La geopolítica, al igual que la política, no debe verse con pasión, sino bajo la lógica de los intereses que priman de las partes que están en disputa. Al inicio del conflicto en Ucrania, advertimos que el gran ganador de este sería China debido al rol que jugaría en la búsqueda de su resolución.

Con el transcurso del tiempo y las particularidades propias del conflicto, se han encargado de ir colocando cada cosa en su lugar. Hace unos días, el presidente chino, Xi Jinping, sostuvo un encuentro con su homólogo francés, Emmanuel Macron, y este último hizo hincapié en que la Unión Europea (UE) no debe depender de los Estados Unidos. Vale la pena resaltar que Francia, junto con Alemania, son el sostén político y económico de la unión y, por consiguiente, deciden el futuro de esa entidad.

De igual manera, al inicio de las hostilidades en Ucrania, señalamos que este conflicto tenía las características de un juego de suma cero, donde ningún bando obtendría una victoria clara en términos geopolíticos. Por un lado, tenemos a Rusia, que ha visto cómo sus falencias militares han quedado develadas por un adversario inferior en número y tecnología militar, y de paso, ha dejado muy mal parado al presidente Vladimir Putin en la escena internacional. La narrativa que Occidente ha logrado construir sobre su persona es la de un agresor inescrupuloso.

Por su parte, los Estados Unidos y Occidente han obtenido victorias significativas en la arena geopolítica en este conflicto, y no reconocer eso sería mezquino y vesánico. La OTAN ha recobrado notoriedad geopolítica desde el fin de la Guerra fría, Estados Unidos ha logrado que Europa sea más dependiente de sus dictámenes, pero en términos militares no habría una victoria clara de Occidente. Han fortalecido una alianza euroasiática entre China y Rusia que pone en peligro los intereses estadounidenses en esa zona de suma importancia geoestratégica. Así como también, no tendrían acceso al mar Negro a través de la península de Crimea, ni habría una garantía de la integridad territorial de lo que hoy conocemos como Ucrania, sino un territorio fragmentado, en un claro símil a lo que sucedió con la antigua República de Yugoslavia.

Un evento de cisne negro que ha venido a cambiar el curso del conflicto han sido las recientes filtraciones que involucran al Departamento de Defensa de los Estados Unidos, donde se pone en evidencia la supremacía de los intereses estadounidenses por encima del interés colectivo de sus aliados. Solo este hecho ha cambiado la duración de la guerra: de una carrera de resistencia para ahogar económicamente a Rusia a una carrera de 100 metros para evitar el descrédito total por parte de sus aliados occidentales, asiáticos y de Oriente Medio. Por tal razón, para el interés geoestratégico estadounidense en este instante es imperativo terminar este conflicto lo antes posible, para evitar la formación de un bloque oriental superpoderoso que diluya a su mínima expresión sus intereses en esa región del mundo. Sin embargo, el actor mejor posicionado en estos momentos para jugar ese rol es sin dudas China.

 

En definitiva, los Estados Unidos no puede darse el lujo de seguir profundizando y afianzando la alianza euroasiática entre China y Rusia. Porque eso contrapone la teoría geopolítica del Heartland, esbozada en un artículo titulado The Geographical Pivot of History, escrito por el geógrafo y político inglés, Halford John Mackinder en 1904. Dicha teoría establece lo siguiente: quien controla Europa del Este, controla el corazón terrestre o Heartland, y a su vez podría fácilmente ganar el control de la isla mundo (África y Eurasia). Por consiguiente, una alianza entre China y Rusia deja a los Estados Unidos fuera del control de la isla mundo de la que habla Mackinder, porque entre los dos hay una masa terrestre de 26,000,000 kilómetros cuadrados que le sería más fácil controlar el resto. Después de que se resuelva el conflicto, Estados Unidos tendrá que volver a los postulados de Henry Kissinger con relación a la relación China-Rusia, cuando, con su jugada estratégica de acercamiento, hizo una clara alusión a Nicolás Maquiavelo: divide y vencerás.