Con motivo del novenario, transcribo las reflexiones de Ylonka Nacidit-Perdomo en torno a la persona de Orlando Jorge Mera, desde el espectro académico y socio-profesional.

Apreciado Julio,

Tú me has pedido que te interprete, desde mi modo de ver, cómo se construye, en principio, una admiración, respeto y consideración hacia una persona. Y, en este caso, se trata de esos puentes que se abren, intuitivamente, entre un maestro y su discípulo.

Te explicaba que uno encuentra en la vida —en este caso en el aula universitaria— el laboratorio… el primer laboratorio donde se ponen en confrontación las ideas y se va desarrollando la opinión per se, que es la que te da la grandeza de tú saber cuál es tu identidad, desde el humanismo y la ideología, para desarrollar aquello que uno puede llamar «vida público-profesional».

Siempre, en la vida, Julio, uno encuentra personas inspiradoras. Personas que son afables con uno… y esa afabilidad se concibe —desde distintos puntos de vista— sobre temas que se ponen sobre la mesa.

Te hice la anécdota del escritor francés Albert Camus… existencialista. Cuando le otorgan el Nobel de Literatura, él inmediatamente le escribe una carta a quien fuera su profesor al inicio de la secundaria, dándole las gracias, porque fue él quien descubrió que Camus podía, en palabras, plasmar su pensamiento y desarrollar sus ideas.

Ese es el paralelismo que te puedo ofrecer para descodificarte cómo esa materia, impartida por tu profesor Orlando Jorge Mera, Derecho de Prensa, fue el inicio de tus horizontes. No solo para tú ser comunicador o periodista, sino para ser un ente catalizador, que va… no creando un imaginario, sino un sistema propio de expresión.

El sistema tuyo, de expresión, es muy «ecléctico», porque tu mente… tu pensamiento… va a una velocidad extraordinaria. Tú te mantienes constantemente informado y al día. Estás en conexión con este siglo, que es el siglo que más rápido ha ido en cuanto al espíritu, colocándose en confrontación con el mundo, la naturaleza; en el ahora, que es el presente, y el después, que es el futuro.

Sí. Es así.

Creo que tu maestro… tu profesor de Derecho de Prensa… tenía —como te expresé— una particularidad excepcional: su don de gentes, acompañado de ecuanimidad y de poder transmitir, sin egoísmo ni banalidades… ni afán de reconocimiento… todo el cúmulo de formación que él había logrado a través de las lecturas, del compartir con los demás y de sus experiencias vividas en el plano académico, en el plano humano, en el plano político.

Te repito lo que te dije esta mañana:

La situación que tenemos, en este país, es… que hace falta humanistas. Al ya no cursarse carreras vinculadas a las humanidades, el espíritu… nuestro espíritu… ha mutado.

Ya la pus es demasiada. Los seres humanos no quieren volver a mirarse hacia adentro. No importa el entorno donde uno viva, crezca y se desarrolle… ni los bienes materiales que se puedan acumular… solamente se detiene esta mutación si volvemos a mirarnos hacia adentro.

Mirando hacia adentro es cuidar lo que tenemos: esta gracia excepcional de estar en esta naturaleza… que la imperfección nuestra hace que no valoremos.

Y… es así.

Lo que hay que cuidar es el planeta y la naturaleza. Cada día —vemos— se sigue destruyendo el planeta y la naturaleza.

Con esta muerte a destiempo de Orlando Jorge Mera la naturaleza pierde. Pero, la naturaleza vuelve a tomar, para sí, esa persona… Ese cuerpo inerte… vuelve a transmutarlo y convertirlo en energía.

Espero que estas palabras mías, puedan servirte de guía para el programa que vas a desarrollar… y puedas exponer… que sí. Que, quizás, Orlando Jorge Mera es el ciudadanoque se ha inmolado, quizás… sin él darse cuenta, por su ética… su ética pública, de funcionario, y su ética de ser humano.

No importan los otros bemoles de su vida o lo que se pueda llamar «defecto». Dicen… que lo importante es cómo tú terminas y él terminó con lo que se llama «el deber cumplido».

Hasta pronto.

FUENTE DE LA NOTA DE VOZ

Nacidit-Perdomo, Ylonka. (WhatsApp). Miércoles 8 de junio de 2022, 9:32 p. m.