar esta nación apegado a principios éticos y transparentes, respetando la constitución y las leyes, sin inmiscuirse en asuntos de otros poderes, a los que les ha permitido actuar con la independencia que dicta el ordenamiento jurídico. Diríamos que no mirar hacia atrás, es darle la oportunidad de seguir enderezando los entuertos del “peledeísmo malo” y el “peor peledeísmo”; y desde el Ejecutivo, brindar soluciones a los grandes males heredados de unos alumnos que ponen en entredicho las ideas del profesor.

Naturalmente, un político con la reciedumbre moral y el firme compromiso de sacar adelante un país sumido en crisis, producto de la mala gestión del pasado, tiene la misión ineludible de predicar con el ejemplo para ser un ente modelo de las presentes y futuras generaciones, debe hacer todos sus esfuerzos para impedir que manos sin escrúpulos detengan el adecentamiento de las instituciones públicas y pedir, por el bien de esta tierra marchita por la corrupción, no mirar hacia atrás.

Miraremos, pero no volveremos hacia el desorden, el abuso de poder, a la coacción de la justicia, el deterioro del Ministerio Público, el abonando del campo, la sobrevaluación de las obras del Estado, la legalización de la impunidad, la inversión de valores, al clientelismo burdo, a las contrataciones amañadas. No regresaremos, porque hacerlo, constituye un elemento distorsionador, y, porque los agoreros de las desgracias y promotores de toda la perversión estatal pasada solo tienen la fórmula perfecta para seguir exprimiendo el patrimonio nacional.

No lo haremos, porque hace casi dos años juntos decidimos sacar la mugre de la casa de gobierno, «romper con el hipnotismo colectivo», apostar a la unificación de la sociedad, y reducir, con el voto de las mayorías, el inmenso poder con el que vulneraron toda norma existente. No retroceder, es el cierre de un ciclo funesto para el desarrollo de nuestro pueblo y el inicio de un cambio sistemático que culmine con la instauración del Estado de Bienestar, ausente por el manejo turbio que dieron el PLD, en sus dos versiones, a la economía dominicana.