Lo de Donald Trump es de leyenda. Como presidente rompió todos los esquemas en el ejercicio del poder del ya decadente imperio norteamericano. Son tantos los excesos que, para solo mencionar una muestra, siendo presidente le fue suspendida de manera permanente su cuenta en twitter por el riesgo de mayor incitación a la violencia.

Trump no es el único jefe de Estado de EE. UU. que ha tenido problemas con la ley a lo largo de la historia. Muchos presidentes o vicepresidentes han estado envueltos en juicios políticos o se les relacionó con algún delito.

Andrew Johnson tuvo permanentes enfrentamientos con el congreso, siendo el primer presidente que enfrentó un juicio político, pero fue absuelto. Ulysses Grant fue multado porque estaba corriendo a exceso de velocidad en su coche de caballos. Richard Nixon tuvo que dimitir antes de que iniciara el juicio político, acusado de hacer que miembros del comité para su reelección irrumpieran en la sede del Partido Demócrata en las oficinas del complejo Watergate para instalar escuchas y robar documentos.

Bill Clinton, quien protagonizó el mayor escándalo sexual en la historia de la política estadounidense, fue absuelto por el Senado en el juicio político que se le siguió por perjurio y obstrucción a la justicia, después de que intentara encubrir su relación con la exbecaria de la Casa Blanca Mónica Lewinsky.

Pero, nadie se le para, ni cerca, a Trump. Ya ha pasado a la historia de EE. UU. como el primer expresidente en enfrentar acusaciones federales por al menos tres casos criminales, con posibilidad de penas severas de hasta 400 años de prisión y cuantiosas multas.

Primero, un gran jurado en Nueva York votó a favor de presentar cargos contra el exmandatario y actual precandidato presidencial en relación con el caso que investiga la fiscalía de Manhattan por el pago de 130,000 dólares que el entonces abogado de Trump, Michael Cohen, desembolsó para comprar el silencio de la actriz porno Stormy Daniels poco antes de las elecciones que en 2016 convertirían al magnate inmobiliario en presidente de Estados Unidos. En este se enfrenta a 34 cargos por delitos graves de falsificación de registros comerciales en primer grado. Cada uno de estos cargos conlleva una sentencia máxima de cuatro años de prisión, lo que sumados supondría unos 136 años para el expresidente.

También Donald Trump fue acusado formalmente de manipular documentos clasificados y de obstruir la justicia después de dejar la presidencia de Estados Unidos. Se le acusa de haber guardado documentos altamente confidenciales en su resort Mar-a-Lago. Aquí se enfrenta a una acusación de 31 cargos por violar la Ley de Espionaje, que conlleva penas de prisión de hasta 10 años y otros cargos de hasta 20 años.

Trump también ha sido imputado en un tercer caso penal. Ya fue acusado por un gran jurado de 4 cargos por intentar anular su derrota en las elecciones de noviembre de 2020. Sumados son, al menos, 69 cargos los que  enfrenta Donald Trump.

Increíblemente, a pesar de tener tres causas penales graves abiertas, unos 69 cargos y de que se puede enfrentar a penas de hasta cuatrocientos años de prisión en total, Trump sigue como un caballo desbocado en su plan de regresar a la Casa Blanca. Lo grande es que nada legalmente lo impide y mucha gente lo apoya.

El artículo II de la Constitución de Estados Unidos establece los requisitos para ser presidente del país, entre los que figura haber nacido allí, tener al menos 35 años de edad y haber vivido en el territorio estadounidense un mínimo de 14 años. Por su parte, la vigesimosegunda enmienda limita el máximo de mandatos presidenciales a dos; pero en ella no aparece ninguna prohibición o indicación relacionada con un presidente acusado o incluso condenado por haber cometido algún delito. La única excepción es el delito de insurrección, que no está entre los cargos que pesan sobre Trump.

Conociendo a Trump, si por cosas de la historia fuera condenado y aún así ganara las elecciones, no creo que dudemos que se indultaría a sí mismo, cosa que quedaría por resolver en manos de la Corte Suprema de los Estados Unidos.

Lo grande del caso es que, a pesar de todas estas causas abiertas,  por supuestamente silenciar a una mujer con la que había tenido relaciones, presunción de manipulación de documentos confidenciales y por una conjetura de intentar revertir los resultados de las elecciones de 2020,  Trump figura como favorito en las encuestas para ser el candidato del Partido Republicano.

Fueron los excesos y las tropelías a las que conduce la intensidad y densidad de un poder ilimitado que dieron lugar en el siglo XVIII a la Revolución Francesa, poniéndole fin al feudalismo y al absolutismo y dando nacimiento a la burguesía, que muchas veces apoyada por el pueblo, pasó a ser la clase política gobernante. Fue la opresión que dio lugar también a la independencia de los Estados Unidos y con ello inicia una nueva estirpe, una forma de convivencia política basada en el reconocimiento de derechos personales inalienables, en la soberanía popular y en la organización del Estado en poderes separados, ejercidos según la Constitución y las leyes.

Se trata, pues, de una organización jurídica política que, a finales del siglo XX es considerada, por los derechos y libertades que la sustentan, un valor universal.

Lo que está ocurriendo en la antesala de las elecciones primarias del Partido Republicano y de las próximas elecciones de los Estados Unidos es el reflejo de como una nación tomada como ejemplo de la más grande democracia viene torciendo su curso y diluyendo su fortaleza institucional al abrigo de un hombre que no cree en las instituciones; sino en el desbordamiento del poder para fines personales y grupales.

¿Pasará Trump a la historia, como el primer expresidente de los Estados Unidos a quien se le conoce juicio por varias causas penales? ¿o será Trump el primero en ser condenado siendo precandidato o candidato presidencial? ¿o será el primer presidente en ejercicio en ser condenado penalmente? ¿o sería Trump el primer presidente norteamericano en ejercer el cargo a pesar de la condena?

No me caben dudas de que a Trump no le importa romper todos los récords? ¿Lo permitirá la Corte Suprema de los Estados Unidos? ¿Qué dirá el pueblo americano? Si nadie lo detiene, no caben dudas de que, por esta y por otras razones, estamos presenciando el fin del poder de la última gran potencia del mundo.